Acosada por la prensa, en los momentos cumbre de su vida televisada, Belén Esteban cantaba a los periodistas que le asediaban a la puerta de su casa una infame melodía, quién sabe si con la esperanza de que las notas retorcidas que salían de su garganta espantasen a los reporteros para siempre, o hasta que fuese precisa su presencia. La Esteban entonaba el clásico "estoy superfeliz, superfeliz", mientras todo el mundo se abandonaba a la perplejidad que requería el momento.