lunes, 8 de febrero de 2010

Almunia o el comisario Cantinflas

Debe de ser un gran puesto el de Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios. Y más aún Comisario de la Competencia. Grandes puestos en una gran Comisión Europea, esa superestructura en la que los países de la Unión depositamos una parte de nuestra soberanía a cambio del baile de salón más caro y más oscuro de la historia de un continente plagado de hechos trágicamente costosos y ocultos en los entresijos del poder. Pero es así, hemos evolucionado a un modelo de construcción supranacional en el que la democracia y la ciudadanía como sujeto de derechos —entre otros el de decidir quién es el presidente y quiénes son sus consejeros— permanece ausente del dialogo político. Es evidente que no tenemos madurez para tomar decisiones de tanta trascendencia. La calidad de nuestro sistema debería haber multiplicado su valor con el desarrollo tecnológico y cultural, con la extensión de la información. Pero ya ven. Aquí estamos, con Jefe del Estado que lo es por pertenecer a una familia, y ahora, con gobierno europeo y superministro de la Competencia que lo han decidido no sé donde, no sé quiénes, no sé cuándo y, desde luego, no sé por qué. Yo no sé quién ha elegido a Barroso, uno de los de las Azores. A Joaquín Almunia lo eligieron secretario del PSOE porque lo mandó González mucho antes de veranear en Marbella. No sé si lo erigirían ahora los socialistas, que tuvieron que soportar cómo se desintegraba el gobierno de Felipe entre la corrupción, pero que aguantaron el tirón por lo que representaba el PSOE. La lealtad de su militancia engrandece a esa formación. Pero los españoles no tuvieron que ser leales a un funcionario gris del que lo único que podía decir bueno González cuando lo presentaba en sociedad era que tenía la mirada limpia. Así que los españoles hundieron su precaria carrera política que se había sazonado con un pacto incomprensible con IU: un pacto sin principios, un pacto tómbola auspiciado por quien había llegado al cargo para prevenir la conquista del PSOE por parte de Borrell y de la izquierda. Un pacto para tapar las vergüenzas de una derrota anunciada. No había ganado ni las primarias. Y según dicen, no ganaría ni en la comunidad de vecinos. Ni en su casa, dicen. Y por eso ahora está en el lugar adecuado. Donde no es necesario someterse a votación y además se manda mucho. Ahora, Almunia contribuye a hundir nuestro país, y a los otros donde gobierna la izquierda mediterránea, porque no nos sumamos al carro de cargar la crisis sobre los trabajadores. Almunia alerta de nuestra situación: como lo hizo cuando se nos vino la crisis de los especuladores. ¡Ah no! Entonces se le pasó, vaya. Almunia baila de cargo en cargo como los especuladores hunden las cuentas de los países que no responden a sus negocios. Discrepo en mucho de la gestión de Zapatero. Pero ante los miserables, cuenta con todo mi apoyo. Y gana elecciones, no como el otro perdedor. Almunia es el nuevo Comisario Europeo de Incompetencia. Más bien un sheriff de película de Cantinflas. Un perdedor resentido.



(Reproduzco el artículo completo y no en su fuente original porque desaparece el enlace tras una semana)

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