miércoles, 17 de abril de 2013

Enseñarnos la guerra

Mónica G. Prieto corre para protegerse de los disparos en una calle de Alepo (Siria), junto a un francotirador del ELS, a finales de 2012.

Se necesitan muy buenos periodistas para que  no nos habituemos a la guerra. Profesionales que sepan darle a una realidad cruel y repetitiva ese destello que no nos haga caer en la monotonía frente al televisor o la pantalla del ordenador. No sé si cada guerra es igual o distinta, pero  los que las vemos desde lejos siempre estamos en ese penoso borde de acabar acostumbrándonos a ellas. Como si este mundo no pudiese seguir adelante sin su dosis de barbarie en algún punto del planeta. Comemos las alubias mientras los obuses castigan un barrio residencial de una ciudad siria, con decenas de heridos ante nuestros ojos y sangre por todas partes. Siempre caminando por la triste senda de la indiferencia ante la muerte y la injusticia.







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