miércoles, 22 de junio de 2011

La vendetta extremeña se sirve fría

Han sido muchos años. Cuando uno tiene tan interiorizado que la izquierda real corre por sus venas, debe ser complicado ver como los primos lejanos socialistas, que tanto han cedido a las presiones capitalistas, renuevan cada cuatro años su mayoría absoluta. Sentarse en el portal, y observar cómo pasa la comitiva de coches oficiales de Guillermo Fernández Vara, o Juan Carlos Rodríguez Ibarra, mientras uno come el polvo que levanta la potente cilindrada que sostiene al ejecutivo extremeño en sus desplazamientos por la comunidad.

Porque tú, militante de Izquierda Unida ahora, pero comunista hasta las trancas por gloria de Santiago Carrillo (con perdón), sabes que contigo y los tuyos habitan las esencias de la izquierda. Se lo has recordado a los socialistas muchas veces, desde que jugabais a políticos en las juventudes y os encontrabais en el Consejo de la Juventud, o pegando carteles por la noche. Incluso en aquellos tiempos, seguro que no había manera de poneros de acuerdo. Porque ellos se plegaron al sistema, y vosotros seguís resistiendo contra viento y marea y ese millón largo de votos en toda España que vienen a daros la razón. Bueno, si fuesen menos sería lo mismo. La razón se tiene y punto. No es cuestión de contar sufragios.

Os habéis sentido muy solos. Mirar desde el gallinero los plenos de la Asamblea de Extremadura genera una sensación difícil de contener en el interior. Al menos Gaspar Llamazares tiene un asiento. Poco balance para ese millón y pico de votos, pero deposita sus posaderas dentro del hemiciclo. Algo es algo. También tiene que soportar que Rosa Díez afirme que ha terminado con el bipartidismo en España, con la tercera parte de los votantes que tenéis vosotros. Os ningunean. No hay derecho.



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