martes, 18 de enero de 2011

Los verdaderos demonios de la Red

Muchos utilizan Internet para encarnar todo lo negativo de nuestra sociedad. En la mayoría de ocasiones se refieren a tópicos que cualquier estudio digno de llamarse así echa por tierra sin mayor problema. Los adolescentes se pasan la vida enganchados a Tuenti sin otra actividad vital; si compras con tu tarjeta de crédito en la Red pueden dejarte la cuenta tiesa; el gran hermano – uno más de la familia-, que vigila todo lo que haces y, para terminar, la Ley Sinde, convertida en el paradigma del peligro y la opresión porque impedirá que nos bajemos horas de cine y música sin pagar un euro. O al menos lo intentará, en mi opinión con poco éxito. La realidad es que los adolescentes se pasan la mayor parte de su tiempo en la calle, y lo prefieren a estar conectados; comprar por Internet no tiene más riesgo para el bolsillo que el que puede producir sacar dinero de un cajero y nos den el palo al instante de manera presencial; el gran hermano vigila, pero no nos pone cara de momento, y la Ley Sinde puede ser muchas cosas, pero cuesta ver el texto como un peligro para todo aquel que no haga negocio con contenidos que no son de su propiedad. Es cierto que en la red habitan demonios, pero son mucho más peligrosos y despiadados.



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