viernes, 3 de abril de 2009

Conectados y Productivos

Cuentan los más ancianos del lugar, que en tiempos pretéritos existían empresarios que, al ser preguntados sobre eso llamado Internet, contestaban que en su negocio habían dado las instrucciones oportunas al departamento pertinente para que nadie pudiese hacer uso de esa herramienta diabólica dentro de los muros de su empresa. Aducían los visionarios que la permisividad con el invento provocaría que los empleados se pasasen la mañana viendo páginas llenas de guarradas, y cuando se hartasen de contemplar senos recauchutados pasarían a cualquier sala de chat del incipiente IRC-Hispano, donde intentarían por todos los medios convencer a lo que ellos creían era una exuberante estudiante de medicina de Albacete para quedar en la capital del reino a intercambiar unas horas de gozo. Con este panorama dantesco en la cabeza de personajes propensos a la desconfianza, el corte de la conexión era lo habitual en numerosos trabajos, aunque la realidad fuese que la mayor parte del tiempo se consumía en buscar información; en rastrear los nuevos canales que la red ponía a disposición de una nueva generación de trabajadores que explotaba su talento más allá de lo que les exigía un jefe desconocedor de las ventajas que suponía para su cuenta de resultados la combinación de ingenio, iniciativa e Internet.

Esta misma semana hemos conocido, a través de un estudio realizado en la Universidad de Melbourne, que las personas que usan Internet en el trabajo para sus asuntos propios son un nueve por ciento más productivas que el resto. La necesidad de desconectar en algún momento, para luego volver a la tarea mucho más concentrado, es la clave del asunto, ya que estas pausas conectan la mente con el resto del cuerpo y ayudan a la atención que uno presta a las cuestiones diarias del tajo. Qué desastre. Con la de dinero que se han gastado algunos en cerrar las puertas y que nadie pudiese abrir el correo de Hotmail o conectarse a Facebook. Habrá que buscar al profeta de la catástrofe o gurú económico que recomendaba a sus clientes censurar ciertas páginas para ingresar más. Se ha lucido.

Independientemente de lo que demuestra este estudio, hoy es inconcebible una empresa que no permita a sus trabajadores el uso de redes sociales y demás para desempeñar su labor. La conexión, la participación, compartir, dialogar... son sinónimos de conocimiento necesario para cualquier negocio, y en la mayoría de ocasiones son las redes personales del capital humano de una empresa las que permiten la ejecución de grandes operaciones. Si además pillan con la de Albacete, o con un señor de Murcia, pues mejor.


Publicado en | Diario Palentino. Impresa, Lasideas.es



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