jueves, 26 de agosto de 2010

El precio de un rescate

No importa que ya estén en casa. Sanos y salvos. Da igual que se haya solucionado de forma satisfactoria el secuestro más largo que Al Qaeda ha llevado a cabo en el Sáhara, y en el que desafortunadamente se vieron involucrados ciudadanos españoles. La imagen de los dos cooperantes, Albert Vilalta y Roque Pascual en el aeropuerto de Barcelona, junto a sus familias y agradeciendo al Gobierno de España las intensas gestiones para devolverlos con ellas, provoca aperturas de úlceras en muchos que sólo ven en cada hecho un punto de apoyo para su palanca de acoso y derribo al ejecutivo socialista. La  gran noticia no importa, sólo el objetivo final.

Al comienzo de este secuestro tuvimos que soportar tremendas declaraciones de escritores convertidos en histriones, llegando a decir, poco menos, que estos pijos – refiriéndose a los secuestrados, sí – se lo tenían merecido. El que no quiera tiros, lo que debe hacer es no ir a la guerra. Fueron calificados como “pijos, caraduras, gilipollas y gorrones“, que sólo buscaban redimir sus conciencias en un viaje con ropa de marca. Que lo hiciesen para ayudar a los que menos tienen, en una tierra castigada y olvidada por esos mismos que tanto les criticaban, era secundario. Todo ello mientras Roque, Albert y Alicia Gámez estaban en manos de una facción de la banda de asesinos terroristas que conmociona al mundo desde hace años. Palabras sucias, que fueron toda la declaración de apoyo de esos mismos que se rompen la camisa, no precisamente como Camarón, cada vez que hablan por España y los españoles. Menos por estos, se entiende. Hoy, dejando atrás tanta mediocridad tántrica y los duros momentos, Barcelona Acció Solidària ya piensa en una nueva caravana para llevar ayuda a la zona, y hay que felicitarse por ello.


El retorno de los cooperantes secuestrados es la mejor noticia, la única que queríamos escuchar. Para los que siguen con la palanca preparada, sólo interesa el rescate y sus circunstancias. No como noticia, que lo es y los Periodistas así lo tratan, sino como excusa. Tampoco importa que, en momentos puntuales de esta larga espera, la situación estuviese más cerca de la tragedia que del feliz desenlace al que hemos asistido. Tras los primeros segundos de euforia, ha llegado el momento de utilizar la munición contra aquellos que se han dejado la piel para traerlos a casa. El punto de apoyo para la palanca esta dispuesto. Vayan trayendo piedras.

Albert y Roque están vivos y a salvo. Han vuelto a abrazar a sus seres queridos, y les quedan largos años por delante para disfrutar junto a ellos y recordar estos meses como una amarga pesadilla que les tocó vivir por el único delito de querer ayudar. Albert y Roque están en casa. La solución por la que ha optado el gobierno español, diferente a las vías francesa o filipina, ambas con final catastrófico, ha permitido este hecho. Lo demás, para mí, carece de importancia. Tiempo tendremos para perseguir y capturar a los culpables. Seguro que alguien ya está en ello, y eso sí  importa. Lo único que sale fortalecido tras el secuestro es la constancia en la lucha contra estos delincuentes. Nada más. Los terroristas pagarán el precio de este rescate.


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