miércoles, 13 de marzo de 2013

Parásitos de lo decente



Con la expresión que titula esta columna se ha despachado uno de los abogados que defienden a cuatro angelitos acusados de propinar una brutal paliza a un indigente cuyo delito era dormir en un fotomatón de la madrileña calle Arcipreste de Hita, en el distrito de Moncloa. Según el letrado, un señor con carrera, como diría mi abuela, “la vagancia” y “el constituirse un parásito de lo decente” lleva a la repulsión y a añorar con “nostalgia de tiempos pasados” la Ley de vagos y maleantes de 1933. Así lo cuentan las agencias de información. He aquí el alegato de todo un aspirante a Perry Mason castizo y duro con los que en vez de ponerse a trabajar disfrutan de la vida durmiendo a la intemperie con temperaturas bajo cero. Unos vividores, diga usted que sí, abogado. Ya está bien de tanto cuento y tanta contemplación. Hay que llamar a las cosas por su nombre: parásitos. ¿Y sus defendidos? Pues no he leído nada de lo que opina de sus defendidos, pero seguramente serán unos patriotas juzgados injustamente por los poderes en la sombra – ¿La mano negra? ¿El comunismo? ¿Kiko Rivera? – que dominan el mundo y ponen contra las cuerdas a los verdaderos defensores del orden natural de las cosas. Unos mártires a los que solo la historia juzgará… o algo así.





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