Se han hecho más largas que la cuaresma, como dirían en mi pueblo. Comenzaron con la representación de un desencuentro, continuaron con el lanzamiento de una aspirante desde las alturas políticas, y terminaron como suelen acabar este tipo de votaciones en el Partido Socialista Obrero Español: con la victoria del que remaba contra la corriente. De nada valieron los sondeos, ni las fatales previsiones de desastre para el presidente del gobierno si su candidata perdía, o los apoyos que destacados miembros del ejecutivo otorgaron a su compañera en el Consejo de Ministros. Al final, las encuestas hicieron un flaco favor a los que se basaron en ellas para hacer sus apuestas... políticas. La música demoscópica cesó, y Trinidad Jiménez no encontró en las urnas esos votos que le vaticinaban los expertos. Al menos no los suficientes.