miércoles, 3 de julio de 2013

Las tutelas peligrosas




La explosión de color que supuso la llamada primavera árabe en muchos países otorgó a la esperanza de esos pueblos el regalo de una realidad democrática. Se compraron urnas y se llenaron de votos, al mismo tiempo que se quedaban vacías las plazas. Dictadores con décadas de mando a sus espaldas, y millones en divisas repartidas por paraísos fiscales, se sentaban delante de jueces con más o menos renovadas ansias de justicia. El cambio llegó tras no pocas muertes y una demostración al mundo de cómo el compromiso con la libertad puede más que cualquier armamento comprado en el insaciable mercado internacional de la muerte.




Las plazas de Egipto vuelven hoy a llenarse de gente, y de sangre. El arco iris de la primavera se diluye, y solo quedan el color rojo del sufrimiento y el negro del abismo. El país sentó en el banquillo de los acusados al otrora todopoderoso Hosni Mubarak, y disfrutó de unas elecciones que dieron el poder a los Hermanos Musulmanes. El islamista Mohamed Morsi ganó las presidenciales en la segunda vuelta. Reñidas, con una participación menor de lo deseable, pero limpias. En occidente nadie cuestionó el resultado, aunque la preocupación era evidente en la mayoría de gobiernos de eso que llamamos el primer mundo. Islamistas, vuelta atrás o militares. Con esas opciones, dos de ellas emanadas de los resultados que el pueblo soberano de Egipto dejó en las urnas, los Hermanos Musulmanes parecían el mal menor. Más de trece millones de votos les otorgaban el democrático beneficio de la duda, y un triunfo cimentado en décadas de ilegalidad bajo la lupa del dictador.

Morsi no ha sido capaz de unir a un país dividido. La eclosión de la pluralidad egipcia una vez derrocado Mubarak exigía de algo más que la victoria electoral. No era fácil encontrar a alguien capaz de gestionar un reto tan grande, y lo cierto es que el actual presidente de Egipto ha fracasado estrepitosamente si pretendía gobernar para todos. Ni en la economía ha sido capaz de dar esperanza a los ciudadanos. Dicho esto, y asumiendo por otro lado que son males comunes en la mayoría de democracias consolidadas, no han tardado en aparecer los salvadores de la patria. Esos que casi siempre se definen como los garantes del orden. A los colores rojo y negro se suma ahora el verde militar. Tonos castrenses para momentos en los que es el pueblo el que debe estar a la altura. Dicen las fuerzas armadas egipcias que si en cuarenta y ocho horas no se atienden las demandas de la gente, ellos ya tienen su propia hoja de ruta. Qué peligro. Cuanto se equivocan aquellos que saludan la actitud del ejército, simplemente porque en este momento coincide con sus objetivos. Parecen olvidar que el propio Mubarak, el odiado Mubarak, era militar. Las tutelas de hoy, se convertirán en botas sobre la democracia mañana. Las plazas están llenas de gente. Que no dejen sitio a los tanques.



Publicar un comentario

Search

Recibe los nuevos capítulos de "Noches de poder" en tu correo electrónico

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

Entrada destacada

Noches de Poder. Capítulo 1. Viernes, 11:00h

Llegó al hotel junto al resto de sus compañeros de la delegación. La mayoría eran viejos conocidos, con los que había mantenido batal...

Con la tecnología de Blogger.

Google+ Followers