miércoles, 19 de octubre de 2011

De los micromensajes a los megabeneficios

En uno de esos arrebatos de sofisticado gurú 2.0 que me entran una vez al año, me dio por pronosticar el desastre para una red social que nacía hace ya un tiempo. Henchido de poder por los pocos centenares de seguidores que tenía en Facebook, analice al nuevo actor de Internet con los ojos del que sólo tiene miradas para sí mismo, que es lo que les pasa a muchos una vez llegado su clímax como creador de opinión en la Red. No era mi caso - el del clímax -, pero suplía perfectamente con mi ego desmedido la carencia de lectores. ¿Micromensajes? Me dije. Ya me cuesta mandar un SMS por pereza y vagancia, como para pasarme el día en una red social basada en ellos. Esto no tiene futuro. Otro juguete roto telemático más. Así opinaba el que firma en sus primeros mensajes en Twitter, cubriéndome de gloria, como ha demostrado la historia. Además rima.

Columna completa en El Plural




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