jueves, 23 de julio de 2009

Desde la Moncloa

De las leyendas que pueblan nuestra vida política nacional, a diestra y siniestra, una de las más usadas por periodistas y miembros de la oposición es la que adjudica al inquilino de la Moncloa un número determinado de años antes de padecer el síndrome que lleva el nombre del edificio. Según la sintomatología definida tras lustros de artículos, columnas y tratados, después de una temporada habitando tras los muros que representan el poder en nuestro país, el sentido de la realidad salta por la ventana a la misma velocidad que el común abandona al elegido. Esta elitista y enigmática enfermedad, que sólo ataca a una persona pero puede afectar a millones por las decisiones que se toman bajo su influencia, tiene los días contados gracias a Internet en forma de fármaco.

Les cuento. El asunto es que la Secretaría de Estado de Comunicación acaba de iniciarse en el camino de la conversación en la red, creando para ello su propio espacio en una de las herramientas de la web 2.0 de moda: Twitter. Tras los primeros saludos, y en menos de dos horas, más de 500 personas ya seguían la actualidad del gobierno en esta red de mensajes cortos - sólo permite 140 caracteres por cada uno de ellos - preguntando, aportando y compartiendo. Hoy son más de 2.000 los apuntados a la charla con el ejecutivo. Nos queda un trecho para llegar a los 10.000 que siguen al gobierno de Estados Unidos, o a los casi dos millones - ¡dos millones! - de ciudadanos a los que Barack Obama puede dirigirse con sólo pulsar una tecla en su Blackberry. Parecen números lo suficientemente importantes como para darle al tema la importancia que merece.

Comienza a estar pasado de moda lo de renegar de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Pasó también con el teléfono móvil. ¿Recuerdan? Durante un año y poco más, todos soportamos a varios amigos que se cortarían la mano antes de entregarse a la esclavitud que suponía llevar el aparato encima todo el día. Antes muerto, decían. Ahora sólo pelean para que la factura corra por cuenta de la empresa. Los nuevos canales nos permiten la comunicación directa con muchos estamentos que antes eran compartimentos estancos. Si el síndrome de la Moncloa existe, está bastante más extendido de lo que pensábamos. Al final, las píldoras de realidad que han de convertirse en el antídoto perfecto llegarán a través de la perseverancia de la ciudadanía por convertirse en sujetos activos del buen gobierno.


Publicado en | Diario Palentino. Edición impresa | Lasideas.es




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