domingo, 10 de octubre de 2010

La mirada sucia

Dirán lo que quieran, pero a mí la serie 'Los Serrano' me tuvo cautivado desde el primer capítulo. No me gustó nada el final, para qué nos vamos a engañar, pero no altera mi opinión sobre el conjunto de la serie. En muchos de los episodios, un magistral Antonio Resines regañaba a sus hijos en la ficción haciendo alusión a su "mirada sucia". Los jóvenes, en plena explosión hormonal provocada por la llegada de la pubertad, veían candela sexual en todo lo que se movía, según el progenitor, y eso le llevaba por la calle de la amargura. Si mal lo pasaba Resines en su papel, peor lo pasaban los chavales, que evidentemente buscaban salida al fuego interior como buenamente podían.


Esa mirada sucia también puede darse en individuos de mayor edad y madurez -se les supone-, aunque en estos casos esté menos justificada que en un activo adolescente. Mi abuelo, en el final de sus días, encontraba consuelo incluso en las pobres monjas que lo atendían en la residencia, lo que era para él una diversión regalada en esa fase de su vida, y para las beatas una tortura diaria que soportaban con paciencia y resignación cristiana. Lo que no he terminado de entender es como, en personajes relevantes del periodismo patrio, esta patología puede llegar a revelarse con asiduidad, dejando además constancia escrita de ello sin el menor pudor. Les provoca la tensión sexual no resuelta una política en particular, Leire Pajín, a la que dedican todo tipo de frases tan asquerosamente machistas como impropias de la publicación en la que se imprimen. Yo, si fuese alguno de ellos, correría a hacérmelo mirar. No por el hecho de sentir atracción por la Secretaria de Organización del PSOE, que para gustos se hicieron los colores, sino por la cuestión de poner negro sobre blanco en periódicos de tirada nacional los instintos primarios que a muchos les afloran al verla.



A mí de Leire Pajín me interesa su visión política y lo que comenta cuando habla como portavoz de los socialistas. Mezclar en una misma columna esa información con ciertas comparaciones con películas pornográficas sólo da testimonio de que uno es fiel seguidor de ese tipo de cine. Una opción como otra cualquiera, hasta que la fidelidad al séptimo arte ligero de ropa y saturado de gemidos invade el otro espacio, y el resultado es un texto que horroriza hasta a los mayores detractores de la afectada, y queda fatal, por otro lado, en un periódico de derechas de toda la vida. La mirada sucia, el pensamiento antiguo y la actitud machista, juntas en una misma columna para vergüenza de todos, y sobre todo del firmante del engendro.


Columna publicada en Madridiario.es


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