martes, 10 de diciembre de 2013

No olvidemos a los libertadores




Los cementerios, cunetas y fosas comunes están llenos de libertadores casi olvidados. Hombres y mujeres que pusieron por delante de su vida una idea: que la libertad deseada para su pueblo no sería solo un sueño. La muerte fue para muchos de ellos el precio a pagar por su insolencia ante los poderosos. Una afrenta que no perdonaron los dueños de las armas, que hacían alarde de su potencia de fuego ante la incapacidad para articular un discurso que pudiese rebatir al de aquellos que gritaban libertad, igualdad… democracia.




Nelson Mandela pasó gran parte de su vida en la cárcel por lo que pensaba y reivindicaba, pero al contrario que otros logró sobrevivir para poder construir el país que había soñado tras los barrotes de Robben Island. Lo hizo desde la superioridad que da la razón, y no la raza. Asumiendo aquello que sus carceleros nunca pudieron concebir: que todos eran ciudadanos libres de un país llamado Sudáfrica, y que así deberían convivir para dejarle a las nuevas generaciones una sociedad mejor. El legado de Madiba, el gran líder que sí será recordado, servirá a otros muchos para saber que sus sueños son el futuro.  Que lo que les cuentan las televisiones y medios oficiales solo son ecos del miedo a la libertad. Noticias que ya hablan de pasado aunque prometan bonanzas para los años venideros.

Espero que la memoria de Mandela sirva también para recordar a otros muchos, en lugares de los cinco continentes, incluida España. Ciudadanos que un día decidieron plantarse ante el tanque, sentarse en el lugar prohibido del autobús o defender el resultado de unas elecciones. Héroes anónimos que no descansan en mausoleos ni tuvieron homenajes con decenas de líderes mundiales rindiendo pleitesía. Al menos no todavía. De momento tienen nuestra gratitud. Ellos y sus familias, que hoy reivindican sus historias de lucha y entrega a la causa de esta democracia de todos. Tienen el reconocimiento de los que sabemos que su herencia es lo que hoy nos permite poder acudir a un colegio electoral y votar lo que nos plazca, escribir esta columna o cantar la épica de la lucha de Mandela. Solo si los olvidamos, habrán perdido. No pasará jamás.



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