sábado, 11 de febrero de 2017

Noches de Poder. Capítulo 23, domingo 01:00h


Mientras subía en el ascensor camino de la habitación en la que definitivamente diría adiós a su carrera política, Gorka Ibarra repasaba mentalmente los acontecimientos que le habían llevado hasta esa encrucijada. Como el Presidente de Andalucía, Armenta, se presentó en Euskadi y en la mesa de una sidrería prácticamente le empujó al abismo por el que ahora caía. Porque Martín y su traición le hicieron suponer que Tomás estaba acabado, y que se estaba sumando al caballo ganador. En política, si no eres el que manda todo se reduce a eso: saber elegir con sumo cuidado por quien apostar en cada momento. De acertar o no pueden depender muchos años de ostracismo en los aledaños del poder, sin olerlo. Al final, Armenta le había utilizado para distraer la atención de los medios de comunicación durante un día, y suponía que eso le habría venido muy bien al verdadero tapado de los andaluces. Para qué enfrentar desde el principio a tu verdadera opción ganadora contra todo lo que se le viene encima al que osa atacar el orden establecido. Armenta tenía manos libres ahora para poder proyectar a un candidato de los que se llaman “de consenso”, que no estaría manchado por el enfrentamiento que ya les había alcanzado a Tomás y a él. Almudena Palacios quería ser esa tercera vía, porque era una mujer inteligente y se había dado cuenta enseguida de que se abría un espacio que podía aprovechar. Pero seguro que Armenta tenía todo pensado. No sabía cómo terminaría el fregado que habían montado, pero algo tenía claro: el andaluz no ganaría este congreso. Por encima de su cadáver. Una vez que el lío era tan monumental, y todos los medios de comunicación del país ya se estaban haciendo eco de las cuchilladas que se estaban dando en el interior del hotel, de perdidos al río. Hablaría con Tomás, porque es lo que tenía que hacer, y después se marcharía a su caserío de Berango. Pero antes tenía pensado dedicarle un último baile a Armenta.





- ¿Quién es? – Preguntó Salán. Los golpes en la puerta sonaron tan fuerte que Granda dio un respingo.



- Ibarra. Vengo a ver a Tomás.



La puerta se abrió, e Ibarra entró con la suficiente dignidad para no parecer lo que realmente era: un político abrasado que apuraba sus últimas horas en activo. Tomás estaba sentado en la cama más alejada de la entrada, mientras Granda seguía con atención la escena desde la silla del escritorio. Salán se apoyó contra la puerta, y su gesto pareció el de una emboscada en la que se cierra la única vía de escape. Como en esas películas de la mafia. Ibarra se sentó frente a Tomás, cara a cara, cada uno en una de las camas. Sus rodillas casi chocaban entre ellas. Ibarra comenzó a hablar.



- Te agradezco de veras que hayas accedido a verme. Yo en tu lugar no sé que habría hecho. Eskerrik asko, amigo. - Otra vez, la palabra amigo se deslizó como sin querer al final de la frase. Demasiados amigos estaban cayendo. Las conversaciones se parecían demasiado unas a otras. El precio empezaba a ser demasiado alto. O quizá no.



- Probablemente me habrías llamado a tu habitación y una vez dentro me hubieses dado de hostias. – Contestó Tomás con una voz tan calmada y fría que sorprendió a todos los presentes. – Porque, amigo Gorka, lo que has hecho es algo tan mezquino y sucio que te costará volver a encontrar a alguien que confíe en ti, incluso en tu propia casa.



- Eso no va a ser un problema. Después de esta noche dejaré la política.



- Dejaste la política el día que comiste con Armenta en Bilbao y decidisteis que vosotros dos y mi buen amigo Martín os bastabais y sobrabais para dirigir este partido. Ese día es cuando dejaste de ser político para convertirte en un mercenario. Probablemente todos lo seamos, porque al final la culpa de que esto sea la mierda que es no se le puede echar solo a unos pocos. Unos más y otros menos, hemos jugado a esto sin pensar en qué diría la gente de nuestro comportamiento. ¿Has leído la prensa? ¿Los digitales? ¿Lo que dicen en las redes sociales? Somos la vergüenza de este país. Enhorabuena. Si tienes algo más que decir, dilo, y vete.



- Barkatu Tomás. Espero que algún día me perdones, porque siempre te consideré mi amigo. Y lo que he hecho es algo terrible, y mucho más cuando se le hace a una persona a la que quieres.



- No tengo nada que perdonar Gorka. Espero que algún día tú puedas perdonarte a ti mismo.



- Eso es algo que espero poder hacer con el tiempo, pero mientras tanto voy a dedicarme un rato a tratar de arreglar algunas cosas. Dentro de media hora he citado a toda la delegación de Euskadi para anunciarles que el lunes presentaré mi dimisión irrevocable como Primer Secretario de la federación, y que lo último que les pido es que apoyen tu candidatura y voten por ti en bloque mañana por la mañana.



Podía escucharse el cerebro de Granda haciendo las nuevas cuentas. Le quitaban veinte delegados a Armenta, que ellos sumaban. No era gran cosa. Ponía todo más de cara si cabe para Almudena, que veía como el rival que todavía no tenía rostro se ponía casi a la par. En todo caso, ahora mismo, aunque no ganaban ni de lejos, se habían convertido en los jueces de la contienda, y eso en política es un tesoro que, bien administrado, puede dar más beneficios de los esperados. Tomás siguió con la conversación.



- Eso te honra Gorka. Ya hablaremos en el futuro, cuando todo esto haya pasado. No pienso dejar que Armenta gane. Es una cuestión personal. Han pasado demasiadas cosas como para cerrar esto con un acuerdo. Iremos a la votación, pase lo que pase.



- En algo estamos de acuerdo Tomás, y es que yo esta noche solo tengo un propósito: joder al andaluz tan fuerte como no lo ha hecho nadie en su puta vida. Voy a decirte algo más. Si me das tu permiso, me gustaría hablar con los catalanes. Tengo buena relación con Josep Bartra desde hace muchos años. Te lo pido como un último favor. Deja que intente convencerlo de que esta vez deben tomar partido.



La maquinaría de Granda estaba a toda potencia, pero la de Tomás le seguía de cerca. Si lo que decía Gorka era cierto, y lograba que Cataluña se pusiese de su lado, el Congreso estaría en la antesala del gran caos. Las tres opciones sumarían prácticamente el mismo número de delegados. No había que subestimar a Ibarra. Estaba muerto políticamente, y una persona así es muy peligrosa. Todo le da igual porque sabe que el lunes tendrá que dedicarse a su trabajo, si es que lo tenía antes de la política, o buscarse uno. Si el caso era el segundo, Tomás estaría dispuesto a olvidar y echar una mano para que el vasco no pasase apuros. Pero evidentemente todo eso dependía de que las delegaciones de Euskadi y Cataluña se pusiesen de su parte. El mal paso de Ibarra no tenía remedio, pero podía mitigar sus efectos si le daba la oportunidad a Tomás y los suyos de volver a la pelea en condiciones de ganarla. Lo cierto es que, desde que todo saltó por los aires, nadie se atrevía a decirlo en voz alta pero su situación era crítica. Si no lograban avanzar en las próximas dos horas, a eso de las tres de la mañana estarían rindiendo pleitesía a Almudena Palacios y el poder extremeño, como mal menor para que al menos Armenta y Martín no ganasen el congreso, sea quien sea el candidato que pretendan presentar.



- Diles a los catalanes que tengo algo para ellos. Un giro político que les hará ganar las elecciones en Cataluña y mucho más. - Tomás, no amplió más información. Dejó en su cabeza ese cartucho, para curiosidad de todos lo presentes en la habitación.




Continuará... 
 




domingo, 29 de enero de 2017

Noches de Poder. Capítulo 22, sábado 23:30h


Cuándo uno recibe una llamada o un mensaje con la expresión “tenemos que hablar”, solo tiene dos significados posibles. Te van a dar una buena noticia, o puedes ir haciendo la maleta y guardando la ropa que habías reservado para el gran momento. Se producen muchas de estas situaciones a lo largo de las dos largas noches con sus días en las que todo se cuece. No solo se rifa en esta feria el cargo más importante. Al menos otros treinta o cuarenta escogidos pasarán a formar parte de la dirección federal, más otros órganos de control. Es como el sorteo de Navidad de la Lotería Nacional. Está el premio Gordo, los segundos, terceros, la pedrea… El problema, o la ventaja, según a quien se pregunte, es que el Congreso en el que Tomás estaba metido nadie llevaba la iniciativa porque ni él, ni Almudena, ni Armenta, tenía los números de su lado. Ninguno acumulaba los delegados suficientes como para asustar a los que se alineaban en otros bandos.



El reloj avisaba de la llegada de la medianoche. Tomás envío un mensaje sms a Almudena. “Tenemos que hablar”. Ese era todo el texto que llevaba la corta epístola. El candidato, que había pasado a ser en pocas horas el que menos opciones tenía de llevarse la victoria, puso con cuidado el móvil en la cama y esperó respuesta mientras paseaba por la habitación. Granda, sentado en la silla del escritorio, observada la escena con cautela.



- ¿Crees que esta chica se dará a razones? – Preguntó el asturiano. – Me parece que se le ha subido a la cabeza todo esto desde que sacó adelante aquella enmienda del voto secreto. Por cierto, a mí no me gustaba un pijo. Que lo sepas. Prefiero que la gente levante la mano.



- Granda, tú eras el que mandaba hacer la foto para ver luego quién estaba con el brazo en alto y quién no, y obrar en consecuencia.



- Cómo toda la puta vida... – Respondió Granda dibujando una sonrisa malévola.



El taco que soltó su ahora compañero de fatigas le evocó recuerdos de otros tiempos. Y a Martín. Todavía no podía creer que se encontrase en este atolladero sin la compañía de su amigo de tantos años. No encontraba sentido a una traición tan devastadora, en lo personal y en lo político. No la encontró en sus sueños, y no hallaba lógica táctica en el movimiento de Martín. La única respuesta estaba en el terreno de los sentimientos. Algo que no puede ser controlado, o que desde luego no estaba al alcance de su capacidad haber manejado. Ni él había nombrado a Martín en su discurso de la cena, ni nadie había preguntado, pero desde luego todos tenían en mente la deserción del fontanero. Eso había hecho daño a Tomás, y debilitado su posición de fuerza frente a las negociaciones que vendrían. Si no eres capaz de sujetar a tu más fiel colaborador, no pareces la persona adecuada para afrontar una responsabilidad tan grande como la de Primer Secretario. En política es más importante parecer fuerte y decidido que serlo en realidad.



El móvil vibró dos veces, y la pantalla se iluminó.



- Dios salve a la reina. – Dijo Granda con tono regio y burlón. Parecía que empezaba a disfrutar con todo esto.



El mensaje era de Almudena, obviamente, aunque a estas alturas todos los primeros secretarios y cualquiera que pintase algo ya tenía grabado el número de Tomás. La extremeña contestaba también parca en palabras: “Te espero en mi habitación”. No le gustó, porque en estos juegos el mínimo detalle implica comenzar a ganar o perder. La noche anterior, era Almudena la que había acudido a su habitación para negociar. Ese hecho daba a entender que Tomás era el que manejaba la situación y los demás acudían a sus aposentos para discutir los términos del acuerdo, o en su caso la tregua que duraría unas horas. El cambio de lugar para las conversaciones que planteaba Almudena le estaba dejando a las claras que él ya no era la reina del baile, al menos a esa hora. Granda había estado un buen rato volviendo a hacer cuentas, y estaba claro que, pese a los indecisos, que esperaban un buen trato cuando todo estuviese más revuelto, Armenta llevaba una pequeña ventaja sobre Almudena, y ellos estaban bastante retrasados. El problema de los andaluces era que se habían quedado sin candidato.



El teléfono volvió a vibrar. Era Gorka Ibarra. De nuevo un mensaje que no consumía todos los caracteres que permitía este sistema de comunicación: “¿Estás arriba? Tenemos que hablar”. Tomás le enseñó la pantalla del móvil a Granda y a Juan Salán, su hombre de la comunicación, que acababa de entrar en la habitación.



- ¿Qué quiere ahora? – Fue la reacción de Salán tras leer el mensaje. - ¿Viene a que le perdones después de que Armenta le haya usado como a un pelele?



- Todavía no sabemos qué pretende Armenta con esta jugada. – Contestó Granda. – Si tiene un tapado no tardará en salir a la luz. Lo que está claro es que Ibarra ha hecho el ridículo y no estará muy contento con Armenta y Martín.



- Ibarra es un amigo. Quiero escuchar de su boca lo que tenga que decir. Granda, envíale tú un mensaje y dile que suba.



Otra vez los matices. Ibarra le había enviado el mensaje directamente a él, pero Tomás contestaba a través de un tercero. Con eso le estaba diciendo que había un desprecio personal entre ambos, pero no se negaba a la reunión. Si esto se lo hubiese hecho a Ibarra en otro momento, el vasco ya no volvería a comunicarse. Pero Tomás sabía que tragaría, porque a Ibarra se la habían jugado de mala manera y todo lo que le quedaba era, al menos, salvar parte de la relación personal que habían tenido en otros tiempos. No le había gustado nada el tono de Ibarra en la conversación que mantuvieron en el salón del plenario, pero haría un esfuerzo.



- La reina nos está esperando. – Apremió Granda.



- Que espere. Tú manda el mensaje, y hablemos primero con Ibarra.



Salán abrió la ventana y encendió un cigarro. La maldita lluvia volvía a caer con fuerza sobre Madrid. El mismo cielo rojo sobre la ciudad. Seguro que a algún poeta de la antigüedad se le hubiesen ocurrido varios versos sobre esa noche, el cielo, sangre y guerra. Tomás lo único que tenía en la cabeza era sumar apoyos. Había entrado en modo ataque, y no tenían un minuto que perder.



- Y dile que se dé prisa. 



Continuará... 
 

 

sábado, 14 de enero de 2017

Noches de poder. Capítulo 21, sábado 21:30h


Era una mesa corrida enorme, situada en un comedor alejado del que ocupaban el grueso de los delegados. Se había montado gracias a la generosidad de los camareros del hotel que habían colaborado, no precisamente de buena gana, para la ocasión. En ella estaban sentados tres o cuatro miembros de cada una de las delegaciones que todavía apoyaban a Tomás. La idea había sido de Granda, porque el asturiano estaba empeñado en que todos se retratasen antes de comenzar el movimiento en los pasillos, y además quería que los demás viesen que había unidad y buen rollo en la facción. Tomás no quiso presidir, evitando así dar una imagen de cierta prepotencia, y se colocó junto a los primeros secretarios de La Rioja y Canarias. Frente a él estaban Granda, Salán y el primer secretario de Burgos. La conversación, como no podía ser de otra manera, giraba en torno a los últimos acontecimientos vividos en el congreso. Aunque en algunos momentos unos y otros introducían algún tema más liviano para descansar un poco la mente mientras llenaban el estómago, Granda no disimulaba su alegría por la aparición del artículo de Ibarra, que había llevado a éste a renunciar a sus pretensiones de liderar el partido. Acababa de comunicarlo personalmente a un par de periodistas amigos, sin ruedas de prensa ni fotografías que retratasen el momento, evitando al grueso de los medios de comunicación. Tomás suponía que tampoco habría tenido ganas de dar explicaciones sobre sus palabras, aunque hubiesen sido escritas hace décadas. El primer secretario de Burgos comentaba que no sabía si el autor de la filtración estaba sentado a la mesa, ni lo quería saber, pero tampoco caería una lágrima por el vasco. Mejor que se supiese ahora, que no cuando Ibarra representase a todo el partido. Y tenía razón. Además, si no había salido ninguna cosa parecida sobre Tomás Romero era porque no existía.

Cuando los postres hacían su aparición, Tomás decidió que era el momento de dirigirse a los presentes. Las conversaciones se habían multiplicado en los diferentes sectores de la mesa, y era casi imposible hacerse oír. Granda se dio cuenta enseguida de las intenciones de Tomás, y soltó un “callarse un momento, copón”, que terminó de un plumazo con el griterío.

- Gracias Granda. No lo enfadéis, porque es capaz de cerrar el hotel y no dejar salir a nadie hasta que esto se arregle. – Tomás quiso comenzar con algo de humor, aunque la situación era complicada para sus aspiraciones. – Como sabéis, durante las últimas horas todo ha dado un vuelco enorme. Hace tiempo que decidí dar el paso para dirigir el partido porque entendía que tenía los apoyos suficientes y así se me manifestó por parte de muchos de los primeros secretarios de las distintas federaciones territoriales. Nunca hubiese presentado mi candidatura sin esas peticiones expresas que se me hicieron para que asumiese el timón de la nave en tiempos complicados. Anoche, Andalucía y el País Vasco, principalmente, decidieron que tenían otros planes, que no eran los que habíamos pactado en los días previos a este Congreso. Quiero deciros que para mí lo más sencillo sería dejar que los acontecimientos sigan su curso, y que el nuevo primer secretario salga de los apaños de Armenta. Me reportaría un puesto en la nueva dirección y seguir en el Congreso de los Diputados. Pero no creo que el mensaje que trasladamos a la sociedad con esta forma de actuar sea lo más adecuado para recuperar la confianza de los que han abandonado a nuestro partido para votar a otros o directamente quedarse en casa. Quizá estemos ante un momento de cambio. Puede que tengamos que comenzar a hacer las cosas de otro modo, porque la gente nos ve como a unos extraterrestres que se encierran en un hotel para dirimir sus problemas a cuchillo sin más testigos que los habituales desde hace décadas.

No tenía intención de darle tanta profundidad a su discurso. Ni siquiera lo había pensado antes de comenzar a hablar. Tenía en mente hacer el típico alegato de resistencia para aguantar esa noche y tratar de llegar a un acuerdo con Almudena Palacios y los catalanes, que llevase a Armenta y Martín a verse obligados a recular y pactar para no quedarse fuera. Pero mientras hablaba se estaba dando cuenta de que sus palabras no eran huecas. Lo que se producía en su cerebro salía por la boca sin filtros. Y le gustaba lo que oía. Es más, le parecía que el análisis de la realidad que estaba haciendo era el único posible. Si seguían por este camino estaban acabados. Todos. Si no lograba convencer a la mayoría de la organización de que la solución a sus problemas no estaba puertas adentro del vetusto hotel, cuando terminase de sonar la música no habría sillas para su partido centenario. Lo que generaciones habían construido con tanto esfuerzo, podía caer en un par de años. Sonaba a aberración, pero no lo era. Siguió con su charla.

- Siempre hemos entendido este partido como algo nuestro. Un coto cerrado para un número de cargos y afiliados que es muy pequeño en comparación de los millones de votantes que en muchos momentos de la historia de este país nos han dado su confianza. Nos hemos creído que siempre estarían ahí, firmándonos un cheque en blanco para los próximos cuatro años. Pero las cosas están cambiando, y mucho. Es probable que este congreso no vaya a ser el mejor ejemplo de lo que necesitamos para garantizar el futuro de nuestro partido, y por extensión de un camino de progreso para el país. Tendremos que utilizar los viejos métodos para ganar y poder cambiar las cosas. Pero os prometo una cosa: esta vez será la última. No vamos a volver a decidir al amparo de la oscuridad de la noche y la voluntad de cinco o seis personas. Vamos a darle la vuelta a este partido como a un calcetín, pero antes tendremos que olvidarnos de todo lo que os estoy diciendo, y poner en práctica lo que hemos aprendido durante tantos años. No será bonito, ni limpio, pero es lo hay que hacer. Si cuento con vosotros, os prometo que cambiaremos para siempre la forma de funcionar de los partidos políticos en España. Pero primero tenemos que ganar.

Si una mosca hubiese pasado en ese momento por la mesa, el zumbido de sus alas se hubiese escuchado como si fuesen los motores de un Airbus 380. Nadie cruzaba la miraba. La mayoría miraban al plato, jugaban con la servilleta o escrutaban el teléfono móvil. Tomás comenzó a temer que se había pasado de frenada, aunque se sorprendió al darse cuenta de lo poco que le importaba. Se había quedado tan a gusto que le daba igual lo que pensase el resto. Sabía que sus palabras eran la guía para los próximos años, o incluso décadas. No se sentía como un iluminado, porque era una persona de lógica, pero tampoco terminaba de entender muy bien de dónde habían salido todas esas palabras que se habían unido en una perfecta conjunción para construir las bases de la estrategia de futuro para el partido. Para cualquier formación política que no quiera ver huir a sus votantes a otras opciones en las que no solo tengan voz y voto los que enseñen un carné. Los segundos se le estaban haciendo eternos, y eso que no pasaron ni dos hasta que Granda, con su estilo habitual, diese un golpe en la mesa y soltase un “¡Con dos cojones!”, que provocó una reacción de júbilo en el resto de comensales. Sabía que la mayoría no habían entendido una palabra. Otros lo habían entendido y no estaban emocionados con la idea de perder el poder que otorgan estas largas noches de hotel. Y algunos, los menos, habrían cogido al vuelo la esencia de lo que había dicho. A estos últimos se les notaba en la cara. No sonreían por volver a la batalla con fuerzas renovadas. Tenían una expresión de cierta satisfacción. Como si llevasen pensando bastante tiempo en lo que Tomás había dicho, pero jamás hubiesen encontrado la fuerza para decirlo a riesgo de ver sus cabezas rodando por el pasillo, políticamente hablando. Escuchar de boca de uno de los pesos pesados del partido lo que llevaban tiempo reflexionando, sin duda les había abierto un hilo de esperanza. Sí. Era eso lo que decía la expresión de sus caras: no todo está perdido.


Continuará... 
 

Noches de Poder. Capítulo 20, sábado 20:00h


Gorka Ibarra sabía dónde se metía cuando aceptó formar parte de la conspiración contra Tomás. En los juegos de poder la gente pone mucho en las apuestas, y no es precisamente el azar lo que decanta la victoria. La aparición de su artículo, del que guardaba un difuso recuerdo, había terminado con una carrera que apenas había empezado. Faltaba poco para la cena, y había subido por las escaleras hasta la azotea del hotel para fumar algunos cigarros tranquilamente y reflexionar sobre lo que diría ante los periodistas que montaban guardia para hacerle muchas preguntas. La lluvia estaba dando una tregua, y aunque la humedad y el frío hacían que la noche no fuese la más apetecible, no le importaba. Miró al cielo y observó las nubes que recorrían el cielo de Madrid con un color rojo fantasmagórico. Las luces de la ciudad se reflejaban en ellas, y el viento las movía de forma constante hacia el horizonte. Dentro de poco él sería poco menos que esa luz mortecina, eclipsado por los que iban a tomar protagonismo en esa última noche. Se dejó ir en sus pensamientos mientras fumaba el primer pitillo, y con el segundo comenzó a tratar de averiguar quién podría haber sacado ese texto maldito del cajón para liquidarlo políticamente. Comenzó por Tomás. Desde luego estaría deseando ver su cabeza en una pica desde que se enteró que estaba del lado de Armenta para darle una puñalada trapera histórica. Sí. Tomás tenía suficientes motivos para querer arrastrar por el barro su reputación y quitarse un enemigo de la partida, aunque, por otro lado, los apoyos que habían recabado seguirían de su lado ya que Armenta estaría en estos momentos buscando otro candidato para seguir la pelea, ahora que el día se había retirado para dejar paso, una vez más, a la oscuridad. Entonces, mientras pensaba en la ausencia de luz, lo vio todo claro...

Como si fuese el día de la marmota, la habitación 712 albergada la reunión de los mismos dos hombres que horas antes se habían encontrado allí para conjurarse por última vez y no dar un paso atrás en su estrategia. Armenta y Martín volvían a verse las caras, sentados cada uno en una de las camas y con las caras a pocos centímetros una de la otra. La estancia solamente estaba iluminada por las lámparas que había en las mesillas de noche.

- Martín, Ibarra es un paquete. Anoche me di perfecta cuenta de que no tiene lo que hay que tener para dirigir esto y soportar estas próximas horas. Me vendiste bien lo del carácter vasco y todas esas chorradas, pero no ha pasado la prueba del algodón y ahora estamos jodidos.

- Estamos jodidos porque tú te has cargado a Gorka sin consultar con nadie. ¿Se puede saber de dónde sacaste el artículo? - Preguntó Martín con voz de pocos amigos.

- A veces hay algunas leyendas sobre mí que son ciertas...

La intrigante respuesta de Armenta obedecía a esos rumores que recorrían la organización de norte a sur y este a oeste. Uno de ellos, quizá uno de los más repetidos y por ello al que casi nadie daba crédito, era que Daniel Armenta y sus colaboradores disponían de material – conocido en los cenáculos de la capital como dossiers – sobre todo tipo de miserias políticas, personales y económicas de los líderes más relevantes del partido. Llevaban años acumulando la información para poder utilizarla en cónclaves como el que les ocupaba, y algunas historias iban más allá, asegurando que, una vez terminaron con la gente del partido, comenzaron a hacer lo mismo con jueces, fiscales... El pequeño CESID (La CIA española hasta la llegada del CNI) montado en Andalucía era un mito, hasta que Armenta solo esa frase lapidaria.

- No quiero pensarlo, Armenta, prefiero no saber más. Lo que sí me gustaría conocer es tu idea, brillante o no, para sacarnos de la mierda de pozo en el que nos has metido con tu ataque de periodismo de investigación en las cloacas.

Armenta le miró a los ojos.

- ¿Me crees tan gilipollas como para hacer algo así sin tener preparado un plan B? Y, por cierto, Martín, a mí, me llamas Don Manuel.




Continuará... 
 









jueves, 5 de enero de 2017

Noches de Poder. Capítulo 19. Sábado, 19:00h


Desde que existían las ediciones digitales de los diarios, medios nativos en Internet y todo el ecosistema de las redes sociales, lo de esperar a la mañana siguiente para ver qué dice la prensa se había convertido en una frase hecha. Ahora las desgracias te sorprendían a cualquier hora del día. Un pequeño artículo de Gorka Ibarra, que firmó cuando todavía no le salía barba, corría por Twitter desde hacía media hora. Era demoledor, y solamente se publicó en una revista interna de las juventudes del partido, aunque eso ahora daba igual. De hecho, las probabilidades de que acabase con su carrera política, al menos para lo que se dirimía en ese momento, eran muy altas. Decía así:



Una Euskadi libre, por Gorka Ibarra Azkargorta



Los vascos somos un pueblo que no nos acostumbramos a vivir bajo el yugo de la opresión. Pese a que durante mucho tiempo han sido otros partidos políticos los que han capitalizado el sentimiento de libertad de los vascos, no podemos escondernos bajo nuestra federación a un partido español para ocultar que sentimos y deseamos lo mismo que aquellos que un día abandonaron la tranquilidad de sus casas para luchar por la independencia de Euskadi. Si bien los asesinatos, la extorsión y el miedo no tienen cabida en un estado democrático, no puede evitarse culpar al régimen del dictador del origen de tanto sufrimiento. ETA es la expresión violenta de un sentimiento legítimo, y esa cuestión debe ser un elemento a tener en cuenta para cualquier proceso negociador. Del mismo modo, la división de nuestro país, quedando dos de los territorios en España y otro en Francia, solo ha contribuido a aumentar las dimensiones del conflicto político. No se soluciona un problema tan antiguo con propuestas oxidadas, antidemocráticas y perversas, que solo buscan la división de los vascos y la dispersión de un pueblo cuyas raíces se pierden en una historia que va más allá de cualquier reino castellano. Una Euskadi libre solo llegará desde la lucha y el respeto a nuestra historia. Esto último ha sido algo que los estados español y francés nunca han hecho. Debemos buscar puntos de coincidencia con los demás partidos vascos de izquierda para buscar un frente común, y la lucha armada no es excusa para apartar de este proceso a formaciones políticas con importante apoyo popular. Los nacionalistas vascos de derechas siempre terminarán arrimando el ascua a su adinerada sardina, y esta solo engorda desde la vinculación a España. Por lo tanto, unicamente desde la unidad de la izquierda vasca podemos atisbar en el horizonte una Euskadi libre.





El artículo original estaba escrito en euskera, y alguien se había molestado en traducirlo bastante bien. Al menos eso era lo que opinaban los internautas que lo difundían una y otra vez. Todo el texto era un despropósito, y se notaba que estaba redactado con el ímpetu que da la juventud, pensó Tomás, aunque eso no le quitaba importancia. Había partes intolerables para el pensamiento de un demócrata. Aunque ya tenía a los navarros de su lado, esto le aseguraba que ya no cambiarían de opinión aunque se helase el infierno. Las referencias a la anexión de Navarra no iban a sentar demasiado bien en la delegación, y la prensa se iba a ensañar con Ibarra las próximas horas. De igual modo, pensar en la unidad de la izquierda vasca, al lado de los que se han pasado años amparando a los asesinos de tantos y tantos compañeros de partido, era mucho decir entonces, y en este momento histórico algo, como mínimo, sin sentido. En el fondo sentía pena por Ibarra, pese a la puñalada trapera que le había propinado. No había ninguna duda de su compromiso con la democracia y la libertad de los que sufrían persecución en el País Vasco, él incluido. Una parida, un error de hace treinta años, iba a terminar de un plumazo no solo con su carrera, sino con un prestigio ganado a pulso. Se sabía, por los papeles que la Policía, Ertzaintza y Guardia Civil incautaban a ETA de vez en cuando, que Gorka estaba entre los objetivos de la banda terrorista. Precisamente ejercer como vasco de pura cepa, idioma incluido, formando parte de un partido político de ámbito nacional, era algo que los pistoleros no soportaban. Para ellos, el opresor debía cumplir con el estereotipo tantas veces repetido: de derechas, ni idea de como pronunciar una palabra en euskera y vestido con un polo de marca. Ese era el enemigo que tenían en la cabeza los fanáticos, pero la realidad, como siempre, les superaba y contradecía con terquedad. La otra cuestión era quién estaba detrás de esto. Sabía que él no había sido, y dudaba que Almudena tuviese en su mano semejante información. No pensaba descartarla, pero le preocupaba el cariz que tomaban los acontecimientos. Todo el mundo tiene algún cadáver en el armario, y si empezaban a cobrar vida el congreso se convertiría en un barrizal, por no hablar de la imagen del partido. No volverían al gobierno en muchos años, y quizá se lo tuviesen merecido. 




Continuará... 
 





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miércoles, 4 de enero de 2017

Noches de Poder. Capítulo 18. Sábado, 17:00h


Con todas las fichas sobre el tablero, la tarde se presentaba tranquila. Era el momento de volver a dejarse ver por las estancias en las que el congreso transcurría a su ritmo habitual, pese a que todos los delegados eran conscientes de la guerra que se libraba más allá de sus debates ideológicos en cada una de las comisiones de trabajo. Tomás Romero, Gorka Ibarra y Almudena Palacios asistieron a varias de ellas. Intervenían en los intercambios de opiniones y trataban de transmitir una falsa sensación de tranquilidad, incluso de normalidad, a la infantería del partido. También aprovechaban para atender a muchos delegados que se acercaban a ellos para declararles su apoyo o pedirles opinión sobre asuntos que se dirimían en la reunión. Un clásico, definir si el partido era monárquico, republicano o ninguna de las dos cosas, era pregunta obligada a los candidatos. Desde hacía mucho tiempo las resoluciones que salían de estos congresos venían manteniendo una calculada ambigüedad, pese a que las bases eran claramente republicanas. El cálculo electoral manejaba los destinos de la organización desde hacía décadas, cuando se dio el salto al poder institucional tras mucho tiempo en la clandestinidad y el exilio. Hablar de república en España escoraba al partido demasiado a la izquierda para el gusto de los expertos en demoscopia, que aseguraban con sus cocinadas encuestas y estudios sociológicos que acercarse al centro en ese tema atraía más votos de los que se perdían. Siendo el balance positivo, la decisión estaba tomada. En cada uno de los congresos se tejía una mayoría en la comisión que trataba ese tema, para que las propuestas que habían llegado desde los territorios a favor de ese modelo de estado no prosperasen. Y siempre ocurría lo mismo: bronca monumental, acusaciones a gritos de traicionar el pasado y a los muertos... e idéntico resultado en la votación cada cuatro años. En las precarias condiciones en las que ahora se encontraban los tres candidatos, los equilibrios dialécticos para no molestar a nadie eran dignos de los profesionales del Circo del Sol ¿Republicano? Pues claro que soy republicano, Manuel, como lo era mi padre, y mi abuelo. Cuando llegue la votación, cuenta con que estaré ahí, aunque entiende que tal y como se ha puesto la cosa no puedo hacer público el apoyo. Es una lástima que tenga que ser así, ya sabes como es este partido, hay que cambiar las cosas... Los paseos se parecían más a los lances con el capote de los inicios de una corrida de toros. Pase por aquí, pase por allá, y que el bicho siga corriendo. Con maestría, y sin comprometer nada. Vamos, como la mayoría de los toreros de hoy en día. Tomás y Almudena se cruzaron en el vestíbulo, rodeados de sus fieles, se miraron, y Tomás le dijo moviendo solamente los labios un “tenemos que hablar” al que Almudena correspondió con una ligera inclinación de cabeza y un guiño de ojo. A Tomás le pareció que en ese momento era la mujer más atractiva sobre la faz de la tierra, y también la más perversa. Una combinación explosiva. Tendría que alejar ciertos pensamientos de su cabeza cuando se viesen a solas, si no quería que Almudena terminase llevándolo al huerto. Además, no le salían las cuentas. Estaba el último en la carrera, y así no iba a ninguna parte. Antes de la cena tenía que cerrar el apoyo de los catalanes. Sonaba a la utopía de un desesperado, pero tenía una idea. El partido en Cataluña tampoco pasaba por sus mejores días, y a él se le había ocurrido algo para que recuperasen la iniciativa política. Era una propuesta que ni Armenta ni Almudena podían permitirse por su origen, y por tanto tampoco dejarían que Ibarra lo plantease. Pero él, viniendo de Castilla y León, tenía un margen de maniobra mayor. Ningún político catalán había dicho jamás ninguna barbaridad sobre Burgos, cosa que sí había ocurrido en otros casos. Por tanto, era el momento de plantear algo arriesgado, para acabar de una vez con la estrategia histórica de la delegación catalana. Esta vez se mojarían, y de qué manera...


Continuará... 

 

 

viernes, 2 de diciembre de 2016

Noches de Poder. Capítulo 17. Sábado, 12:00h


Almudena Palacios estaba en su habitación, que no se diferenciaba en nada a las otras en las que se estaba cociendo el resultado de ese congreso. Solamente en la atmósfera impregnada del humo de su tabaco negro, y en la composición del cuadro de personas que allí aguardaban a que la extremeña comenzase a hablar. No eran muchos. Almudena estaba acompañada por su segundo, Guillermo Santacruz. Era un hombre joven, no superaba los cuarenta, que había hecho carrera desde las juventudes del partido, aunque hasta hace bien poco había mantenido su trabajo fuera de la organización. Era algo atípico, ya que la inmensa mayoría de los que mandaban algo tenían su vida laboral inmaculada más allá de los sueldos públicos. Junto a ellos, los Primeros Secretarios de Valencia, Castilla la Mancha y Baleares. Si se sumaban a su causa, Almudena lograría el apoyo explícito de 315 delegados. Le habría asestado un golpe terrible a Armenta y su marioneta vasca, y dejado a Tomás todavía con la vida suficiente para poder pactar con ella y ganar el congreso. A pesar de todo, sabía que la situación se convertiría en surrealista, porque ninguno de los tres candidatos tenía una mayoría clara y los acuerdos eran de ida y vuelta. Tomás bien podría pactar con el andaluz y dejarle a ella con cara de tonta. Necesitaba amarrar a las delegaciones que tenía delante, y durante la noche seguir creciendo poco a poco para que nadie pudiese discutir que era el momento de poner a una mujer al mando de la nave. Que ya tocaba, y que ella era la más indicada. Tenía claro que si los primeros secretarios que había en la habitación habían acudido a su discreta llamada, era porque estaban dispuestos a cambiar de bando. Solo faltaba cerrarlo.



- Os doy las gracias por haber venido tan rápido y en estas circunstancias. Sé que no es fácil para vosotros caminar por los pasillos sin llamar la atención, pero creo que todos aquí somos conscientes de la gravedad de la situación. Tomás Romero, al que aprecio, no ha sabido aglutinar una mayoría suficiente para que este congreso fuese el de la unidad, y por ello nos vemos en esta encrucijada. Me preocupa mucho, por si lo anterior no fuese suficientemente importante, que alguien de su confianza como Martín haya decidido abandonarlo precisamente aquí. A pesar de todo, quiero ser sincera: Tomás me sigue pareciendo el mejor candidato a Primer Secretario. Eso no me impide decir que ahora mismo hace falta una tercera vía, y yo voy a encabezarla. Dentro de una hora acudiré a la sala de prensa para comunicarlo a todos los delegados y a la sociedad. Creo que ha llegado el momento de cambiar de verdad. Hace ocho años, con la ayuda de alguno de los que tengo delante, conseguimos que este partido fuese un ejemplo de democracia interna logrando el voto secreto para elegir a nuestro máximo líder. Este congreso debe dar otro golpe en la mesa parecido a aquél. No solo debemos salir fuertes, sino también renovados de verdad. Necesitamos algo que descoloque a nuestro enemigo político, y una mujer candidata a la presidencia del gobierno con verdaderas opciones de ganar es algo inédito en nuestro país. Siempre nos hemos distinguido por ser el partido que hace avanzar a España. Pues volvamos a hacerlo. Quiero vuestro apoyo, hoy, y en la campaña electoral que nos devolverá La Moncloa.



Esa última frase en las palabras de Almudena era de una importancia capital. Porque les estaba diciendo a sus interlocutores que, si ganaba la votación del domingo, ellos estarían a su lado en el camino y en el hipotético gobierno que se formase tras su victoria electoral. Ninguno de los primeros secretarios que escuchaban atentamente gobernaba en su comunidad autónoma. El desastre en todas las elecciones anteriores había sido de proporciones bíblicas. Todos ellos sabían que lo tenían muy complicado para volver al poder en sus territorios, pero la opción de Almudena como presidenta del gobierno sí tenía una oportunidad real de triunfar. Lo que ella les estaba diciendo entre líneas era la definición de un lugar en la historia: un ministerio. La extremeña había decidido sacar la artillería e iniciar el mercado en el que iba a convertirse el congreso antes que nadie. Ofrecía cargos no solo en la ejecutiva del partido, sino en el gobierno que ella encabezaría. Era una apuesta fuerte y para muchos sería incluso algo impropio de ella, pero llegados a este punto no iba a andarse con paños calientes, sobre todo con Armenta a punto de iniciar unas hostilidades sin precedentes.


Los llamados barones que atendían a la extremeña no tardaron en ofrecerle su apoyo, aunque como ninguno había llegado ayer a la política se aseguraron las espaldas ante un eventual acuerdo. Le concederían sus delegados para que esa noche pudiese jugar su partida, pero si llegaba a un pacto con cualquiera de los otros dos contrincantes en liza, ellos deberían poder colocar a personas de su confianza en la dirección resultante. Llegados a estas alturas, nadie quería quedarse con el culo al aire y salir de allí derrotado. Luego habría que dar cuentas en el territorio, y la prensa local también pasaría revista a lo conseguido en Madrid. Con el partido contrario mandando en sus comunidades autónomas, la presión que sus dirigentes ejercerían sobre los periodistas para magnificar cualquier mala gestión en la que pudiesen incurrir en las horas que quedaban de congreso sería brutal, y lo que menos necesitaban era darles la coartada perfecta. Con esos mimbres, Almudena Palacios dio la orden de convocar a los medios de comunicación en la sala de prensa para las dos y media de la tarde. Era una buena hora, porque sus declaraciones llegarían a tiempo para los informativos de la mayoría de cadenas de televisión, y comenzaría de esa manera la presión social que necesitaba para afianzar su discurso y convencer a los indecisos, y a los que ahora formaban parte de otros bandos. Era ahora, sí, oficialmente candidata a Primera Secretaria del partido, y el cargo, en su caso, tenía más sentido que nunca. Sería la primera mujer en lograrlo, y eso también le venía como anillo al dedo. El lobby feminista del partido, transversal a la división en delegaciones, iba a ser otra importante baza para ella. Podría conseguir votos de mujeres encuadradas incluso en las delegaciones de Romero, Ibarra o Armenta. Sería incongruente que tras años pidiendo una mujer al frente de la organización, ahora se rindiesen a las cuentas de la vieja que durante décadas se venían haciendo en estos congresos solamente sustentadas en el peso territorial de cada federación autonómica. Eso se acabó.



 Continuará...







domingo, 27 de noviembre de 2016

Noches de Poder. Capítulo 16. Sábado, 11:00h

El Canal 24 Horas de noticias de Televisión Española iba a comenzar sus conexiones en directo desde el hotel. Tomás Romero se había adelantado a todos al convocar a los medios de comunicación para una rueda de prensa. Entre sus asesores se encontraba Fernando Salán, que formaba parte de la delegación de Castilla y León, concretamente de Palencia. Periodista con media vida en la comunicación de grandes empresas, había tomado las riendas esa mañana a primera hora para, en primer lugar, mantener hilo directo con los principales redactores desplazados hasta el hotel, y también con sus jefes en las plantas nobles de los periódicos. Quería saber si les venía algún ataque sucio de sus contrincantes, y de paso obtener información sobre apoyos y desencuentros. Incluso podría encontrarse con alguna deserción en su propio bando que había sido filtrada a la prensa local. Había que estar atentos en todos los frentes. La organización del congreso había preparado una sala de prensa con más de cien puestos para que los profesionales de la información los ocupasen con todo tipo de aparatos electrónicos conectados a Internet. Sus cuentas de Twitter ya echaban humo desde primera hora de la mañana, cuando se conoció la segunda candidatura encabezada por Ibarra, y el rumor - porque eso era hasta el momento - de una tercera había generado en los periodistas algo parecido a lo que la sangre provoca en un vampiro desnutrido y sediento. Un atril con la imagen y el lema del congreso, del que salían dos finos y modernos micrófonos para que el sonido pudiese recogerse en cada uno de los puestos de los periodistas y en las tomas para las cámaras al final de la sala, era todo a lo que se agarraba Tomás en ese momento. Iluminado por focos de luz fría para evitar el sudor, su silueta se recortaba sobre el fondo rojo y blanco en las pantallas de plasma repartidas por la sala de prensa, y también por el vestíbulo del hotel, donde se arremolinaban muchos delegados esperando escuchar las últimas noticias de boca de uno de los principales actores de aquella tragedia. Ibarra, Armenta y Martín estaban en la habitación, sentados en las camas frente al televisor. Nadie había visto a Almudena Palacios en toda la mañana.


- Quiero agradecerles a todos su presencia en el congreso de nuestro partido. - Tomás comenzó su alocución mirando a los periodistas, y no a las cámaras. Así era del gusto de Salán, el experto en comunicación, aunque otros tenían la teoría contraria para que el mensaje ganase efectividad. - Estamos ante un momento histórico para esta formación política, y más de mil personas trabajan durante este fin de semana para que recuperemos la confianza de los ciudadanos y podamos gobernar el país desde los valores de la solidaridad y la igualdad. El gobierno actual solo ha hecho crecer los grandes patrimonios de los que ya eran muy ricos, pero nada ha querido saber de aquellos que están sometidos al yugo del paro o la precariedad laboral. Ese futuro incierto que millones de españoles se ven obligados a sufrir es el que queremos cambiar. Porque con este gobierno sí hay algo cierto. La seguridad de un futuro peor es algo que está garantizado, y no vamos a permitirlo.


Martín se dio cuenta enseguida de la estrategia de Tomás, y así se lo comentó a sus compañeros de habitación. Se estaba presentando como un candidato electo. No era un aspirante a Primer Secretario. Era el candidato a presidente del gobierno. De esta manera, todo el que escuchaba su discurso tendía a pensar de forma automática en esa imagen, como si no hiciese falta votar al día siguiente. Además, esta táctica, unida a que se les había adelantado al comparecer, haría que los siguientes en someterse al escrutinio de los medios apareciesen como opositores, y no como legítimos dueños de una mayoría sólida en esos momentos. La jugada, al menos en lo mediático, le estaba saliendo bien a Tomás, y Armenta estaba bastante incómodo. Había llamado a su director de comunicación en la Junta de Andalucía, que también andaba por el congreso, para decirle a gritos que era algo impresentable que se les hubiesen adelantado de esa manera. Para ser exactos, le dijo a su subordinado que Romero “les había robado la cartera”.


- Sr. Romero, desde hace unas horas su candidatura ya no es la única, y este periódico ha adelantado que incluso podrían ser tres en estos momentos las personas que luchasen por el puesto de Primer Secretario. Además, esta usted en minoría según todas las fuentes consultadas, y la candidatura que más apoyos aglutina es la de Gorka Ibarra. ¿Va a retirarse de la carrera y asumir que no cuenta con suficientes voto


Le había dado a Ana Márquez la oportunidad de preguntar la primera con un leve gesto de su mano cuando termino de hablar, y fiel a su estilo nadie pensaría que pocas horas antes le había concedido, precisamente ella, la oportunidad de seguir en esa carrera por el poder.


- Creo que debería consultar mejor sus fuentes, sobre todo en lo que se refiere a los apoyos de unos y otros. Si no me sintiese respaldado, si llegado el momento tuviese la certeza de que la mayoría de los delegados aquí presentes no apoyan mi candidatura a Primer Secretario, sería el primero en dejar paso y apoyar a quien ostentase ese aliento de las bases de nuestro partido, tan necesario para poder volver a gobernar para todos los ciudadanos y no solo para unos pocos.

- Pero es consciente de que, más allá del recuento que ahora hagamos, tiene una fuerte oposición. - Márquez no quería soltar el protagonismo, consciente de que la televisión emitía en directo y había mucha gente pendiente de lo que allí se decía.

- Si no lo fuese sería un temerario. Precisamente por eso he querido comparecer esta mañana, y hacer saber a la opinión pública lo que ya he comunicado a los que legítimamente plantean una alternativa a la candidatura que encabezo. Mi mano está tendida para integrar y salir de este congreso más unidos que nunca, sabiendo que nuestro enemigo no se encuentra en este hotel, sino en las políticas que el gobierno realiza y que generan tanta pobreza y desigualdad en nuestro país. No debemos perder más tiempo del necesario en cuestiones sobre el liderazgo, porque lo que nos une ideológicamente debe estar por encima de las personas. Por ello estoy dispuesto a sentarme de inmediato para lograr una única candidatura en la que todas las sensibilidades que están aquí representadas se sientan identificadas.


Mientras, unos pisos más arriba…


- Qué hijo de puta. - Exclamó Gorka Ibarra tendido por completo en la cama. - Se acaba de poner en el centro de la pista dirigiendo el circo, y encima se permite decir que tiende la mano, cuando está más muerto que vivo. Ni se le ha movido un músculo de la cara cuando ha dicho que nos había ofrecido dialogar, la hostia…

- Ya, pero nos está poniendo en una posición comprometida. - Contestó Martín. - Vamos a tener que salir en breve para contrarrestar todo esto, o pareceremos unos conspiradores romanos que solo quieren apropiarse del poder a toda costa. Joder, qué más da que mienta o no sobre el ofrecimiento para negociar un acuerdo. Memoriza todo lo que está diciendo, Gorka, porque vas a tener que repetirlo casi de forma exacta dentro de un rato. En esta batalla solo podemos aspirar a unas tablas, y con suerte, si queremos vencer en la guerra. No ganaremos nada proclamando a los cuatro vientos que tenemos la mayoría, porque eso ahora mismo solo vale para el consumo interno. Hay que mostrarse igual de conciliadores, y cimentar nuestra alternativa precisamente en la base de su discurso. Crees que tú y el equipo con el que cuentas sois los más preparados para llevar al partido de nuevo al gobierno, y estás dispuesto a mejorar ese capital humano con la integración de gente como el propio Tomás y bla bla bla... Si él no lo dice ahora, quizá debamos ponerle en situación de contestar a la prensa si le ofrecemos ser tu segundo. Secretario de Organización, por ejemplo. Tendría que explicar por qué no accede si eso supone llegar a una candidatura de consenso.


Armenta, que no dejaba de mirar a la televisión, asentía con cautela a las palabras de Martín. La rueda de prensa iba terminando, con preguntas que permitían a Tomás repetir su discurso una y otra vez. Ni una mala palabra para ellos, diálogo y unidad para vencer a los actuales gobernantes. Impecable. El burgalés no se bajaba de la burra, y pensaba luchar hasta la última noche. Era algo previsible, pero la introducción en la ecuación de la variable extremeña había dejado a Armenta con muchas dudas sobre la idoneidad de su apuesta. Puede que hubiese que cambiar de caballo a mitad del río, aunque no fuese algo recomendable desde la estrategia política. Lo pensaría más adelante. Dejaría pasar la tarde, sobre todo para poder escuchar a Almudena. Lo primero ahora era enviar a Gorka Ibarra a esa sala de prensa para que se dejase ver y le diese a su candidatura una marca de oficialidad, que era lo que acababa de hacer su competencia. Tomás estaba consiguiendo demasiado oxígeno entre las jugadas propias y los acontecimientos propiciados por terceros, y si no cambiaban esa tendencia podían verse en una posición comprometida dentro de pocas horas.

Continuará...



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