miércoles, 28 de agosto de 2013

El trono químico




Bachar Al-Asad, el sátrapa que gobierna lo que queda de Siria, es uno de esos dictadores llegados a su trono desde la más absoluta de las modorras personales y profesionales. Las biografías de estos tipos son un calco unas de otras, como si fuesen necesarios unos requisitos mínimos para acceder al cargo, y no precisamente de brillantez intelectual. Estudian fuera de su país, carrera militar…  etc. A este hombre le dejó el puesto en herencia su padre (fallecido de un ataque al corazón…), que a su vez llegó al poder por la vía del golpe de Estado. Bachar tenía un hermano que en condiciones normales hubiese sido el heredero, pero sufrió un desgraciado accidente… Cosas que pasan. Como curiosidad precursora de una realidad que hoy vivimos, hay que decir que Al-Asad no era el apellido de esta familia. El padre se lo cambió ya que el original, Jahash, significa en árabe “hombre salvaje”. Quién le iba a decir al difunto que su vástago llevaría con honores la verdadera denominación de la familia que él tanto se preocupó por esconder.



 
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