viernes, 27 de febrero de 2009

Apocalypse Mail

Para los que buscan señales de la llegada del fin del mundo, el apocalipsis y el advenimiento de la bestia que terminará con la civilización tal y como la conocemos, la mañana del martes 24 de Febrero de este año no habrá pasado desapercibida. Fue hace cinco días, y alguno todavía no se ha recuperado del susto. No piensen que en los cielos se dibujo la estela de fuego de un cometa o que de las entrañas de la tierra comenzaron a salir vapores que envolvían el mal y precedían a las tinieblas. El Carrión tampoco se tiñó de rojo; lo que pasó, simplemente, es que Gmail, el gestor de correo electrónico de Google que en España utilizan seis millones de personas y más de cien en todo el mundo, dejó de funcionar... y se hizo la oscuridad. Los gritos de pánico de usuarios desolados se oían en Twitter, mientras otros, más relajados, contribuían a la distensión haciendo chistes con la cuestión, quizás agradecidos por la pausa que el gigante Google les había proporcionado en su jornada laboral. Había de todo, como en botica, pero el sentimiento común de desamparo se dejó sentir de forma palpable en toda conversación que se producía en la red.

Durante estos días serán muchos los que aprovechen para advertirnos del poder que tiene sobre nosotros el gran hermano Google, y los peligros que bajo ese manto de empresa simpática nos acechan como pobres mortales. Es lógico. También cuando se va la luz nos acordamos de los primos, hermanos y demás familia del responsable de la empresa eléctrica. El hecho de que los servicios de Google, en su mayoría, sean gratuitos, no debe suponer la concesión de una bula total por nuestra parte, dejando así de ser vigilantes con la actividad y el funcionamiento de las herramientas que utilizamos. El fallo del pasado martes duró varias horas, algo imperdonable cuando existen multitud de personas y empresas que dependen de Gmail para su trabajo diario. Muchas de ellas previo pago, por cierto.

Tememos la oscuridad. Perder los privilegios que nos han otorgado los avances tecnológicos provoca en nosotros sensaciones escondidas en lo más profundo de nuestro código genético, pero eso nunca nos ha impedido seguir avanzando al abrigo de nuevos y mejores recursos nacidos de nuestro afán por progresar. Los fallos son necesarios para darnos ligeros toques de atención y no dormirnos en la creencia de que todo esta conquistado. Nos hacen estar alerta. Nos obligan a exigir más.


Publicado en Diario Palentino. Edición Impresa





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