jueves, 13 de mayo de 2010

El día de la bestia

Hay que alimentar a la bestia. Su última indigestión, en forma de hipotecas basura desembocada en crisis económica mundial sin precedentes, le provocó un ligero bajón de azúcar que ahora se apresta a solventar con el mismo menú que generó el empacho. Los mercados financieros, la economía irreal poblada de especuladores y agencias de calificación, culpables de habernos llevado al borde de la bancarrota mundial por la ingeniería contable y el artificio en los balances, piden la sangre de los que todavía se resisten a solucionar los problemas que el bicho genera, sin hacer pagar a los más débiles. Los aullidos en la noche de los grandes fondos de inversión, controlados por cuatro que nos hacen la vida imposible a muchos millones, alertaron a sus guardianes diurnos. Fieles a sus amos, hicieron las llamadas necesarias, presionaron sobre las personas adecuadas, y la nueva víctima estaba sobre el altar del sacrificio.



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