miércoles, 20 de noviembre de 2013

Detrás de todo gran hombre


      Imagen: JFK Library


Dice la frase que tras todo hombre que haya hecho algo digno de mención hay una gran mujer. Supongo que para apoyarle en los momentos de zozobra y tener la casa adecentada mientras el genio trabaja. Nunca me ha gustado esta expresión, y con los años estoy terminando por aborrecerla. La interpreto como un alegato machista, herencia de ese pasado que sí nos gusta recordar mientras olvidamos otros mucho más destacados en el terreno de la igualdad.

Van a cumplirse cincuenta años del asesinato de John F. Kennedy. Un magnicidio con muchas sombras que hoy sigue alimentando teorías de la conspiración sobre la autoría del crimen, poniendo en cuestión la tesis oficial del tirador solitario. La figura de Kennedy ha crecido con los años, idolatrada por su trágico final y puesta como ejemplo de la imagen de político carismático desde su victoria ante Richard Nixon en aquel primer debate electoral televisado. También, y es un pilar básico de esa imagen del nuevo Cámelot en el que se convirtió la Casa Blanca, por la foto de familia perfecta junto a su esposa, Jacqueline Bouvier, y sus dos hijos.




Es precisamente su vida conyugal uno de los puntos más oscuros de la biografía de JFK. Mujeriego sin remedio, es considerado por muchos el presidente de los Estados Unidos más temerario en lo que fueron sus relaciones fuera del matrimonio. No dudó en poner en evidencia a su mujer, hasta el punto de la humillación, como en esa enorme fiesta de cumpleaños que celebró para mayor gloria de Marilyn MonroeJackie no asistió, desde luego, ya que tener que soportar a la amante de su marido cantándole  “Cumpleaños Feliz” no hubiese sido precisamente agradable.

Detrás de todo gran hombre en ocasiones esta ese mismo hombre en su peor versión. Una caricatura difuminada de su proyección pública. El magnetismo que muchos desprenden contribuye a paliar el lado oscuro mientras tienen la capacidad de encandilar a aquellos que podrían sacarlo a la luz, pero poco pueden hacer contra el implacable juicio de la historia. Probablemente Kennedy hubiese sido un magnífico presidente y muchas de las desgracias que cayeron sobre Estados Unidos tras su muerte se habrían evitado si hubiera seguido al frente de la nación. Todo ello no puede esconder la actitud del personaje hacia la gran mujer que estuvo siempre al lado del hombre, hasta el último segundo, sentada junto a él durante el terrible momento de su muerte en Dallas.





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