lunes, 15 de julio de 2013

Los 10 peores tipos de orador político

La evolución de las técnicas de telegenia, oratoria, formación para líderes y otros estudios para transmitir a los políticos la mejor forma de hacer llegar su mensaje a los ciudadanos se notan poco en el panorama patrio de lo público. Los vicios adquiridos o el hecho de que casi nunca pase nada con independencia de lo que se diga o cómo se diga, hacen que cada vez que vemos a alguien por televisión hablar pronunciando todas las sílabas de forma correcta y con algo de fondo en el discurso, no toquemos el mando a distancia, sobrecogidos por la sorpresa. Con algo de humor, que para eso estamos en verano, aquí les dejo los que considero diez peores tipos de orador político. Modelos de comportamiento ante la prensa o el soberano que se repiten sin remedio, para desgracia de periodistas y pueblo en general. Los nombres propios de políticos españoles que puedan adjudicarse a cada apartado es una labor que les dejo a ustedes, acogiéndome al punto cuarto de este pseudotratado de comunicación política, y a su buen criterio.




1º Me creo Obama



En este tipo de oradores encuadramos a los que, sin serlo, se creen bendecidos con el mismo don para la oratoria de Barack Obama (y eso que no es para tanto), o el propio John F. Kennedy. Su tono de voz y pose ante la cámara es regio, de solemnidad, aunque lo que estén anunciando sea un paquete de medidas para la ganadería (con todo el respeto). No les importa. Para el orador “Obama”, cualquier momento es bueno para mostrar su potencial mediático, y probablemente así lograr el favor de los próceres del partido. Desde el punto de vista del público que asiste a su disertación, la inmensa mayoría piensa que tras hablar de vacas presentará su dimisión, o algo por el estilo, debido a que su tono parece el del presidente americano antes de anunciar que se habían cargado a Bin Laden. La inmensa mayoría de los periodistas, contiene la risa.

2º Gila



“Alguien ha ‘matao’ a alguien” Con esta frase para la historia, Gila trataba de desenmascarar al asesino utilizando la táctica del desgaste psicológico. El orador político tipo Gila se deshace en metáforas y circunloquios, con tal de no decir en román paladino lo que todo el mundo sabe. Con esta táctica trata de arruinar la paciencia tanto de los votantes como de los periodistas, en un vano intento por pegar la patada para adelante al problema que le acosa. El problema es que este no es un balón, sino un boomerang, y volverá con más fuerza y envenenado a la sala de prensa. Eso por no destacar los cortes que se verán y escucharán en radio – quince segundos de dolor -, que dejarán atónito incluso al ciudadano más centrado en lo político.


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