lunes, 29 de marzo de 2010

Suavemente me Matas


Ya desde el pasado verano, recorrer las calles de Palma a bordo del clásico coche de caballos incluía en la visita turística el famoso palacete adquirido por el que fuera Presidente del Govern de les Illes Balears. Dentro de la habitual charla con la que el guía suele torturar a los usuarios del servicio, se dejaba caer con cierta sorna y mucha maldad lo curioso de la adquisición, y la ingente cantidad de euros que habría tenido que desembolsar Jaume Matas por el chamizo. Él, o quien fuese, que luego con estas cosas nunca se sabe. Al sumario les remito, para conocer los detalles escabrosos.


Rosa Estarás, que duró medio asalto sucediendo a Matas al frente del Partido Popular de la comunidad, comentó que "la historia pondrá las cosas en su sitio". De las frases sin compromiso, vacías de contenido y por cumplir, que duermen el sueño de los justos en las hemerotecas esperando un momento para volver a la palestra, puede que ninguna como ésta haga justicia a la situación que vive el que también fuera Ministro de Medio Ambiente con José María Aznar. La historia está poniendo, más que las cosas, a cada uno en su sitio. Que no es lo mismo, aunque lo parezca.

La lluvia incesante de detenciones, visitas al trullo y escándalos de diversos pelajes es un sirimiri que suavemente va impregnando la marcha de Mariano Rajoy hacia la Moncloa. Mientras el líder del PP afirma que será implacable con la corrupción, Matas se larga de la formación porque a él le da la gana. Me voy antes de que me echen, será la conclusión lógica de la salida, pero tampoco es lo mismo coger la puerta por iniciativa propia que salir por ella volando como en las películas del oeste americano. Por aquello de la historia, me refiero. Ser implacable es demostrar que la mano no tiembla cuando se aspira a gobernar un país de una forma radicalmente distinta a lo que hicieron los propios en Baleares. O eso esperamos la mayoría. Nada tiene que ver con dejarle la salida fácil, la última bala, a quién la Fiscalía Anticorrupción pide prisión con fianza de tres millones de euros. Una ventaja personal, por cierto, negada en su día a muchos otros militantes con bastante menos carga judicial en su ficha. En esto, como en la vida, siempre ha habido clases. Uno no tiene una escobilla en el baño por valor de trescientos euros si es un pelanas. Por favor.

Esa lluvia fina, también llamada calabobos, está comenzando a dar avisos de convertirse en un chaparrón que amenaza con llevarse por delante a más de uno en la estrategia de ni un paso atrás que se barrunta en la calle Génova. Los deseos de Rajoy hacia su otrora ejemplo de buen gobierno se quedan ahora en el anhelo con la boca pequeña para que se defienda si puede. Ahí te quedas, Contreras. Triste final para quién representaba lo mejor de las esencias de la gestión del PP al frente de una administración, y llegó a poner sus ilustres posaderas en el Consejo de Ministros. Debería preocuparse Rajoy. Al final, como en la película, hay demasiada gente que le enamoró rápidamente, pero de la que en realidad no sabía casi nada...

Artículo original en Estrella Digital



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