Es algo recurrente. Igual que el invierno seguirá a este otoño, y así será cada año, tras las últimas convocatorias electorales que se producen en nuestro país, al resultado de la izquierda le sigue una frase lapidaria. Epitafios repetitivos para líderes políticos distintos: “No hemos sabido explicarlo”.

La debacle catalana para los socialistas, mas allá de las consideraciones sobre la personalidad del PSC - que deben ser varias, a tenor de lo que sus votantes interpretan según que parlamento elijan -, debería llevar a una profunda reflexión sobre las virtudes que la comunicación política, y sobre todo la inversión para hacer de la misma una pata importante de la estrategia, pueden hacer para que la gestión, ya sea tripartita o absolutista, llegue a unos ciudadanos cada día más desencantados con la política. Sólo hay que ver el dato de participación. No me impresiona que haya crecido respecto a la última convocatoria. Sigue siendo ridículo. Si asumimos que Cataluña es una de las comunidades más adelantadas de nuestro país, llevar a la espalda semejante tasa de abstención no puede ser motivo de orgullo para nadie.

Pues, una vez más, no se ha sabido explicar lo bueno de la gestión. La excusa suplente, que salta al campo como titular si se habla desde Madrid o Barcelona, es la crisis económica. En ambas hay poco de autocrítica. La primera porque es un soniquete habitual ya, con mucho titular y poco fondo; en la segunda, relativa a la coyuntura económica, porque suena a excusa de mal pagador. Algo así como “a mí también me deben”, y la culpa de todo la tiene Yoko Ono. En el PSC saben que está derrota la han cocinado sus diferentes personalidades a fuego lento durante años, añadiendo todos y cada uno los ingredientes necesarios para que hoy hablemos de debacle, cuando hace cuatro años lo llamábamos derrota. Vamos, que se veía venir.



Mientras, en el Partido Popular han montado una fiesta previa a su esperada victoria en 2012, al haber crecido la friolera cifra de un 1,68% con una campaña que en muchas ocasiones ha pasado la línea roja de lo correcto para situarse cerca de la ultraderecha. Aquí sí que saben explicarlo, y de que manera. Aumentan su apoyo electoral una cifra un tanto ridícula, pero son los triunfadores de la noche. Que se quite Mas, y sus 62 escaños. Puede que, con esta progresión, dentro de 50 años la derecha española gobierne Cataluña, y compita en igualdad con la derecha catalana de CIU.

Lo más preocupante, lo que todos deberían esforzarse por explicar a la ciudadanía, son los 75.000 votos que ha sacado la plataforma racista de Josep Anglada. Se ha quedado a tiro de piedra de lograr tres escaños por Barcelona en el Parlament. Con el 40% escrutado todavía los mantenía. Un aviso para que aprendamos a explicar las cosas, y para que otros no frivolicen ni traten de sacar partido de políticas xenófobas, que dinamitarán la convivencia y harán de Cataluña un lugar peor para vivir. Quizás muchos piensen que será su particular vergel de votos. Los demás deberán desenmascararlos. Ya saben, tendrán que explicarlo.


Publicado en Estrella Digital