Se han hecho más largas que la cuaresma, como dirían en mi pueblo. Comenzaron con la representación de un desencuentro, continuaron con el lanzamiento de una aspirante desde las alturas políticas, y terminaron como suelen acabar este tipo de votaciones en el Partido Socialista Obrero Español: con la victoria del que remaba contra la corriente. De nada valieron los sondeos, ni las fatales previsiones de desastre para el presidente del gobierno si su candidata perdía, o los apoyos que destacados miembros del ejecutivo otorgaron a su compañera en el Consejo de Ministros. Al final, las encuestas hicieron un flaco favor a los que se basaron en ellas para hacer sus apuestas... políticas. La música demoscópica cesó, y Trinidad Jiménez no encontró en las urnas esos votos que le vaticinaban los expertos. Al menos no los suficientes.







El Partido Socialista de Madrid, empujado por Tomás Gómez y apoyado en ilustres militantes de la talla de Juan Barranco - una de las claves de esta victoria -, ha recuperado para si la capacidad de decisión en algo tan importante como su candidato a la presidencia de la comunidad autónoma. También han vuelto a poner el foco sobre las primarias, un proceso democrático que sería necesario aplicar en todos los partidos políticos para mejorar la salud de nuestro sistema. No es poco. Algo han hecho las posiciones de escrupulosa neutralidad que han mantenido miembros de la Comisión Ejecutiva Federal. La mejor muestra de ello: Leire Pajín. La Secretaria de Organización ha predicado con el ejemplo del respeto a la decisión de las federaciones, algo en boca de todos pero en la práctica de casi nadie. Vuelve la época de los barones, como bien dice mi vecino de columna, Ignacio Escolar.

Se abre ahora un tiempo para la recomposición en el PSM, antes de la verdadera batalla que tendrán que librar contra Esperanza Aguirre y su anhelo de una nueva mayoría absoluta. La irrupción de nuevas fuerzas en el arco parlamentario madrileño deja el partido abierto, y una oportunidad para el sueño de Tómas Gómez. Eso con la vista puesta en el proceso electoral. Si hablamos de los interiores del PSOE, este viaje deja bastantes heridas abiertas y mucha desconfianza entre todos los hombres (y mujeres) del Presidente. La sensación de que se ha querido comenzar a abrir el melón sucesorio sin permiso de su legítimo dueño cunde entre los cercanos, y los que estas semanas guardaron silencio puede que hayan dejado de hacerlo. La factura política que muchos esperaban cobrar a Gómez el día de su derrota en las primarias busca ahora nuevos deudores.