Yo no entiendo mucho de estas cosas, y tampoco quiero meterme en ningún lío con el poder judicial. A las cuestiones con togas de por medio uno les tiene respeto desde joven, que ya lo cantaba Sabina en una de sus magistrales canciones. La de los trenes al norte. Juventud, divino tesoro. No por ello deja de sorprender que ahora se pueda intentar empapelar a un juez de la Audiencia Nacional haciendo las cosas, por decirlo finamente, como el culo. Es posible que estemos ante una nueva fórmula para acercar la administración de justicia a todo el mundo. Sí. Algo como la sanidad universal, pero aplicado a la justicia. Si le duele a usted un pie, lo más normal es que tras autodiagnosticarse durante unas horas -o días-, se decida finalmente por acudir a un médico que le guiará con su infinita sabiduría hasta la verdad del mal que le aqueja. Así el problema quedará solucionado. O no. Pero al menos sabremos cuál era la versión acertada. Pues Luciano Varela, que es el magistrado que va a sentar a Baltasar Garzón en el banquillo, se ponga Jiménez Villarejo como se ponga, ha comenzado una actividad bastante parecida. A partir de ahora, y siguiendo esta doctrina, cualquiera podrá acusar y redactar su escrito, aunque sus conocimientos sobre el derecho sean los del código de circulación, ya que el juez instructor del caso les indicará dónde están sus fallos y la forma de corregir la chapuza para que el asunto pueda seguir adelante y Garzón a su casa. Así se hace, falangistas, no me pongáis estas chorradas en el texto porque al final os lo voy a tener que devolver, y éste se nos marcha vivo. No me seáis soberbios y ceñíos al caso, que siempre tenéis que meter a Carrillo por el medio, y ahora no toca.




Como ya les he dicho que yo de temas legales sólo conozco los que me afectan, y sin mucho interés, he leído declaraciones de algunas personas que de esto saben un rato, y no salen de su asombro. Por no hablar de lo que dice la Fiscalía, que no da crédito a lo que pasa. El nuevo procecimiento tipo "hágalo usted mismo" parece ser algo inédito, ya que antes estas cuestiones terminaban por la vía rápida. A aprender a Salamanca. Y no me saturen el sistema, que les crujo.

Parece éste otro episodio más en la serie de un sinsentido. Sólo hay que leer los periódicos para ver como ahora se apela a las reuniones de brujas alrededor de la marmita para llamar "carcamales resentidos" a los que piden dignidad y justicia para sus familiares asesinados por el régimen franquista. Así se dirige un gobernante a los ciudadanos. Con un par. Y decían de Pedro Castro... Precisamente por aquellos aprendices de brujos, iluminados de la dictadura que pretendían el milagro de los pantanos y las suecas sobre las tumbas sin nombre de los vencidos, tenemos un país sin memoria y una sociedad que pelea contra unos miedos que calaron tan hondo como las fosas de la vergüenza que hoy salen a la luz. En esto hay culpables, no seamos hipócritas, y más de tres décadas sin llamar a las cosas por su nombre son demasiado tiempo. Hasta para España.