miércoles, 15 de agosto de 2007

Segunda vida

La primera vez que entré en Second Life me atracaron. Así, en crudo. Después de haber realizado el tutorial de iniciación a la segunda vida entré en el mundo virtual, dando con mis virtuales huesos en lo que parecía ser una urbanización en las afueras de una gran ciudad. Ante mí, tres señores vestidos como los Reservoir Dogs, con un deportivo rojo, me pidieron la pasta en un perfecto inglés. Contesté como pude que era nuevo, que acababa de comenzar mi segunda vida y no había tenido tiempo de especular con ningún terreno en el nuevo mundo y hacer fortuna, por lo que carecía de los 'linden' (moneda virtual) necesarios para satisfacer su petición. Bien instruido en la dura vida de los colegios públicos, decidí echar a correr y en ese momento escuché el primer disparo, aunque mi salida por patas no sirvió de mucho, ya que una bonita jaula cayó del cielo para impedirme los movimientos mientras los de Tarantino seguían cosiéndome a balazos. Apagué el ordenador en medio de aquella espiral de violencia virtual y no han vuelto a verme por Second Life. Hasta luego cocodrilo. Antes la segunda vida era tener una querida y ponerla un apartamento, si se tenía dinero para el asunto claro. Ahora se ha complicado mucho. He leído que SL se está quedando para sexo y casinos, cosa que no me extraña si reciben a tiros a la gente. A este paso, la forma más segura de andar por esos barrios será afiliarse a la Asociación Virtual del Rifle. En la retina tengo las imágenes de los informativos que mostraban la sede virtual del PSOE en SL ardiendo por los cuatro costados. Las cosas que pasan. Y es que estamos en un momento en el que incluir la palabras mágicas "Second Life" en un comunicado de prensa destinado a los medios de comunicación es garantía de espacios informativos gratuitos en franjas de máxima audiencia. Como el mitin de Llamazares, que quizá tuvo más cobertura mediática que cualquiera de los que ofreció fisicamente durante la campaña. En este aspecto la moda pasará, y solo los primeros habrán conseguido ligar su nombre o marca a la imagen moderna que proyecta este mundo en la red. En lo que se refiere al usuario medio, voy a poner un ejemplo de esta misma mañana: Con más de ocho millones de usuarios registrados solo estaban on-line 29.044 de ellos. No dudo que Second Life vaya a tener su público, pero no creo que sea el fenómeno de masas que muchos predijeron en sus comienzos. Todavía hay mucha gente que prefiere una segunda vida más real. Y no me refiero sólo a tener una querida...
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