jueves, 8 de noviembre de 2012

De Berlín a las carreteras de Ohio



Barack Obama llegó a la Presidencia de los Estados Unidos de América envuelto en el aura del estadista que cambiaría el mundo comenzando por poner orden en su propia casa. Bush hijo legaba al primer presidente negro un país desmoralizado, sumido en guerras interminables pese a que se cantaban victorias en las cubiertas de gigantescos portaaviones, y con el barro de la crisis económica cubriendo los pies del gigante. Si atendemos a esta parte de la historia, es de justicia adjudicarle a Obama haber cumplido su promesa electoral. Estados Unidos cambió. Quizás no tanto como muchos anhelaban, pero lo suficiente para mirar con dignidad a los ojos de sus propios ciudadanos y no perder el respeto de buena parte del mundo.


Columna completa en El Plural


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