martes, 28 de septiembre de 2010

El pedal de hombre muerto

Para los que desarrollen, o lo hayan hecho, su vida laboral en el sector ferroviario, el título de esta columna les será familiar. Se denomina pedal de hombre muerto a un sistema de seguridad instalado en las locomotoras de los trenes, por medio del cual se detecta si el maquinista sigue en su puesto o ha sufrido algún tipo de percance que le impide guiar el convoy con seguridad. A intervalos predeterminados de tiempo, el operario debe activar el mecanismo empujando el pedal; si no lo hace, comenzarán a sonar avisos acústicos y luminosos para avisar de que no se están cumpliendo los tiempos, y si transcurridos unos segundos el pedal sigue sin ser presionado, entrará en acción el frenado de emergencia, que detendrá el tren para poder determinar que es lo que ha ocurrido.

En el Partido Popular de Mariano Rajoy, las señales acústicas y luminosas hace tiempo que suenan en la cabina de la locomotora que gobierna el tren del partido. El ruido es estridente, y las luces no dejan ver otra cosa. Lo hacen en forma de luchas intestinas en Asturias, investigaciones por corrupción en Madrid, Valencia y Castilla y León, derivas hacia la extrema derecha en Cataluña, un José María Aznar sin control en su particular guerra contra el mundo, la gestapillo madrileña, un presidente autonómico con demasiado fondo de armario, y otro de diputación con una sorprendente suerte en los sorteos de la Lotería Nacional, que califica de “hijo de puta” al que le hace oposición política… Y la lista sigue. Los avisos no dejan lugar a la duda, pero en los mandos nadie pisa el pedal, sinónimo de actividad vital que debería llevar a la acción política para restaurar el orden, tan añorado de épocas pasadas.




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