martes, 1 de diciembre de 2009

Lobby con piel de cordero

La inclusión, dentro del anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible, de la posibilidad de cerrar páginas web que incluyan enlaces a contenidos sujetos a derechos de autor sin pasar por el juzgado, es un triunfo innegable de algo que España comienza a florecer y que en Estados Unidos se ha convertido casi en la piedra angular de la política. La actividad de los lobbys, esas personas o grupos con capacidad de influencia sobre el legislador, aparece de esta forma en todo su esplendor. Con una capacidad táctica merecedora de premio, mientras en los despachos y locales de hostelería el lobby trabajó a destajo para incluir el texto preciso, en la calle varios artistas y compositores, convertidos en agoreros del desastre musical, dejaban caer la lágrima para reivindicar sus nada humildes retribuciones. Al gobierno rogando, y con el lápiz sumando.

Mi postura en esto es conocida. Soy partidario de defender el trabajo intelectual y la creación cultural, que da de comer a mucha gente en este país. No me sumo con alboroto al linchamiento popular de la SGAE , aunque algunas de sus actividades me parezcan, cuando menos, discutibles. Creo que se debe cambiar el modelo de negocio de la industria musical - y de los bancos también -, y que gran parte de los problemas que tiene ahora son fruto de haber querido ponerle puertas al campo durante muchos años, en los que perdieron un tiempo valioso y la evolución tecnológica y social de la red les superó. La cultura que algunos tanto dicen defender y que en muchas ocasiones pagamos con nuestros impuestos debe ser accesible para todos los ciudadanos. No creo que los sistemas P2P sean delictivos, aunque están haciendo un tremendo daño a la industria, y así lo digo. Tras dejar todo esto claro, me parece muy preocupante y peligroso lo que ha ocurrido con esta nueva ley. Ahora deberá explicarse qué es lo que ha pasado, y por qué un texto que debería tener un protagonismo natural por lo que significa para el futuro de España se convertirá en objeto de polémica para satisfacer el interés particular de un sólo sector del tejido industrial español, y no precisamente el más importante. Son errores que generan inquietud, fatales para la imagen del Gobierno, pero lamentablemente comenzamos a estar acostumbrados.


Nota: El título de esta entrada es una evolución de la publicada en el blog de mi buen amigo César Calderón.

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