martes, 16 de noviembre de 2010

La utópica neutralidad de la Red

La Red dejó de ser neutral el mismo día que se comenzó a hacer negocio a través de ella. Lo demás es literatura. Ahora todos quieren su pedazo del pastel, y todos tienen su parte de razón. Nadie puede pedirle a las operadoras, que mantienen el cable y torean nuestas constantes quejas con sus propios recursos económicos, que cedan su infraestructura para que grandes empresas ganen importantes cantidades de dinero. Ya no hablamos de los dos chicos en un garaje, imaginando el sueño americano rodeados de ordenadores e ilusión. A esos debemos protegerlos, y se hará. Lo que aquí se cuece son las estrategias de compañías que cotizan en bolsa, y cuyos intereses están chocando de manera lógica. Sólo era cuestión de tiempo que  el crecimiento de la industria relacionada con Internet, su mayoría de edad, trajese consigo una batalla en la que sólo pelean Goliaths.




Mientras el caudal de datos que circula por la Red aumenta cada día gracias a la proliferación de servicios, son las operadoras las que asumen los costes para que toda esa información fluya sin detenerse. Por supuesto que no lo hacen bien en muchas ocasiones. Claro que es muy caro para el usuario, al menos en nuestro país. Pero asumen toda la inversión cobrándonos a los pobres internautas una conexión a precio de oro, mientras verdaderos gigantes económicos no ven influido su oasis financiero por la utilización de unas infraestructuras que todavía tienen en su cobre mucho dinero público.

Invocar la neutralidad de la Red como un sancta sanctorum inviolable es tanto como predicar el amor libre, en unos tiempos en los que el dinero lo pudre todo al igual que el viento erosiona la piedra. Algo más rápido trabaja el parné, es verdad. Lo que debe preocuparnos es la protección de los pequeños negocios. Esos emprendedores que comienzan a hacer camino y crear riqueza desde la nada, practicamente sin ayudas públicas y poniendo todo de su parte para labrarse un futuro. Ya no están en garajes, pero la esencia de su trabajo sigue siendo la misma. Este país necesita mucha gente así. Ahora bien, esa defensa no debería cegarnos los ojos ante aquellos que enarbolan la neutralidad de la Red como una fórmula más para seguir con una cuenta de resultados, ya no saneada, sino con una salud de hierro. Operadoras y aquellos que hacen grandes negocios en la Red deberán llegar a un acuerdo, y los que deben salir beneficiados del trato son los usuarios. Vigilantes deberán estar los gobiernos sobre esas conversaciones. Si malo es que ahora estén a la greña, más preocupante es un escenario de entendimiento en el que los paganos vuelvan a ser aquellos que abonan sus buenos euros por conexiones que no valen ni el cable coaxial que las soporta. Defendamos con uñas y dientes las utopías para aquellos que las merecen y necesitan. Los demás, los que pueden, que paguen.


 
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