jueves, 7 de abril de 2011

Los trabajadores de El Mundo no quieren a Salvador Sostres

Tiene que haber formas mejores de ganarse la vida. No digo que escribir no sea digno, ni mucho menos. Me refiero al recorrido vital que lleva a un personaje como Salvador Sostres a hacerlo para uno de los grandes medios de comunicación de este país. En qué momento alguien le dijo al sujeto, “oye, tío, escribes de puta madre, y lo que dices es valiente y rompedor. Los tienes cuadrados colega, porque sólo tú te atreves a decirlo”. Seguramente sería en una cena de tantas, cuando los espirituosos se apoderan del verbo, que lejos de hacerse carne se convierte en baba. De la misma manera que crece el ego, aumentan las barbaridades que una vez tras otra se ponen negro sobre blanco para deleite de esos mismos, que a la cara te dicen que tendrías que estar en la Academia – por lo menos – y por detrás lo más fino que comentan tiene categoría de dos rombos. Así, el destino regala a Salvador un espacio en el que otros harían de su prosa particular un ejemplo, para que Sostres lo convierta en desdicha de la cabecera a través de la triste experiencia que supone su lectura.

Hace tiempo que el columnista de El Mundo Salvador Sostres ha traspasado los límites de lo que se puede publicar en un periódico sin atentar contra el sentido común. Pero la columna que firma hoy, titulada Un chico normal, no sólo es repugnante por su contenido sino que debiera ser objeto de estudio por parte de los psicólogos, porque roza la apología de la violencia de género.” Lo anterior está entre comillas, porque es un extracto de la carta que ha firmado la mayoría de la redacción del periódico, pidiendo a su dirección que Sostres “no vuelva a escribir en ninguna publicación del grupo Unidad Editorial”.




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