miércoles, 21 de agosto de 2013

El gran crispador




Lo sé, lo sé. No hace falta que me lo recuerden. Ya sé que prometí no volver a hablar del personaje, pero voy a recaer. Para los que hayan visto el título y no me sigan habitualmente, pueden dejar de leer si piensan que estas líneas van a derrotar hacia cualquier tema político. En este pequeño rincón, hablar de crispación generalmente es hablar de José Mourinho.

Probablemente nadie haya hecho más por la comunión de aficionados del Real Madrid y del F.C Barcelona. Es algo que hay que reconocerle a Mourinho, y a esa pequeña legión de incondicionales que le sigue la corriente, comandados por un grupo tan recomendable y con unas referencias tan extraordinarias como los Ultra Sur. En esta vida, cada uno elige sus compañeros de viaje. Porque miren, uno, que es culé confeso, lo que no tolera es que jugadores del Real Madrid que son alma y parte fundamental de la selección española hayan sido perseguidos en la que era su casa hasta que llegó el portugués. La mejor prueba del error de esos fieles a Mou, de los que hoy día siguen empecinados en defenderlo mientras la cuenta oficial del Chelsea se quejaba del “teatro”  – ¿les suena el argumento? – que hacían los jugadores del Real Madrid en el partido que ganaron 3-1 a su anterior entrenador, es que ya no hay división en el vestuario blanco. Ni portugueses, ni españoles… ni nada. Se acabó. Solo un futbolista menor como Arbeloa, protegido por el técnico luso gracias a una fidelidad fuera de lo común, parece añorar otros tiempos. Quién sabe si los topos que buscaban no eran otros que aquellos que contaban los secretos del vestuario no a los medios de comunicación, sino a un entrenador empeñado en la división interna de su club y en la del fútbol español.



Y es que ya estábamos en España sobrados de crispación, como para añadir al elenco habitual de caras de vinagre que vemos en la televisión a diario una más en forma de entrenador de fútbol gritando “¿Por qué?” e intentando poner cara de no haber roto un plato. En el deporte rey nos relajamos, amigo Mou. No nos gusta que el nivel de la bronca suba más allá de la sana discusión con los amigos sobre una jugada controvertida. No queríamos, sobre todo el madridismo, un personaje que obligase al conmigo o contra mí a jugadores, técnicos, directivos, aficionados… Los que eligieron estar contigo, hoy son huérfanos de ese agitador que hizo las maletas. ¿Por qué? Porque su resultado deportivo fue de una mediocridad absoluta,  muy poco para reírle las gracias a diario. Nadie llora a José Mourinho. Solo ese grupo, los menos, que ahora pagan la ira de la derrota y la marcha del técnico elevado a deidad con los jugadores que no cedieron a la estrategia de la crispación, el patadón hacia adelante como única estrategia de juego y la división interna como garantía del liderazgo de aquel que jamás debió acumular tanto poder. El otro día, el nuevo Real Madrid le enseñó al viejo Chelsea de Mourinho como se gana un partido jugando al fútbol. La inmensa mayoría de aficionados agradecemos la vuelta a la normalidad de un club tan enorme, en el que se fijan tantos niños de todo el mundo. Y les escribo estas líneas desde Madeira, tierra de Cristiano Ronaldo, un tipo que, miren por donde, cada día me cae mejor…
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