Lo que tiene haber dado muchas vueltas por el mundo es que uno puede decir con orgullo que también tiene muchos amigos. Esa pequeña muestra de la población de nuestro país, representada en los más cercanos, da para hacer algún análisis, por poco científico que parezca, sobre lo que ocurre en esta nación de propietarios hipotecados. Da para ver lo mal que lo han pasado algunos durante estos últimos meses, y cómo han acabado en la calle cobrando poco o sin recibir nada; sirve para comprobar lo sencillo que resulta cerrar una empresa y montar otra al día siguiente, dejando en la cuneta a trabajadores y proveedores sin más consuelo que la rabia contenida. Uno se pregunta si éste es el modelo económico que los mercados nos imponen. Si los cambios a introducir en nuestras reglas de convivencia deben ir orientados a la desaparición de las mismas, esperando que la ley de la selva obre el milagro cuyo ejemplo es imposible encontrar en ningún lugar del mundo.