viernes, 2 de diciembre de 2016

Noches de Poder. Capítulo 17. Sábado, 12:00h


Almudena Palacios estaba en su habitación, que no se diferenciaba en nada a las otras en las que se estaba cociendo el resultado de ese congreso. Solamente en la atmósfera impregnada del humo de su tabaco negro, y en la composición del cuadro de personas que allí aguardaban a que la extremeña comenzase a hablar. No eran muchos. Almudena estaba acompañada por su segundo, Guillermo Santacruz. Era un hombre joven, no superaba los cuarenta, que había hecho carrera desde las juventudes del partido, aunque hasta hace bien poco había mantenido su trabajo fuera de la organización. Era algo atípico, ya que la inmensa mayoría de los que mandaban algo tenían su vida laboral inmaculada más allá de los sueldos públicos. Junto a ellos, los Primeros Secretarios de Valencia, Castilla la Mancha y Baleares. Si se sumaban a su causa, Almudena lograría el apoyo explícito de 315 delegados. Le habría asestado un golpe terrible a Armenta y su marioneta vasca, y dejado a Tomás todavía con la vida suficiente para poder pactar con ella y ganar el congreso. A pesar de todo, sabía que la situación se convertiría en surrealista, porque ninguno de los tres candidatos tenía una mayoría clara y los acuerdos eran de ida y vuelta. Tomás bien podría pactar con el andaluz y dejarle a ella con cara de tonta. Necesitaba amarrar a las delegaciones que tenía delante, y durante la noche seguir creciendo poco a poco para que nadie pudiese discutir que era el momento de poner a una mujer al mando de la nave. Que ya tocaba, y que ella era la más indicada. Tenía claro que si los primeros secretarios que había en la habitación habían acudido a su discreta llamada, era porque estaban dispuestos a cambiar de bando. Solo faltaba cerrarlo.



- Os doy las gracias por haber venido tan rápido y en estas circunstancias. Sé que no es fácil para vosotros caminar por los pasillos sin llamar la atención, pero creo que todos aquí somos conscientes de la gravedad de la situación. Tomás Romero, al que aprecio, no ha sabido aglutinar una mayoría suficiente para que este congreso fuese el de la unidad, y por ello nos vemos en esta encrucijada. Me preocupa mucho, por si lo anterior no fuese suficientemente importante, que alguien de su confianza como Martín haya decidido abandonarlo precisamente aquí. A pesar de todo, quiero ser sincera: Tomás me sigue pareciendo el mejor candidato a Primer Secretario. Eso no me impide decir que ahora mismo hace falta una tercera vía, y yo voy a encabezarla. Dentro de una hora acudiré a la sala de prensa para comunicarlo a todos los delegados y a la sociedad. Creo que ha llegado el momento de cambiar de verdad. Hace ocho años, con la ayuda de alguno de los que tengo delante, conseguimos que este partido fuese un ejemplo de democracia interna logrando el voto secreto para elegir a nuestro máximo líder. Este congreso debe dar otro golpe en la mesa parecido a aquél. No solo debemos salir fuertes, sino también renovados de verdad. Necesitamos algo que descoloque a nuestro enemigo político, y una mujer candidata a la presidencia del gobierno con verdaderas opciones de ganar es algo inédito en nuestro país. Siempre nos hemos distinguido por ser el partido que hace avanzar a España. Pues volvamos a hacerlo. Quiero vuestro apoyo, hoy, y en la campaña electoral que nos devolverá La Moncloa.



Esa última frase en las palabras de Almudena era de una importancia capital. Porque les estaba diciendo a sus interlocutores que, si ganaba la votación del domingo, ellos estarían a su lado en el camino y en el hipotético gobierno que se formase tras su victoria electoral. Ninguno de los primeros secretarios que escuchaban atentamente gobernaba en su comunidad autónoma. El desastre en todas las elecciones anteriores había sido de proporciones bíblicas. Todos ellos sabían que lo tenían muy complicado para volver al poder en sus territorios, pero la opción de Almudena como presidenta del gobierno sí tenía una oportunidad real de triunfar. Lo que ella les estaba diciendo entre líneas era la definición de un lugar en la historia: un ministerio. La extremeña había decidido sacar la artillería e iniciar el mercado en el que iba a convertirse el congreso antes que nadie. Ofrecía cargos no solo en la ejecutiva del partido, sino en el gobierno que ella encabezaría. Era una apuesta fuerte y para muchos sería incluso algo impropio de ella, pero llegados a este punto no iba a andarse con paños calientes, sobre todo con Armenta a punto de iniciar unas hostilidades sin precedentes.


Los llamados barones que atendían a la extremeña no tardaron en ofrecerle su apoyo, aunque como ninguno había llegado ayer a la política se aseguraron las espaldas ante un eventual acuerdo. Le concederían sus delegados para que esa noche pudiese jugar su partida, pero si llegaba a un pacto con cualquiera de los otros dos contrincantes en liza, ellos deberían poder colocar a personas de su confianza en la dirección resultante. Llegados a estas alturas, nadie quería quedarse con el culo al aire y salir de allí derrotado. Luego habría que dar cuentas en el territorio, y la prensa local también pasaría revista a lo conseguido en Madrid. Con el partido contrario mandando en sus comunidades autónomas, la presión que sus dirigentes ejercerían sobre los periodistas para magnificar cualquier mala gestión en la que pudiesen incurrir en las horas que quedaban de congreso sería brutal, y lo que menos necesitaban era darles la coartada perfecta. Con esos mimbres, Almudena Palacios dio la orden de convocar a los medios de comunicación en la sala de prensa para las dos y media de la tarde. Era una buena hora, porque sus declaraciones llegarían a tiempo para los informativos de la mayoría de cadenas de televisión, y comenzaría de esa manera la presión social que necesitaba para afianzar su discurso y convencer a los indecisos, y a los que ahora formaban parte de otros bandos. Era ahora, sí, oficialmente candidata a Primera Secretaria del partido, y el cargo, en su caso, tenía más sentido que nunca. Sería la primera mujer en lograrlo, y eso también le venía como anillo al dedo. El lobby feminista del partido, transversal a la división en delegaciones, iba a ser otra importante baza para ella. Podría conseguir votos de mujeres encuadradas incluso en las delegaciones de Romero, Ibarra o Armenta. Sería incongruente que tras años pidiendo una mujer al frente de la organización, ahora se rindiesen a las cuentas de la vieja que durante décadas se venían haciendo en estos congresos solamente sustentadas en el peso territorial de cada federación autonómica. Eso se acabó.



 Continuará...







domingo, 27 de noviembre de 2016

Noches de Poder. Capítulo 16. Sábado, 11:00h

El Canal 24 Horas de noticias de Televisión Española iba a comenzar sus conexiones en directo desde el hotel. Tomás Romero se había adelantado a todos al convocar a los medios de comunicación para una rueda de prensa. Entre sus asesores se encontraba Fernando Salán, que formaba parte de la delegación de Castilla y León, concretamente de Palencia. Periodista con media vida en la comunicación de grandes empresas, había tomado las riendas esa mañana a primera hora para, en primer lugar, mantener hilo directo con los principales redactores desplazados hasta el hotel, y también con sus jefes en las plantas nobles de los periódicos. Quería saber si les venía algún ataque sucio de sus contrincantes, y de paso obtener información sobre apoyos y desencuentros. Incluso podría encontrarse con alguna deserción en su propio bando que había sido filtrada a la prensa local. Había que estar atentos en todos los frentes. La organización del congreso había preparado una sala de prensa con más de cien puestos para que los profesionales de la información los ocupasen con todo tipo de aparatos electrónicos conectados a Internet. Sus cuentas de Twitter ya echaban humo desde primera hora de la mañana, cuando se conoció la segunda candidatura encabezada por Ibarra, y el rumor - porque eso era hasta el momento - de una tercera había generado en los periodistas algo parecido a lo que la sangre provoca en un vampiro desnutrido y sediento. Un atril con la imagen y el lema del congreso, del que salían dos finos y modernos micrófonos para que el sonido pudiese recogerse en cada uno de los puestos de los periodistas y en las tomas para las cámaras al final de la sala, era todo a lo que se agarraba Tomás en ese momento. Iluminado por focos de luz fría para evitar el sudor, su silueta se recortaba sobre el fondo rojo y blanco en las pantallas de plasma repartidas por la sala de prensa, y también por el vestíbulo del hotel, donde se arremolinaban muchos delegados esperando escuchar las últimas noticias de boca de uno de los principales actores de aquella tragedia. Ibarra, Armenta y Martín estaban en la habitación, sentados en las camas frente al televisor. Nadie había visto a Almudena Palacios en toda la mañana.


- Quiero agradecerles a todos su presencia en el congreso de nuestro partido. - Tomás comenzó su alocución mirando a los periodistas, y no a las cámaras. Así era del gusto de Salán, el experto en comunicación, aunque otros tenían la teoría contraria para que el mensaje ganase efectividad. - Estamos ante un momento histórico para esta formación política, y más de mil personas trabajan durante este fin de semana para que recuperemos la confianza de los ciudadanos y podamos gobernar el país desde los valores de la solidaridad y la igualdad. El gobierno actual solo ha hecho crecer los grandes patrimonios de los que ya eran muy ricos, pero nada ha querido saber de aquellos que están sometidos al yugo del paro o la precariedad laboral. Ese futuro incierto que millones de españoles se ven obligados a sufrir es el que queremos cambiar. Porque con este gobierno sí hay algo cierto. La seguridad de un futuro peor es algo que está garantizado, y no vamos a permitirlo.


Martín se dio cuenta enseguida de la estrategia de Tomás, y así se lo comentó a sus compañeros de habitación. Se estaba presentando como un candidato electo. No era un aspirante a Primer Secretario. Era el candidato a presidente del gobierno. De esta manera, todo el que escuchaba su discurso tendía a pensar de forma automática en esa imagen, como si no hiciese falta votar al día siguiente. Además, esta táctica, unida a que se les había adelantado al comparecer, haría que los siguientes en someterse al escrutinio de los medios apareciesen como opositores, y no como legítimos dueños de una mayoría sólida en esos momentos. La jugada, al menos en lo mediático, le estaba saliendo bien a Tomás, y Armenta estaba bastante incómodo. Había llamado a su director de comunicación en la Junta de Andalucía, que también andaba por el congreso, para decirle a gritos que era algo impresentable que se les hubiesen adelantado de esa manera. Para ser exactos, le dijo a su subordinado que Romero “les había robado la cartera”.


- Sr. Romero, desde hace unas horas su candidatura ya no es la única, y este periódico ha adelantado que incluso podrían ser tres en estos momentos las personas que luchasen por el puesto de Primer Secretario. Además, esta usted en minoría según todas las fuentes consultadas, y la candidatura que más apoyos aglutina es la de Gorka Ibarra. ¿Va a retirarse de la carrera y asumir que no cuenta con suficientes voto


Le había dado a Ana Márquez la oportunidad de preguntar la primera con un leve gesto de su mano cuando termino de hablar, y fiel a su estilo nadie pensaría que pocas horas antes le había concedido, precisamente ella, la oportunidad de seguir en esa carrera por el poder.


- Creo que debería consultar mejor sus fuentes, sobre todo en lo que se refiere a los apoyos de unos y otros. Si no me sintiese respaldado, si llegado el momento tuviese la certeza de que la mayoría de los delegados aquí presentes no apoyan mi candidatura a Primer Secretario, sería el primero en dejar paso y apoyar a quien ostentase ese aliento de las bases de nuestro partido, tan necesario para poder volver a gobernar para todos los ciudadanos y no solo para unos pocos.

- Pero es consciente de que, más allá del recuento que ahora hagamos, tiene una fuerte oposición. - Márquez no quería soltar el protagonismo, consciente de que la televisión emitía en directo y había mucha gente pendiente de lo que allí se decía.

- Si no lo fuese sería un temerario. Precisamente por eso he querido comparecer esta mañana, y hacer saber a la opinión pública lo que ya he comunicado a los que legítimamente plantean una alternativa a la candidatura que encabezo. Mi mano está tendida para integrar y salir de este congreso más unidos que nunca, sabiendo que nuestro enemigo no se encuentra en este hotel, sino en las políticas que el gobierno realiza y que generan tanta pobreza y desigualdad en nuestro país. No debemos perder más tiempo del necesario en cuestiones sobre el liderazgo, porque lo que nos une ideológicamente debe estar por encima de las personas. Por ello estoy dispuesto a sentarme de inmediato para lograr una única candidatura en la que todas las sensibilidades que están aquí representadas se sientan identificadas.


Mientras, unos pisos más arriba…


- Qué hijo de puta. - Exclamó Gorka Ibarra tendido por completo en la cama. - Se acaba de poner en el centro de la pista dirigiendo el circo, y encima se permite decir que tiende la mano, cuando está más muerto que vivo. Ni se le ha movido un músculo de la cara cuando ha dicho que nos había ofrecido dialogar, la hostia…

- Ya, pero nos está poniendo en una posición comprometida. - Contestó Martín. - Vamos a tener que salir en breve para contrarrestar todo esto, o pareceremos unos conspiradores romanos que solo quieren apropiarse del poder a toda costa. Joder, qué más da que mienta o no sobre el ofrecimiento para negociar un acuerdo. Memoriza todo lo que está diciendo, Gorka, porque vas a tener que repetirlo casi de forma exacta dentro de un rato. En esta batalla solo podemos aspirar a unas tablas, y con suerte, si queremos vencer en la guerra. No ganaremos nada proclamando a los cuatro vientos que tenemos la mayoría, porque eso ahora mismo solo vale para el consumo interno. Hay que mostrarse igual de conciliadores, y cimentar nuestra alternativa precisamente en la base de su discurso. Crees que tú y el equipo con el que cuentas sois los más preparados para llevar al partido de nuevo al gobierno, y estás dispuesto a mejorar ese capital humano con la integración de gente como el propio Tomás y bla bla bla... Si él no lo dice ahora, quizá debamos ponerle en situación de contestar a la prensa si le ofrecemos ser tu segundo. Secretario de Organización, por ejemplo. Tendría que explicar por qué no accede si eso supone llegar a una candidatura de consenso.


Armenta, que no dejaba de mirar a la televisión, asentía con cautela a las palabras de Martín. La rueda de prensa iba terminando, con preguntas que permitían a Tomás repetir su discurso una y otra vez. Ni una mala palabra para ellos, diálogo y unidad para vencer a los actuales gobernantes. Impecable. El burgalés no se bajaba de la burra, y pensaba luchar hasta la última noche. Era algo previsible, pero la introducción en la ecuación de la variable extremeña había dejado a Armenta con muchas dudas sobre la idoneidad de su apuesta. Puede que hubiese que cambiar de caballo a mitad del río, aunque no fuese algo recomendable desde la estrategia política. Lo pensaría más adelante. Dejaría pasar la tarde, sobre todo para poder escuchar a Almudena. Lo primero ahora era enviar a Gorka Ibarra a esa sala de prensa para que se dejase ver y le diese a su candidatura una marca de oficialidad, que era lo que acababa de hacer su competencia. Tomás estaba consiguiendo demasiado oxígeno entre las jugadas propias y los acontecimientos propiciados por terceros, y si no cambiaban esa tendencia podían verse en una posición comprometida dentro de pocas horas.

Continuará...



Noches de Poder. Capítulo 15. Sábado, 10:00h


Armenta, Gorka y Martín estaban en la habitación del primero, unas plantas más arriba en la misma vertical del restaurante del hotel. Martín acababa de leer la edición digital de El País en un ordenador portátil, y ahora lo hacía Gorka en voz alta, poniendo especial énfasis en la cuestión de la tercera vía. Armenta sonreía como lo hacen los malos de las películas de James Bond, y Martín miraba hacia la ventana. No había dejado de llover desde que llegaron, el día anterior. Para Martín, que ya se había recompuesto de su conversación con Tomás, estaba siendo una mañana dura y extraña. No tenía costumbre de conspirar sin su compañero de tantos años, y mucho menos contra él. Sabía que Tomás se había tirado un farol con todo lo que le dijo en la cafetería, y no hubiese sido difícil para él disimular como tantas otras veces. Tomás acertaba, sí, pero eso no era suficiente para bloquearle. Confesó con su silencio porque no hubiese podido encontrar palabras para justificar su traición. Lo había hecho, y no se arrepentía. Tendría su premio. Uno que jamás le hubiese llegado al lado de Tomás. Otra cosa era decirle a la cara a un amigo, casi un hermano, lo que habías hecho. Mejor así. Acababan de recibir un mensaje de Granda cancelando la reunión prevista. Ibarra había maldecido que le llegase a Armenta. Justo lo que intentaba Granda con ese ligero detalle.

- Martín, amigo ¿Qué te parece esto de la tía que quiere ser la salvadora del partido? - Le espetó Armenta, sacándolo de sus reflexiones.

- Es Almudena Palacios.

- Dime algo que no sepa, que buena fama tienes de controlar de estas cosas, al menos cuando trabajabas para tu amigo Tomás...

- ¿Quieres saber mi opinión? Pues opino que estamos jodidos. - Sentenció Martín.


Martín desgranó en al menos veinte minutos los contratiempos que suponía la presentación de una tercera candidatura en ese momento. En primer lugar, no quiso descartar que fuese una jugada de Tomás, sacando una cara nueva al ruedo con la esperanza de que muchos delegados suyos se marchasen con la tercera opción. Eso les restaría apoyos, no le daría la victoria a Almudena Palacios, pero podría dársela a Tomás si la opción de la extremeña era lo suficientemente sólida como para que ella asegurase unos buenos puestos en la nueva dirección a todos aquellos cabeza de delegación que le acompañasen en lo que parecía una aventura personal, pero en realidad era una jugada maestra de sus contrarios. Sin descartarlo, Martín se inclinaba por un ataque en toda regla y en un contexto muy peligroso. Almudena había visto el hueco, e iba a aprovecharlo. Coincidía, y era normal, con el breve análisis que Tomás había hecho casi a la vez en la primera planta delante de sus huevos revueltos. Tenía muchas cosas a su favor, parecería la mujer que busca el consenso entre dos hombres que van a sacarse los ojos por llegar al poder. Había sido la delegada que propuso el voto secreto, propiciando una verdadera revolución en la democracia interna del partido, y eso era algo que la prensa siempre había recordado. Los periodistas la adoraban, porque necesitan ese tipo de héroes, o que al menos lo parezcan, para poder escribir bellos artículos de opinión en las páginas centrales cantando las alabanzas de las nuevas formas de hacer política. Como si Almudena Palacios fuese la renovación hecha carne. Con la prensa a izquierda y derecha de su parte, muchos podrían, por ejemplo los catalanes, apoyar esa candidatura aunque no fuese su estilo. Para ellos también tenía muchas ventajas ¿La delegación catalana apoyando a una extremeña para el cargo de Primer Secretaria? Sonaba bien para contener la acusación que siempre se les hacía. Eso de pasar de todo hasta el último minuto y apoyar al candidato ganador, siempre. Y en la geopolítica española, era un titular que seguro estaban ávidos de encontrar. Luego hablarían de la responsabilidad que habían ejercido, y serían otros que saldrían a hombros del congreso. Las opciones de llevar a Gorka Ibarra a lo más alto se habían complicado mucho, pero no todo estaba perdido. En primer lugar, Martín les dijo que debían enviar a sus hombres de confianza a sujetar por el cuello a todas las delegaciones que les apoyaban. Nadie debía moverse hasta la próxima noche. La situación tenía que mantenerse tranquila, al menos hasta poder averiguar cuánto apoyo tenía Almudena. Durante la madrugada, ya vendría la hora de la verdad, y en eso eran imbatibles. Mientras decía esto, pensaba en lo rápido que cambian las cosas en la política y en estas reuniones. Anoche, era Tomás el que se encontraba en la situación que ahora ellos afrontaban. Tratando de contener una sangría de votos y averiguando hasta dónde llegaba el problema. Ahora tocaba adoptar, al menos de momento, una posición defensiva. Martín, que por algo se había ganado su fama, pensaba más largo. Si Tomás estaba en esta misma estrategia defensiva y la salida a la palestra de Almudena no era cosa suya, con los dos sectores más fuertes dedicándose a contener daños la situación se ponía muy de cara para la estrella emergente. Pero no les quedaba otra. Por primera vez desde había meses, pensó en la posibilidad de perder el congreso.

Continuará... 




viernes, 18 de noviembre de 2016

Noches de poder. Capítulo 14. "De dominio público"


Ana Márquez, MADRID.- El congreso del principal partido de la oposición, del que millones de simpatizantes esperan salga el nuevo líder que les guíe a la victoria electoral, se convirtió anoche en una cruenta batalla por el poder con impredecible resultado. Tomás Romero del Amo, el candidato a Primer Secretario que llegaba al cónclave con los apoyos necesarios para suceder al ex presidente José Francisco Outeda, vio desvanecerse su mayoría por un golpe de mano comandando por el vasco Gorka Ibarra - que opta al puesto -, apoyado desde la todopoderosa delegación andaluza. El máximo dirigente de la formación política en esa comunidad y Presidente de la Junta, Daniel Armenta, es ahora mismo el principal soporte de lo que algunos fieles a Romero califican de "traición", y otros, decantados por el nuevo candidato, como "reconfiguración de mayorías". Durante toda la noche se han sucedido las reuniones en el hotel en el que se celebra el congreso, y con las primeras luces del día ya puede sacarse una conclusión: Tomás Romero sigue vivo, políticamente hablando, ya que ha logrado retener de su lado a un buen número de delegaciones que, pese a su pequeño tamaño una por una, aglutinan un número suficiente como para evitar la victoria, de momento, de Ibarra. Si bien este último tiene una ventaja muy clara - si se votase ahora el resultado sería de 500 - 300 a favor del vasco -, el silencio de Cataluña y la posibilidad de que existan divisiones en Madrid, e incluso en Andalucía, confieren a lo que queda de congreso un tono casi dramático. Un líder histórico del partido que prefiere no dar su nombre afirmó que Tomás Romero "debería retirarse porque es evidente que no tiene los votos necesarios para ganar". A pesar de la realidad de los números, lo cierto es que en el bando del líder vasco existe cierta decepción. Los "fontaneros" que han trabajado su candidatura esperaban que las delegaciones menos numerosas no aguantasen ni la primera noche, y así dar por finiquitado el proceso sin provocar un excesivo ruido mediático. "Han actuado con prepotencia, pensando que todo el mundo hincaría la rodilla y, sobre todo, infravalorando la capacidad de Romero para encajar el primer golpe y levantarse de la lona", declara desde la sala de prensa del congreso Luis Díez, un histórico corresponsal parlamentario que ya ha visto antes estas luchas internas. Díez está seguro de que Romero "no pasará de esta noche, y a primera hora del domingo Gorka Ibarra será proclamado Primer Secretario con una amplia mayoría". Para muchos analistas políticos está es la solución más probable, y achacan la resistencia del que se antoja como bando perdedor a la necesidad de lograr, al menos, ser integrados con unos puestos aceptables en la nueva dirección política que saldrá elegida del máximo órgano de decisión del partido. Por si no fuera poco, fuentes conocedoras del proceso han confirmado a este periódico que podría haber una tercera vía, que integrase partidarios de ambos bandos enfrentados y apostase por ser la candidatura de consenso. Se conocen pocos detalles sobre este nuevo episodio en el culebrón congresual, pero uno de ellos es que una mujer estaría al frente.





Tomás, que desayunaba en un reservado del restaurante del hotel junto a Granda, leía esa última frase del artículo de Márquez una y otra vez. Acababa de publicarse en la edición digital de El País y uno de los delegados se lo había traído impreso desde la oficina técnica del congreso. Estaban delante de zumos de naranja, tostadas y huevos revueltos, mientras los cientos de delegados, la infantería, acudía a las comisiones de trabajo para debatir sobre cuestiones ideológicas y dar forma a los documentos finales con las resoluciones. Esas que nadie volvería a mirar hasta la siguiente cita. Montañas de papeles que servían para mantener distraídos a todos del verdadero objetivo. Y entretenidos. Como la cosa no estaba suficientemente enredada, ahora venía la Márquez y se ponía mística. Tomás le daba vueltas y vueltas en su cabeza, mientras Granda comía como si en unas horas fuese a acabarse la civilización. Además, hacia un ruido terrible al masticar, y eso estaba poniendo más nervioso a Tomás.



- ¿Podrías cerrar la boca mientras comes? Te estoy escuchando hacer la digestión...



- ¿Qué te pasa? ¿Has pasado mala noche? - Replicó Granda con sorna, y con la boca llena.



- Perdona, es esto que ha escrito la Márquez en el periódico. Habla de una mujer al frente de una tercera vía. Parece que se ha abierto la veda. - Tomás no quiso decirle a Granda que, además, Ana Márquez habló con él, le concedió el tiempo prometido, pero al parecer no le contó todo lo que sabía. Supuso que entraba dentro del oficio de periodista no entregarse. Al menos no del todo.



- Es Almudena, la extremeña. No tengas ninguna duda.



- Aunque me cueste creerlo, estoy de acuerdo contigo. Almudena sabe que ninguna mujer ha dirigido este partido en toda su historia, y que tampoco jamás una mujer ha sido candidata a presidenta del gobierno de un partido con opciones de victoria. No se hubiese levantado contra mí, pero la asonada de Gorka y Armenta se lo ha puesto a huevo. No quiso presentarse a las elecciones en Extremadura, pero ganamos allí gracias a ella y Fernando Calderón, el presidente, es un títere en sus manos. Ahora, con el congreso patas arriba, arrastrará con ella a muchas mujeres y delegaciones que verán con buenos ojos ese paso adelante progresista de intentar llevar a una mujer a La Moncloa. Y no solo eso. Si lo filtra en un par de horas para que salga en los periódicos digitales, todos los tertulianos y periodistas de izquierdas de este país, y las redes sociales, correrán a ponerse de su lado al grito de "¡Es el momento!" Estamos jodidos.



- Muy jodidos. - Contestó Granda.



- ¿No dices nada más?



- No. Tu razonamiento es impecable. Incluso a mí me dan ganas de sumarme a sus adeptos. Come algo, y vamos a verla. Esto se pone cada vez más interesante, y te diré una cosa, ahora en serio: antes de perder un congreso con Armenta, votaré como Primer Secretario al cura de mi pueblo si hace falta.



- Por ahora tendremos que aplazar la reunión con Outeda. No vamos a decidir nada, y menos con lo que puede ser esta nueva situación.



Granda se encargó de enviar un mensaje al ex presidente para cancelar la reunión que habían concertado con el bando contrario la noche anterior, y también de hacer lo propio con Armenta y compañía. Le mandó el mensaje al andaluz, para seguir afeando la conducta de Ibarra negándole la capacidad de interlocución. Venían a decirle que sabían que Armenta era el que mandada, y que él era un pelele. Ganarían o perderían esa noche, pero estos pequeños gustos ya no se los quitaba nadie. 


Continuará...



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Donald Trump: ¿Populismo o cambio profundo en la Comunicación?

Están ocurriendo muchas cosas en el mundo, y la primera consecuencia es que muchos han quedado inhabilitados para interpretarlas. Los ciudadanos llevan enviando mensajes claros a través de las urnas desde hace años, pero casi nadie se ha querido parar a reflexionar sobre ellos, en la ilusión onírica de que son cosas que se curan con el tiempo. Como el viejo axioma de que la militancia en la izquierda se cura con la edad. Pues hoy el mundo amanece con Donald Trump como presidente electo de los Estados Unidos de América, como hace bien poco el Reino Unido amaneció fuera de la Unión Europea. Horas antes millones de personas, políticos, asesores políticos y demás cabezas pensantes se iban a la cama con tranquilidad. El sonido del despertador fue el atronador estruendo de la realidad. Trump ttiene una ventaja: dice cosas que se entienden rápidamente. Incluso su inglés es perfecto para los que no lo hablamos con fluidez. Si necesitas más de un minuto para explicar una cosa, dale una vuelta. A Trump le sobran cincuenta segundos. Definimos esta forma de construir los mensajes, la comunicación, como "populista", pero debemos comenzar a pensar si los mensajes y las teorías de la comunicación que nos han llevado hasta aquí comienzan a estar obsoletas. Quizá los ciudadanos hayan comenzado a desconfiar de elaborados discursos que se parecen más al marketing y a una política de ventas. Vender al candidato y a las políticas. Trump se ha preocupado más de convencer, apuntando con un discurso básico a los problemas de millones de ciudadanos de su país. Clinton tenía de su lado a lo más granado de la comunicación política y digital. Ha sufrido una derrota sin paliativos. También tenía el viento a favor de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. De nada le ha servido. Nos enfrentamos a un nuevo paradigma que, cuanto más tiempo pasemos calificando de "populismo" sin preocuparnos por entender sus matices y mecánica de comunicación, nos seguirá provocando sorpresas que cada día lo serán menos. Los tiempos de cambio son desconcertantes. Mucho más si son tan profundos como los que provienen de la elección democrática de los ciudadanos. La soberbia no debe ser impedimento para que reconozcamos que la inmensa mayoría no hemos visto venir todo esto, y que debemos reconsiderar el andamiaje sobre el que construimos los mensajes que trasladamos a los ciudadanos. Solo desde la humildad y el análisis profundo podremos hacer que los valores de progreso: igualdad, solidaridad, tolerancia... no sucumban ante opciones que, simple y llanamente, han sabido dirigirse a la gente mucho mejor para hacer llegar su mensaje. En definitiva, que han comunicado mejor lo que querían para su país. Es una primera reflexión rápida con horas de sueño y decepción, pero creo que el camino de balsosas amarillas nunca ha estado más claro.


domingo, 30 de octubre de 2016

Noches de poder. Capítulo 13. "Sueños"


Estaba frente a Martín, en una bodega de esas que parecen una mina, en las que la humedad que se filtra por las paredes crea un ambiente cargado y propenso a la conspiración política. Seguro que a otra gente, a la gente normal, esa misma bodega les evocaría risas, compadreo y buenos ratos en compañía de amigos de toda la vida. A Tomás no. En esos sitios, en pueblos perdidos de la provincia de Burgos, había adulado sin cesar a mediocres aspirantes a todo cuya única virtud era sacar la lengua en todo momento por si algún culo despistado se les había pasado sin lamerlo. Alcaldes de aldeas que tenían cuatro colegas a los que habían afiliado al partido, y con eso se habían formado su pequeña agrupación que les daba derecho a un par de delegados en el congreso provincial. En la mediocridad general que azotaba la política desde hacía años, cualquiera con un poco picardía y mucho morro podía acabar poniendo sus posaderas en la Diputación Provincial aunque tuviese serias dificultades para leer. Había tenido que aguantar a tantos así... soberbios y aduladores a la vez, impresentables la mayoría, durante tanto tiempo, que le costaba asimilar que todo pudiese acabar de esta manera. Martín seguía frente a él con la mirada perdida. En la bodega había todo tipo de útiles para el campo de otras épocas: azadas, un trilla, cribas colgadas de las paredes, arados que parecían pesar una tonelada... Sin duda alguien se había molestado en recopilar todos esos utensilios para darle al lugar un aspecto rústico, aunque nada acogedor. Dos enormes barricas, suponía que repletas de un vino inmundo, goteaban a través de sendos grifos y dejaban caer el zumo de uva en un par de calderos colocados estratégicamente para recoger el líquido. No quiso saber qué harían después con esas gotas perdidas los dueños del lugar. Martín no decía palabra. Estaban sentados cara a cara, en la parte más corta de una mesa corrida destinada a comidas y cenas mucho más animadas.



- ¿Por qué lo has hecho? Eras mi amigo. Mi hermano. Las hemos pasado putas juntos y siempre salimos adelante porque nos poníamos espalda con espalda y nos enfrentábamos a quien hiciese falta... ¿Por qué lo has hecho?



A Tomás su voz le sonaba rara, además del eco añadido por la configuración de las paredes de la bodega. No le importó, porque a esas alturas ya sabía que estaba soñando y que tarde o temprano despertaría y todo volvería a la realidad que había dejado en el hotel. Sin embargo, no tenía ninguna prisa en regresar. De alguna manera prefería tener esa conversación con Martín en medio de un delirio onírico, antes que enfrentarse a las respuestas que su amigo podría darle en el mundo real.



- ¿Por qué lo has hecho?



Martín seguía con la mirada perdida, pero sus labios comenzaron a moverse.



- En una bodega como esta cerramos el congreso en el que ganamos a aquellos peleles de las juventudes que no querían darnos un puesto en la dirección. Aquello nos enfadó tanto que decidimos que ya no queríamos solo un puesto. Iríamos a por todo, y les mandaríamos a casa. ¿Lo recuerdas? Buenos tiempos. Todavía nos tomábamos esto de la política como un pasatiempo que nos permitía viajar y conocer muchas tías. Luego tú cambiaste, Tomás...



- ¿Qué dices?



- Cambiaste. Fue en ese momento. No cuando llegaste a diputado y tocaste el verdadero poder con las manos. Ni en ninguno de los momentos en los que aquellos que partían el bacalao te llamaban para pedirte consejo. Ni siquiera cuando decidiste presentarte a Primer Secretario. Cambiaste aquel día en el que ganamos a esos pringados y saboreaste la victoria. Descubriste tu droga Tomás. A ti te importa un pijo ser presidente. Tú solo quieres ganar. A cualquier precio. Ver las caras de la derrota en tus adversarios te sienta mejor que una raya de cocaína. Te alimentas de esa carroña de carreras políticas frustradas que hemos ido dejando a nuestro paso. Y lo peor es que en el fondo lo sabes. Y si no, ¿Por qué coño te estoy contando yo esto en tu sueño? Eres tú, capullo, el que te estás soltando este sermón a ti mismo, y como siempre me utilizas a mí porque no tienes los cojones necesarios para hacerlo tú. No te manchas las manos, líder.





Tomás, todavía desorientado, se revolvía en la cama de su habitación cuando sonó el teléfono móvil. Estaba vestido, sudado y enfadado. ¿Cuánto tiempo había dormido? El móvil seguía sonando, y mirando al techo, trataba de fijar en su memoria la conversación que acababa de mantener con Martín. Dudaba entre calificar su descanso como sueño o pesadilla. Lo cierto es que, contra lo que suele suceder, recordaba cada momento y cada palabra. Miró el teléfono y vio la llamada perdida de Granda. También había varios mensajes, aunque esos ni los había escuchado. Decidió darse unos minutos para reflexionar... y tranquilizarse. Martín le había traicionado, y de ninguna manera iba a permitir que además de semejante acto también se permitiese atormentarlo en sueños. No se consideraba adicto a la victoria ni a las derrotas de los demás. En política se gana o se gana. La otra alternativa es buscarse un trabajo de verdad, y para los que llevan décadas en lo público eso no es una opción. A él no le importaba incorporarse a la vida civil, aunque la verdad es que no conocía otra forma de ganarse el pan que no fuese lo que hacia actualmente. Había estudiado Derecho para darle una alegría a su padre, sin más. El hombre pensaba que con una carrera y sacando la oposición correspondiente haría de su hijo un hombre de provecho. Tomás agradeció que ya no estuviese con él, ni con nadie, para que no asistiese al desastre que se le venía encima. Pensó en Martín otra vez. Desde luego había sido leal, pese a que sus cargos, y su sueldo, nunca se habían acercado a lo que él ganaba como diputado. Martín se había pasado la vida a su sombra, y desde luego tenía capacidad para más. Muchos con menos carisma y olfato político que su amigo habían llegado a ministros. Era un traidor, sí, pero quizá hacía tiempo que Martín debería haber ocupado un puesto político, en vez de cobrar como un mero asesor. Le había negado su parcela de poder, y se la había ganado. Saltó de la cama y enfiló hacia la ducha. Solo había dormido una hora y media. Suficiente. Eran las nueve de la mañana, y en media hora quería reunirse con su gente para planificar la lucha. Mientras el agua caliente le caía sobre el cuerpo, no podía dejar de pensar en las palabras de ese Martín que se le había aparecido en sueños, como el del medio de Los Chichos. Sonrió bajo la lluvia artificial mientras la verdadera volvía a hacer acto de presencia en el exterior del hotel. Martín había hecho muchas cosas mal, pero no era un individuo de la catadura de Armenta. No todavía…



Continuará...




 

Envidia y duda

Siempre pensé que tenía un sexto sentido para diferenciar a los buenos de los malos, por resumirlo de forma burda. Que había algo que me guiaba para entender en qué momento estaba delante de buenas o malas acciones y actuar en consecuencia. Puedo parecer pedante, pero estas últimas semanas, por primera vez, he dudado. Por eso envidio a los que lo tienen tan claro. Yo siempre fui así. Quizá la dimensión de los hechos a los que hemos asistido sea demasiado para mí, pero debo decir que, conversando con personas bastante más inteligentes que yo, y que ayer se sentaban en casi todos los grupos políticos del Congreso de los Diputados, me he dado cuenta de que mi duda era razonable. Pero sigo envidiando a los que ante tan importante encrucijada, eran capaces de dar soluciones tan simples. No puedo evitarlo. Y he seguido hablando con esas personas y con otras, y hemos compartido nuestras dudas como si de una terapia se tratase. Y a la conclusión que llegamos en casi todas las ocasiones es que en efecto la duda es la sensación lógica cuando las opciones que se te presentan por delante son todas malas o muy malas. Cuando de tu decisión siempre se derivará un mal, mayor o menor. Pero sigo envidiando a aquellos que han sido capaces de tenerlo tan claro. Desde luego no anhelo la forma en que señalan a los que dudan, a los que han optado por una solución que consideran el menor mal, o simplemente han acatado la decisión de lo que asumieron como sus órganos políticos cuando iniciaron su militancia en un partido, y después formaron parte de sus cerradas y bloqueadas listas para convertirse en diputados. Pero sigo queriendo tener el poder de diferenciar tan claramente, y pasado el trance, no soy capaz. La duda es un estado complejo de sensaciones que te llevan a plantearte tantas cosas que echo mucho de menos estar en la otra orilla. En la de la verdad absoluta, o al menos eso es lo que intuyo cuando leo a tantos sentenciar tan categóricamente sobre lo que para mí está siendo una cuestión tan complicada. Duda. ¿Estaremos ante una verdad de la que no se pueda dudar? ¿No me habré dado cuenta? A veces acudo al diccionario, por vicio. Encuentro que la duda filosófica es una "suspensión voluntaria y transitoria del juicio para dar espacio y tiempo al espíritu a fin de que coordine todas sus ideas y todos sus conocimientos". Quizá es eso lo que necesite, tiempo. Lamentablemente buenos amigos míos no lo tenían ¿Podríamos haber tenido más tiempo? Quién lo sabe. Pero si de algo estoy seguro es de que lo necesitábamos. Quiero formar parte de un colectivo de personas que duden, aunque a mí, durante toda mi vida, me haya costado bastante. Quizá tenga que aprender. Necesitamos tiempo para el espíritu, sin pensar de forma egoista. La duda no es seguridad, y eso da miedo. La duda puede llevarte a tomar una decisión contra tu propio interés, porque de esa forma eres útil a un colectivo mayor. La duda es peligrosa. Por eso las dictaduras propician el pensamiento único. Buenos y malos. Traidores y leales. Vencedores y vencidos. Todo tan simple. Tan básico. Solo superando esas dinámicas tendremos futuro. Solo desde la duda llegaremos a alguna verdad que merezca la pena defender.

viernes, 28 de octubre de 2016

Noches de Poder. Capítulo 12. Sábado, 07:00h


A través de las puertas del vestíbulo observó como el sol hacía acto de presencia en su particular tormenta política. Al contrario que en las perturbaciones atmosféricas habituales, la salida del astro rey no significaba la llegada de la calma. Quizás todo lo contrario. Desde que cruzó esas puertas, prácticamente veinticuatro horas antes, había tenido pocos momentos para pensar. Recordó el primero de ellos. Esa punzada en su habitación. El sentimiento de soledad que le había embargado durante una décima de segundo, como un aviso ante lo que llegaba. En esos instantes aparecían por el hotel algunos delegados a los que la noche se les había alargado demasiado en los concurridos locales nocturnos madrileños. La capital hacía destrozos entre los llegados de lejos con ganas de tomar unas copas y nada que rascar en el reparto del pastel político. Todos le saludaban con un buenos días avergonzado, como si les hubiesen pillado sus padres abriendo la puerta de casa con una cogorza de espanto. Todos, menos los más jóvenes, a los que todavía, con toda probabilidad, les quedaría tomar la penúltima en alguna habitación convertida en after. Puede que incluso los más afortunados pudiesen dar rienda suelta al amor. Los bultos de alguno de sus abrigos delataban el cargamento que subían a sus aposentos. Recordó cuando acudía a los congresos con la misma inocencia que ahora contemplaba con añoranza. Eran buenos tiempos.

Decidió hacer una parada en la cafetería, antes de intentar dormir un par de horas e incorporarse durante la mañana a la actividad normal del evento. Pese al conflicto desatado horas antes, la reunión tenía sus horarios formales. Y eso también requería de la presencia de quien aspiraba a todo. ¿Aspiraba a todo? El momento de duda pasó pronto. No podía permitirse flaquear, ni siquiera a solas ni a esas horas. Los periódicos del día no recogían la noticia del cisma entre compañeros. Tampoco El País. La Márquez se había comportado como una verdadera amiga leal... y mucho más. Lo más probable es que apareciese publicado dentro de poco en su página web, pero eso ya no importaba. El tiempo que habían ganado para poder diseñar una estrategia de urgencia mientras Armenta estaba confiado en que su traición era un secreto, les permitía seguir vivos al alba. Había vivido otros congresos en los que muchos no llegaron a tanto. Las informaciones que leía hablaban de la apertura del cónclave y las declaraciones de unos y otros. Había mucho espacio para la despedida de Outeda. El gallego había concedido entrevistas a los dos grandes periódicos del país, y a un par de diarios digitales cuya audiencia e influencia eran incuestionables. Todo ese espacio debería ser el lunes para él, o al menos eso es lo que hubiese ocurrido si todo se hubiera desarrollado según el plan.

Alguien se sentó a su lado, mientras leía la entrevista que la Márquez le había hecho al que acababa de dejar el cargo de Primer Secretario. Outeda contestaba con maestría las preguntas directas y sin asomo de complicidad de la periodista. Martín le toco el hombro, para llamar su atención.

- Buenos días - gruñó -, acabó de hablar con Granda, y me dice que tenemos a la gente más o menos atada para las próximas horas. No sabe qué pasará esta noche, pero al menos podemos dedicar un tiempo a pensar como le damos la vuelta al asunto. No ganamos ni de coña, pero estos tampoco tienen el resultado que esperaban.

Tomás no había levantado la vista del periódico. El camarero se acercó preguntando si iban a tomar algo "los señores". Martín pidió un café solo, y Tomás no artículo una sola palabra. El hombre esperó unos segundos, que por un momento parecían horas, y se retiró para preparar el solitario café que componía la comanda.

  • ¿Has oído lo que te he dicho Tomás?

Pasaba las hojas del periódico, absorto en sus pensamientos, como si fuese ajeno a la presencia del que durante tantos años había sido su fiel escudero. Su segundo al mando. Tantos kilómetros de coche. Días y días de carretera a sus espaldas en vehículos de mala muerte haciendo política y creciendo en la organización, tantas batallas juntos... Precisamente fueron esos recuerdos los que llevaron a Tomás, hace horas, a una conclusión que le dejó helado: jamás había viajado con Martín en avión. En otros tiempos, los vuelos nacionales eran raros y muy caros. Siempre habían preferido la carretera porque les permitía ir preparando la reunión a la que acudían. En las reuniones internacionales, o bien Martín se las había ingeniado siempre para quedarse en España, o viajaba por su cuenta con cualquier excusa para verse en el destino. Estuvieron en Moscú, pero Tomás recordaba perfectamente que Martín llegó más tarde y se fue un par de días después. El decía que viajaba en avión, pero jamás lo comprobó. ¿Para qué? Martín era un tipo raro, y en ese momento no tenía más importancia que lo que podían ser las típicas manías de cada uno. Pero las alarmas se encendieron en la cabeza de Tomás, cuando llegó a la certeza inapelable de que Martín no volaba. Jamás lo habían hecho juntos, y nunca había cruzado el charco. Rechazó ir a Cuba por una indisposición de su padre. ¿Quién cojones dice que no a ir a Cuba? El padre de Martín tenía más salud que un médico de pueblo.

- Martín, si tienes un mínimo de dignidad espero que te vayas de aquí ahora mismo y no vuelvas a dirigirme la palabra en tu vida. - Tomás seguía sin levantar la vista, ahora fija en la sección de deportes.

- ¿Cómo? - La expresión de Martín, que Tomás se negaba a observar, era de absoluta incredulidad. Como si le hubiesen dicho que los extraterrestres invadían la Tierra. - ¿Se puede saber qué te pasa? - Acertó a decir, confuso y precavido a la vez.

- Armenta no voló a Bilbao. Lo hiciste tú. Desde Sevilla, después de hablar con él, haciendo escala en Madrid, para poner contra la pared a Ibarra. Tú cogiste ese avión Martín, pese a que tu miedo a volar es casi peor que el de Armenta.

- Estás loco.

- Anoche hice que encontrasen a esa chica de Burgos de la que me hablaste. La que según tú relato había sacado los billetes de Armenta. Fueron a su casa y le hablaron de su futuro laboral en el partido. En su favor he de decir que tardó un rato en venderte, pero al final confesó. Tú tienes miedo a volar Martín, aunque siempre lo has ocultado. Ella estaba muy sorprendida porque le pediste los billetes con mucha urgencia... desde Sevilla. No querías dejar pasar más tiempo del necesario y cerrar el pacto ese mismo día. La razón que te llevó a coger esos dos aviones debía ser poderosa, y desde luego que lo era.  

Ahora era Martín el que no levantaba la cabeza de la barra de la cafetería. Miraba las grietas que recorrían el cuero del resposabrazos como si estudiase los afluentes del Ebro.

- He tardado en darme cuenta, amigo mío, pero esta vez has construido una historia que te ha delatado. La cagaste hablando del miedo a volar de Armenta. Eso me llevó a reflexionar sobre tu historial de aviación, que es nulo. Esto no podía haberse hecho sin un trabajo previo, y hubiésemos sabido, perdón, tú te hubieses enterado de cualquier movimiento raro. La única razón para que se te pasase es que también fueses parte de la jugada.

Tomás se giró hacia Martín, que seguía con la mirada perdida, ahora en las tazas de café vacías que el camarero no había retirado.

- No quiero que vuelvas a dirigirme la palabra. Y, por cierto, voy a hacer todo lo que esté en mi mano por terminar este fin de semana con tu carrera política. Pondré más empeño en eso que en ser Primer Secretario. Que te vaya bien, amigo. Tómate lo que quieras. Invito yo.
 
Hizo especial énfasis en la palabra amigo, una vez más esa noche, dejó cinco un billete de cinco euros en la barra y se marchó hacia los ascensores. Toda una vida política junto al que creía su más fiel compañero acababa de terminarse. Comenzaba una nueva etapa, y se abría con la coyuntura más complicada a la que se había enfrentado. No dejó que los sentimientos se apoderasen de su mente, a pesar de las horas sin dormir y lo emotivo de la situación. Necesitaba recapitular, y comunicar a los que estaban de su lado la baja de Martín. Sin duda sería un serio varapalo, uno más, que haría temblar la confianza de los que dudaban si pasarse al bando contrario, al que, aunque por poco margen, todos veían ganador. El balance no podía ser más descorazonador. Armenta e Ibarra iban por delante, y les sacaban unos votos preciosos muy complicados de recuperar. Los que tenía de su lado no aguantarían otra noche. Sabían perfectamente que si todo se rompía, los vencedores, aunque lo hiciesen por pocos votos, arrasarían con todo después. Muchos no se arriesgarían. Tenía que dormir un poco, llamar a Granda y a Almudena, logrando de esta última una promesa más firme que la que consiguió de madrugada, y a partir de ahí, durante el día, preparar el terreno para la última noche. Afianzar a los suyos y comenzar a tocar con mucha prudencia a los que se habían sumado a la alianza de sus antiguos amigos para ponerle la puntilla.

Cuando oscureciese comenzaría la verdadera batalla, y un todo vale como pocas veces se habría visto en la organización. Casi sin darse cuenta había llegado a la puerta de su habitación. Abrió mientras marcaba el número de teléfono de Granda para comunicarle todo lo referente al asunto de Martín. Unos cuantos gritos del asturiano y podría descansar.

Se tumbó de nuevo en la cama, y pensó en como el silencio había delatado a Martín. El silencio, porque todo lo que le había contado sobre la chica de Burgos y los billetes de avión a Bilbao... era mentira. Se lo soltó sin más. Era una idea que se le pasó por la cabeza… y él no dijo nada. 

Continuará... 


 

sábado, 22 de octubre de 2016

Noches de Poder. Capítulo 11. Sábado, 3:00h


Outeda estaba solo en su habitación. Tomás sabía qué es lo que les ocurre a los que ya no tienen el manto del poder sobre sus hombros. En vaqueros y camisa, el que fuera presidente del gobierno volvía a sus orígenes campechanos, con los que cameló a tantos para dar el golpe de mano en aquel congreso decidido por primera vez en votación secreta. Antes de llegar a los aposentos de Outeda, Tomás había hecho una parada para pensar en las escaleras que comunican las plantas del hotel. El tiempo se le había ido casi sin darse cuenta.

- Has tardado. No tienes buena cara Tomás. Se ha complicado un poco la cosa amigo…

- No tengo ni buena cara, ni buen cuerpo presidente. – La tradición mandaba que uno es presidente hasta que se muere, y así deben dirigirse a él los que respetan el cargo.

- Vamos a llamar a los dos que te están dando la noche ahora mismo ¿Te han llamado ellos?

- No.

- Qué hijos de puta…

- Pensarán que lo tienen hecho, o que todavía no estoy muy enterado de lo que pasa, aunque ya han tocado a Almudena Palacios, por lo que las cartas están boca arriba.

- Armenta es un soberbio. Quiere que llames tú. No le hagas esperar. Cítalos abajo, en la sala del plenario. Ahora estará todo tranquilo.

El enorme salón no tenía nada que ver con el aspecto que presentaba por la mañana. Solo quedaban encendidos un par de focos, que iluminaban el enorme fondo con el lema del congreso. El ambiente fantasmal, el silencio, casi dejaba escuchar el eco lejano de los históricos discursos que allí se habían pronunciado, en épocas muy duras para el país. Las tres de la mañana, y allí estaban. Sentados esperando a los que habían conseguido armar una jugada de las de antaño. De esas de conspiraciones y viajes, nada de nuevas tecnologías ni redes sociales. Redes de traidores con ansias de poder. A la antigua usanza. No hay nada que genere más adicción que el poder. La cocaína, por mucha que haya podido correr por delante suyo, no enganchaba tanto como ser el centro de atención de todas las miradas al entrar en una habitación. Sentir el miedo en muchos, la admiración en otros, y las ganas de servir en la mayoría. Eso sí es una droga.

Estaban en la primera fila, justo delante del gran escenario, y al fondo escucharon el ruido de una puerta. Tres personas entraron en el salón de actos. Poco a poco, mientras avanzaban dejando atrás las filas de sillas en las que se sentaban los delegados, Tomás y Outeda fueron adivinando la identidad del trío conforme la luz iba reflejándose en sus caras. Armenta encabezaba la comitiva, Gorka le seguía a poca distancia, y tras ellos aparecía otra figura que no alcanzaron a distinguir con claridad hasta que estuvo casi frente a ellos. Era uno de los líderes históricos más respetados del partido. Fernando Losada lo había sido todo menos presidente del gobierno, aunque durante décadas ayudó a los que ocuparon ese puesto, sobre todo en los primeros meses de mandato, a entender la entidad de la empresa que afrontaban. También les adiestraba en lo que muchos denominaban las "cloacas del estado". Esos lugares oscuros y llenos de trampas de los que un primer ministro no puede liberarse aunque quiera, bien porque se arrastran desde tiempos inmemoriales o porque están tan interiorizados en la forma de hacer las cosas de determinados sectores del gobierno que cambiarlos significaría una crisis tan grande que a ningún político con instinto de supervivencia se le ocurriría meter las narices ahí. Para eso estaba Javier Losada, y por ello había ocupado la cartera del Ministerio del Interior durante más años que nadie en democracia. Eso le costó no pocos disgustos, asistir a muchos entierros de policías y guardias civiles a los que ETA asesinó sin piedad en los años más duros del terrorismo, y enfrentarse a las acometidas de la oposición que le culpaban de todo lo que ocurría en unos tiempos en los que había mucho mercenario suelto por el sur de Francia queriendo hacer la guerra por su cuenta y salvar a España ellos solos de los terroristas. En definitiva, con el paso de los años, al igual que los buenos vinos, algunos políticos cogen solera y adquieren una ascendencia natural sobre el resto de sus camaradas de partido. Losada se lo había ganado, y Tomás sabía que su presencia en el gran salón junto a Armenta y Gorka no presagiaba nada bueno.

Para ponerlo peor, el Presidente Outeda no fue precisamente amigable con Losada durante su mandato, ya que le consideraba un dinosaurio del pasado y no quería esa rémora en la imagen de su ejecutivo. Aunque le pidió consejo en alguna ocasión, nunca tuvo una palabra pública de reconocimiento para él. Las cosas no mejoraban, y el mensaje que acababa de llegarle al móvil era lo único que le reconfortaba un poco para afrontar la reunión que se le venía encima. Granda estaba haciendo un trabajo realmente bueno y de momento mantenían a las delegaciones fieles. No habían perdido más apoyos, y el mero hecho de haber evitado las fugas llevaba la confrontación, al menos en ese momento, a unas tablas que no servían a nadie. Armenta ganaría el congreso, pero si nada se movía lo haría con una victoria menor, con un porcentaje pequeño, y eso no era viable. Algo es algo, se dijo Tomás, mientras le enseñaba el mensaje a Outeda, y el trío se acercaba a ellos con caras amables. La de Gorka Ibarra no lo era tanto.

Tomás sabía que Armenta estaba disfrutando con todo esto. Pese a los años de gobierno, el inmenso poder acumulado en Andalucía y el considerable incremento de su patrimonio personal en los últimos años, seguía siendo un animal político, un verdadero vampiro que disfrutaba cuando las luces del día se marchaban y la noche comenzaba a dictar sentencia en la batalla política. Sabía que Armenta se lo estaba pasando bien porque se lo veía en el rostro, y además simplemente se jugaba acumular más poder todavía. Si perdía este congreso, nada se movería entre sus fieles andaluces, porque eso eran, fieles como los soldados mejor formados de un ejército. Verdaderos pretorianos, desde el primer afiliado de una agrupación local en Jaén hasta su número dos en el gobierno de la comunidad autónoma. Y fue Armenta, porque él era el que mandaba y urdía esa trama, el que tomó la palabra.

- Ahora sí que tienes mala cara Tomás… Presidente, no le esperábamos, pero siempre es un placer verle.

- Será algo que he comido. - Le contestó Tomás, dando a su tono de voz una apariencia de dejadez completamente ausente de preocupación, como si la situación fuese otra y no el precipicio al que estaba abocada su candidatura. Armenta siguió adelante. Outeda no movió ni un músculo.

- Bueno, como todos somos veteranos en estos menesteres, lo mejor será no andarnos por las ramas con discursos. Tomás, tienes el congreso perdido. Aquí el amigo Gorka Ibarra parece ser un candidato de consenso que puede aglutinar a una amplia mayoría de la organización y liderar el partido los próximos años. Ya sabrás que en las últimas horas mucha gente que en principio apoyaba tu opción ha tomado la decisión de, digámoslo así, cambiar de bando.

Outeda interrumpió sin muchos miramientos, y con agresiva ironía.

- Supongo que habrán cambiado de bando por una reflexión personal, en ningún momento inducida por terceros…

Losada se revolvió, incómodo. Estaban sentados frente a frente. Tomás y Outeda en la primera fila de sillas, y los tres mensajeros que traían la mala noticia en el borde del escenario, en una posición que les daba cierta superioridad al encontrase más elevados.

Armenta siguió, sin prestar atención a la puya.

- La cosa está clara. No perdamos el tiempo en cuestiones filosóficas. Estos asuntos conviene solucionarlos rápido para que mañana no tengamos mucho jaleo en los periódicos. Tomás, tienes perdido el Congreso o, para ser más exactos, aquí el líder Gorka lo ganará y será el próximo Primer Secretario. Lo que te ofrezco es ser parte importante de la nueva dirección del partido, y dirigir Castilla y León para ser candidato a la presidencia de la comunidad autónoma. Si lo piensas bien, no es una mala salida considerando tu precaria situación. Al final solo tienes de tu lado a delegaciones pequeñas, que mañana no dudarán en cambiar de bando cuando comencemos a componer los puestos de la dirección. Y te voy a decir más. Me tira de los cojones ganar este Congreso con un 60% de los votos. Ahora, si nos obligas a eso, el precio que vais a pagar tú y los cuatro que se queden contigo será muy caro. Así que no jodamos más la marrana, y vamos a pactar lo que sea necesario.

Gorka Ibarra tomó la palabra.

- Tomás, amigo, esto no es una cuestión personal ni venganza. Siempre has sido alguien que ha estado a mi lado, y me gustaría que eso no cambiase en la nueva etapa que se abre. Mesedez, no hagas de esto un espectáculo que haga daño al partido. Has perdido, y sabes cómo debes actuar a partir de ahora.

Tomás tenía la sensación de que todos se reían de él. Armenta, Ibarra, Losada, que seguía toda la conversación como si fuese un notario… No podía creer las palabras de Gorka.

- Mira Gorka, de este hijo de puta de Armenta me podía esperar todo. Incluso que viniese al Congreso con un cambio de sexo si pensase que con ello tenía más oportunidades de trincar algo a costa de la cuota femenina. Al fin y al cabo, al personaje lo conocemos bien. Lo que me sorprende es como tú, el vasco de los pies a la cabeza, los ocho apellidos y casi nacido a la sombra del árbol de Gernika, tengas tan poca palabra y te rebajes a la categoría del traidor que hay en todo Congreso. ¿Qué fue de aquello del apretón de manos que dais los vascos?

- Leyendas de Gipuzkoa, laguntzu. Contestó Gorka.

- A mí no me hables de leyendas ni de pijadas, amigo- Deslizo la palabra amigo por su boca lentamente, dejando que las sílabas recorriesen un camino que no tenía retorno. Cuándo te des cuenta de la marioneta que eres en manos de estos, que únicamente quieren volver a tener el partido controlado para sus intereses particulares, estarás tan metido en esas mismas historias que te habrás convertido en un cautivo. Eres un ingenuo Gorka.

- Di lo que quieras Tomás. Yo gano y tú pierdes. Se acabó. Y no me busques, porque todavía puede ser peor para ti.


Javier Losada, al final, tomó la palabra para tratar de centrar el tema. Les aseguró a todos que lo mejor para la organización era que solucionasen de una vez lo que habían venido a tratar en vez de enredarse en cuestiones personales. Para Losada, lo más importante era aparecer al día siguiente con una imagen de unidad. Estaba claro que a primera hora se sabría que había una importante división, pero no sería un problema si para el mediodía se presentaba una candidatura de unidad. Tomás Romero sería presentado como el candidato que, por el bien del partido, renunciaba a sus aspiraciones a Primer Secretario a favor de un amigo que aglutinaba más apoyos, y eso era la democracia interna de la que tanto presumían ante otras formaciones políticas. A Tomás se le garantizó que su vida estaría solucionada si hoy daba este paso atrás. Castilla y León es complicado de ganar, pero el portavoz de la oposición tiene un buen salario, coche y chófer. Y cuando eso se terminase, o si ganaban las elecciones antes, su nombre estaría en la lista del Presidente del Gobierno para un puesto en su gabinete, o en su defecto una Dirección General de esas agradecidas en las que se maneja presupuesto y contratos de Obra Pública. Coronó esa frase con un rotundo, “ya me entiendes”.

Dicho esto, Outeda sentenció la reunión y emplazó a todos para reunirse a las doce de la mañana, y tomar la decisión definitiva sobre lo que iba a pasar. Tomás asintió mirando fijamente a los ojos a Gorka, y Losada estuvo de acuerdo. Armenta se dio la vuelta y salió por donde había entrado, riéndose sonoramente mientras cogía del brazo al vasco.

 Continuará...







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