viernes, 9 de abril de 2010

Legislar desde las entrañas

Hablar del Código Penal cuando nos enfrentamos a casos tan dramáticos como los asesinatos de Mari Luz Cortés, Marta del Castillo o Cristina Martín, hace que nos centremos en una parte del problema que probablemente no impedirá que estos crímenes sigan sucediendo. Desde el punto de vista de las familias, es comprensible la aspiración legítima de ver cómo los responsables pagan con creces la crueldad de su acto y el irreparable daño que les han causado, sea menor de edad o no el autor del delito. Nadie puede ponerse en su lugar, ni lo lograríamos si lo intentásemos. Mención aparte merece el hecho de que algunos políticos se hagan la foto junto a los que acaban de perder a su hija para vocear a todo el que lo quiera oír eso de “¿A qué tenemos que esperar para legislar?”. Lo ha hecho Mariano Rajoy, en algo que ya es un hábito en su proceso de enfundarse todas y cada una de las banderas que le pasan sus asesores. Lo mismo da la reforma del Código Penal para ser más duro con los menores que cometen delitos, que aquella defensa de Navarra en la que se embarcó, y que habría hecho saltar las lágrimas al mismismo Sancho III. De risa, quiero decir.





Pone el objetivo Rajoy en las urnas, y se aferra a la mano dura marca de la casa. Siempre que la derecha apela a la firmeza para ser implacable con el crimen suelen salirle bien las cosas, y Mariano no es de los que improvisen. Se aplica en su rol de candidato, aunque todavía no hemos visto nada suyo que nos haga pensar que puede llegar a ser un digno presidente. Como buen candidato, se echa a las espaldas la mochila llena de demagogia, más o menos barata según el caso, y pasea con ella por España emulando a Antonio Labordeta y sus paseos por los pueblos del reino. Cierto es que los de éste último tenían bastante más interés y estilo que las del líder de la oposición.

No pensar en el sistema educativo, en los valores de los que se impregnan los jóvenes, al ver por televisión los terribles crímenes de los que son capaces unos simples adolescentes, es querer hurtar el verdadero debate a este país para llevarlo por los derroteros de la víscera. También es tener nula capacidad de autocrítica. Los países con las leyes más severas, incluidos aquellos que aplican la pena de muerte, están lejos de haber solucionado sus problemas con respecto a éste y todo tipo de crímenes. El castigo posterior no hará que las víctimas vuelvan a estar entre nosotros. Poner diques de contención a la agresividad y detectar a un menor que puede estar en riesgo es tarea de un sistema educativo que necesita cambios urgentes y profundos. Pero mientras esas reformas se ven atascadas en la búsqueda de un pacto que se ha convertido en una utopía, desde el Partido Popular vuelve a usarse el manual básico de la derecha política junto a la calculadora electoral. La búsqueda del voto apelando a la entraña, en vez de la apuesta ideológica para captar al electorado. Esto mismo, con una mayoría clara en el Parlamento, se convierte en legislar a golpe de Telediario. No me extraña que en Italia cada vez haya más políticos cuyo mérito más destacado es ser estrella de la televisión, o dueño de la misma.

Artículo original en cuartopoder

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