miércoles, 23 de septiembre de 2009

Spotify. Música 2.0

Lleva algo más de un año con nosotros, pero es en estos últimos meses cuando Spotify ha dado el salto de calidad para convertirse en la aplicación de cabecera a la hora de escuchar música en la red. El sistema es sencillo. Tras descargarse el programa, podrán ustedes crearse una cuenta que les permitirá escuchar miles de canciones de forma gratuita, con una calidad perfecta y sin necesidad de descargarlas en su ordenador. En esta modalidad tendrán que soportar algo de publicidad de vez en cuando, aunque los responsables del invento aseguran que no llegan ni de lejos a los enormes bloques de anuncios con los que nos torturan las radio fórmulas habituales. Si no quieren nada de publicidad, tendrán que pasar por caja. La cuenta premium tiene un módico precio de diez euros.

Los tiempos de la mula, Ares y otros programas de descargas, las agónicas esperas para bajar música mientras se le acusa a uno de criminal y de la muerte de Manolete, tocan a su fin. Escuchar música en Spotify es completamente legal. Los acuerdos de la empresa con las discográficas permitirán a muchos volver a ser buenos chicos y no tener que vivir con la espada de Damocles - la SGAE, en definitiva - sobre sus cabezas.

Lo que se llama el cambio de modelo de negocio, resumido en la necesidad de que la industria musical comprenda que no puede seguir vendiendo de la misma forma y al mismo precio, se encarna en aplicaciones como Spotify. Los autores seguirán cobrando sus derechos; luego es cuestión de la empresa hacer el asunto rentable. Las cifras son otro de esos arcanos de la red, aunque me da la sensación de que no les estará saliendo barato ofrecernos un catálogo de canciones tan amplio. Soluciones como ésta vienen a demostrar que es posible un escenario en el que disfrutar de la música sea compatible con una contrapartida aceptable y además no nos quedemos sin gente con ganas de componer. Fomentar la cultura del gratis total es el peor favor que podemos hacerle a la Cultura. La creación debe ser recompensada, pero los que dicen defender al colectivo tienen que moverse hacia posturas más realistas con los tiempos que corren. Contra los que se empeñan en seguir vendiendo gramolas, Spotify es una señal que nos indica el camino a recorrer para llegar a verdaderas soluciones compatibles con la prosperidad de la industria y la satisfacción de los consumidores.


Publicado en | Diario Palentino. Edición impresa | Lasideas.es



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