jueves, 16 de agosto de 2012

La revolución de Yoel

Vista desde el malecón de La Habana / Ion Antolín

Yoel tiene un bici-taxi, el enésimo invento de los cubanos para buscarse la vida en los malos tiempos que duran ya demasiado. Espera a la puerta del hotel a algún turista con ganas de visitar los lugares más conocidos de La Habana, y con pocas ganas de hacerlo andando. Soy su hombre. También conoce algunos sitios más oscuros, aunque guarda un silencio prudencial sobre los mismos. Tiene veinticinco años, está casado y fruto la unión trabaja para dar de comer a un hijo - y otro en camino - con la suficiente edad para encapricharse de los juguetes caros que ve en tiendas destinadas a personas con mejor estrella, al menos en lo económico. A Yoel, ante la mirada del niño, sólo le llegó para un balón de fútbol. Comentamos nuestra esperanza en que el crío le salga futbolista, y haga su particular revolución en casa del conductor. Le enviaré vídeos de Messi, entre otras cosas, y esperaremos pacientes a que el chaval, esquivo ante el escrutinio del extranjero, rompa a tocarla como lo hace el segundo argentino más conocido en Cuba.






 
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