miércoles, 27 de noviembre de 2013

La sombra de los presidentes pasados





Todo líder político al mando de un país está sometido a diferentes escrutinios. El más duro, además de su conciencia, es el del pueblo al que gobierna. Pero existen otros, más sutiles, que también marcan la agenda de un presidente. Se trata de sombras del pasado, ecos de hombres y mujeres que ya reciben la categoría de estadistas, y que amplían la presión del mandatario cuando los años pasan y comienza a pensar en el legado que dejará para el análisis futuro.




Con John F. Kennedy de nuevo en pleno apogeo al cumplirse cincuenta años de su asesinato en Dallas, Barack Obama, que afronta la recta final de sus dos mandatos como Presidente de los Estados Unidos de América, lucha por un lugar destacado en los libros de historia. Su iniciativa para la reforma de la sanidad es atacada por tierra, mar y aire desde las trincheras más conservadoras de su país, y la amenaza de que al final sea derrotada no es una mera especulación. Las enormes expectativas que provocó su llegada al poder, el primer hombre más poderoso del mundo con piel oscura, se han encontrado con el muro de la realidad y, por qué no decirlo, el filibusterismo político que se ha instalado en los USA desde la irrupción del Tea Party a la derecha del Partido Republicano. Por todo ello, el acuerdo con Irán puede reconfortar a Obama con la imagen de estadista que pretende para su futuro, pese a que la oposición interna, una vez más, y la desconfianza de sus aliados en Oriente Medio, vuelvan a convertir el camino del presidente en una carrera de obstáculos.

Todos deseamos que este paso adelante de Obama para recomponer las relaciones con Irán y detener  la escalada nuclear de este país sea un ejercicio sincero de alta política para dejarnos un mundo mejor. Ese avance en la alianza de civilizaciones, el entendimiento entre diferentes que, como dijo Kennedy, tienen en común “que todos habitamos este pequeño planeta; todos respiramos el mismo aire; todos valoramos el futuro de nuestros hijos… y todos somos mortales”. La sombra de los presidentes pasados también se cierne sobre Obama, y su tiempo se acaba. No deberá ponerse nervioso si lo que quiere es dejar un legado, en vez de un buen lío. Irán no es cosa de broma, como bien sabe alguno de sus antecesores en el puesto.






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