viernes, 17 de diciembre de 2010

Wikileaks: El enemigo a eliminar

La inmensa mayoría de medios de comunicación nos hemos hecho eco de los ataques que un grupo de activistas han lanzado contra las páginas web de aquellas instituciones, empresas o personas que consideran cómplices de la situación que vive el fundador de Wikileaks, Julian Assange, acusado de varios delitos de acoso sexual y violación. Siempre he tomado posición en contra de que la defensa de una causa justa se realice por medio de embestidas a los servidores web de terceros, pero conviene recordar que la página de Wikileaks ha sido atacada en varias ocasiones desde que comenzaron a publicar documentos e imágenes que ponían en tela de juicio las versiones oficiales que llegan desde los despachos gubernamentales. Su verdad incómoda, soltada a los cuatro vientos con la inestimable ayuda de una sociedad conectada y ávida de información sin filtros, se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza, que algunos no dudan en intentar solucionar por la vía rápida del ataque a sus servidores.






Una manera sencilla de silenciar una página web es cargarse, borrar del mapa de la Red, su dirección URL. Para que nos entendamos. Es como si ustedes escribiesen mañana en su navegador www.cuartopoder.es y en lugar de nuestro modesto periódico les apareciese un funesto mensaje de error. Este método- sólo al alcance de poderosos -  ya ha provocado que Wikileaks haya tenido que migrar a diferentes direcciones desde su original www.wikileaks.org, que permanece caída. El gobierno francés, país en el que opera la empresa que daba servicio a la dirección de Wikileaks, ha decidido que no será en sus tierras donde se albergue la verdad. Au revoir, que dijo Voltaire. Gracias a la ayuda solicitada, y a los miles de “espejos” que están prestando espacios en su servidor para que pueda seguirse accediendo a la web a través de direcciones alternativas, Wikileaks sigue online. Pese a ello, las direcciones IP quedan, pero el dominio original ya no apunta hacia el número, la identificación única de la web se queda en sólo eso, y las palabras que contribuyen a humanizarla y poder llegar así de una forma sencilla, desaparecen.

Pese a hacerse (más) famosos gracias a sus cables, Wikileaks viene sufriendo este tipo de ataques casi de forma continua desde que comenzaron su actividad. Internautas que se identifican por un apodo justificaban este asedio porque, según ellos, Wikileaks pone en peligro las vidas de soldados americanos al revelar determinada información. Algunas de las imágenes más famosas distribuidas por la web de Assange demostraban ataques injustificados contra civiles y periodistas en Irak desde helicópteros de combate estadounidenses. Wikileaks sufre por ello el ostracismo político y económico, y la sombra de una acusación por espionaje por la que podrían solicitar en Estados Unidos la pena de muerte.  Tienen un objetivo: silenciar Wikileaks. Intimidar a sus creadores. Desde Marzo de 2009, por ejemplo, no podía accederse a la web desde Australia, un veto que las autoridades de aquel país han levantado hace pocos días, coincidiendo con la publicación de los secretos diplomáticos. En 2008, y tras la denuncia de un Banco Suizo, Wikileaks estuvo fuera de servicio durante unos quince días. Otro revés, aunque nunca definitivo… hasta el momento.

Wikileaks se ha ganado muchos y poderosos enemigos alrededor del mundo. La salida a la luz de las conversaciones diplomáticas sólo es el último capítulo, pero antes habían revelado secretos sobre la Iglesia de la Cienciología, los nombres de miembros afiliados al partido de ultraderecha británico BNP, o manuales de operaciones para los soldados encargados de custodiar a prisioneros en la base norteamericana de Guantánamo, que incluían perlas como negar la entrada a la Cruz Roja durante cuatro semanas. Gobiernos, poderosas organizaciones y empresas, todos le tienen ganas a Julian Assange, un personaje que, pese a las dudas, se ha ganado un lugar en esa continua batalla que se libra en el mundo por la libertad de expresión. La sociedad, esa red tejida con más fuerza gracias a las conexiones telemáticas, está haciendo de barrera para que la actividad de Wikileaks continúe. Personas, medios de comunicación y asociaciones de uno y otro tipo, cedemos parte de nuestro pequeño espacio digital en la esperanza de que la suma de todos tenga la suficiente fuerza para oponer resistencia al vendaval desatado contra una una iniciativa que convierte en públicos documentos secretos de los que nadie discute su veracidad. Así se generan historias, información, periodismo y libertad de expresión. Setec Astronomy se convierte en “Too many secrets“, como en la película “Los Fisgones”. Demasiados secretos. Con ellos quieren preservar la democracia los nuevos ilustrados. Estadistas paternales. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Esta historia nos suena…



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