Facebook y Google, como antes lo fueron Apple, Microsoft o Yahoo!, son
las empresas modelo de la cultura del garaje. Emporios hoy, y poco más
que pajas mentales de universitarios hace años. El ejemplo del
emprendedor que queremos importar, que siempre prefiere inventarse un
trabajo a buscarlo entre las ofertas de empleo. No les falta razón a
quienes piden este tipo de iniciativa en nuestro país - ya existe -, y
tampoco a los que prometen facilitar la burocracia que entierra en papel
a todo aquel que se aventura a montar una empresa. No sería de extrañar
que más de uno abandone su sueño dibujado en la cochera sólo al pensar
en el recorrido que tendrá que realizar para poder comenzar a operar
como una esele en condiciones.
miércoles 28 de septiembre de 2011
miércoles 21 de septiembre de 2011
Sangre y vergüenza
Ambiente festivo. Olor de tierras castellanas secas y austeras. Polvo en el aire. Carreras, caballos y empujones. Las cámaras de televisión no son bienvenidas, y los periodistas pieza de caza. La tradición se exalta, pero no se necesitan más testigos que aquellos que jalean la matanza. Lugareños, algunos con la evidencia del alcohol en el color de la piel, defienden la particular celebración como si de su padre se tratase. Las esencias de un pueblo medidas en el sufrimiento animal. El patriotismo municipal se hace fuerte frente a las afrentas de aquellos que llegan de la capital para dar lecciones de moralidad. ¡Incluso desde Madrid! Qué se habrán creído. El polvo se despeja, se abre el corro. Un toro sangra mientras una lanza busca su corazón. Por el color rojo sobre el negro del animal, que también mancha la tierra y la razón, no puede decirse que los intentos hayan sido certeros. No será una muerte rápida. El que antes perseguía al toro a caballo ahora remata a la bestia. Es el héroe del día. Entre todos lo han matado, pero el último en acertar se llevará los vítores. El premio. La gloria del crimen que se quiere silenciar.
miércoles 14 de septiembre de 2011
Yo Robot, periodista
Se habla de ello con cierta normalidad, como si de la evolución natural de las cosas se tratase. Evidentemente no en los círculos periodísticos, que son los directamente afectados. Llevo unos días escuchando eso de que ya hay programas informáticos capaces de escribir artículos como si de un periodista se tratase. O casi. De momento no le estoy haciendo mucho caso al asunto, porque me produce unas sensaciones tan extrañas que no deseo explorar esos lugares de mi interior, al menos de momento. Igual que al otro, que escuchaba a Wagner y le daban ganas de invadir Polonia, a mí me entran unos sudores fríos que ni la fiebre amarilla. Si hay un estadio más allá de la indignación al cubo, en esos mundos me muevo cuando me llegan los ecos de los robots periodistas, o como copón quieran llamarlos.
Columna completa en El Plural
miércoles 7 de septiembre de 2011
San Julian Assange de Wikileaks, mártir
El desastre ocurrido con la publicación de otra remesa de miles de cables sin filtrar, en los que aparecen datos personales que cualquier medio de comunicación protegería por lo anteriormente expuesto, viene a dar la razón a muchos que llevaban tiempo desconfiando de Assange, su organización, los disidentes que han salido de ella y en general de todo lo que oliese a Wikileaks. Es difícil imaginar tal cúmulo de despropósitos, tanta ligereza en el tratamiento de una información tan valiosa sin calibrar las consecuencias. Los mismos diarios que publicaron los primeros cables le han retirado su apoyo. “Condenamos esa acción de forma conjunta”, dicen, “y es él quien debe responsabilizarse de esa decisión”. Reporteros Sin Fronteras también ha dado la espalda a la huida hacia adelante de Assange, y muchos otros que en su día escribieron en su defensa huyen hoy despavoridos. El que firma esta columna, el primero.
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