miércoles, 27 de octubre de 2010

Nunca debió salir de Valladolid

La que nos ha caído a los vecinos y nacidos –como el que firma– allí. No teníamos suficiente con que todo el mundo piense que José María Aznar es hijo de la ciudad, para que ahora salga el alcalde, una joya, diciendo barbaridades machistas y poniéndose a la altura del Cromagnon. Otro más. ¿Pero qué les pasa con Leire Pajín? No se habían extinguido los rescoldos de la hoguera que encendió el columnista Antonio Burgos, en otro incalificable ejercicio de falta de respeto y machismo de la peor reserva espiritual nacional, cuando llega otro representante de esa derecha de misa diaria para continuar la secuencia. Seguimos para bingo.

Señores ¿Qué les pasa? En serio ¿Cuál es su problema? Porque un problema parece haber entre aquellos que dan rienda suelta a sus más bajas pasiones en columnas de opinión y medios de comunicación. Sin vergüenza ni mesura. Parecía Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid, poseído por alguna atracción irrefrenable cuando pronunciaba esas palabras ante los micrófonos de la radio. No quería seguir hablando, incluso, para intentar dominar su verborrea ante la incontinencia de su mente, liberada por campos tan anchos como los de Castilla para colocar a la mujer como un mero objeto entre los capacitados hombres que dirigen nuestros destinos. Para denigrar a una ministra del gobierno de España sin guardar respeto a la persona ni al cargo. No es la primera vez que deja detalles de su altura política. Esto no ha sido un fallo, es una constante. A Soraya Rodríguez, su rival socialista en las pasadas elecciones municipales, ya le dedicaba coplas en medio de sus mítines, calificándola de “mentirosa”. En 2005 aseguró que Valladolid dejaría de ser “la ciudad de las diez ‘pes‘”, sacando de sus calles a los “piojos“, las “pulgas” y las “putas“. Hasta de Manuel Fraga dijo que “a determinada edad es mejor no hacer declaraciones”. Podría aplicárselo él mismo, aunque ya puede estar contento. Ahora sus comentarios tienen rango nacional. Ha nacido una estrella.





Créanme. En Valladolid no todos son así, empezando por Aznar, que no es de allí, ni de Quintanilla de Onésimo, por cierto. Para desmentir este bulo ya existe hasta un grupo en Facebook. Aquello no es fachadolid, como algunos se empeñan en llamar a la ciudad. De hecho, este alcalde que Valladolid no merece mantiene su mayoría absoluta por sólo un concejal de diferencia. En las últimas elecciones la izquierda se quedó a tres escasos puntos porcentuales del resultado de la derecha, agrupada casi en su totalidad alrededor del Partido Popular. No, el alcalde de Valladolid no es el reflejo de su ciudad. No lo es ni de su propio partido, por mucho que les cueste condenar sin ambages este tipo de manifestaciones a los que llevan el rumbo de la formación desde Madrid. Ya sabemos que Mariano Rajoy no quiere líos, y sólo abandonará su descanso si alguna encuesta comienza a corroborar que el cambio de gobierno va en la dirección adecuada. Lástima de Ministerio de Igualdad. Parece hacer más falta que nunca.

Valladolid no merece ver su imagen manchada a nivel nacional por la incontinencia verbal de un dirigente político cualquiera. Los desaires públicos que muchos han hecho al alcalde durante estos días, reprobando así su actitud, deberían ser el preludio de una llamada de atención general, en forma de derrota electoral. Puede que entonces algunos moderen su lenguaje y, sobre todo, lo que se les pasa por la cabeza…


Tribuna publicada en Cuarto Poder


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