domingo, 9 de febrero de 2014

Hacen historia los que se atreven a desafiarla




Hay personas únicas que llegan a esa condición sin esfuerzo. Simplemente son así, y si no lo fuesen habría que inventarlas. Sostienen sobre sus hombros pesos que para otros serían inimaginables, como las miradas de un país entero frustrado por la debacle. Es en esos momentos, cuando los que creías amigos no llaman y la soledad es protagonista, en los que personajes de este calado se crecen ante la adversidad para tomar las riendas, adoptar decisiones y cambiar el rumbo de la historia. Quizá solo haya dos actividades propicias para estos episodios: la política, y el fútbol.




Recuerdo a Luis Aragonés en la banda del AWD-Arena de Hannover. Año 2006. Mundial de Alemania. Jugábamos contra Francia, y ganábamos 1-0 cuando languidecía la primera parte. En el fondo tras la portería que defendía Iker Casillas teníamos nuestras localidades, y fuimos testigos de lo que Luis ya sabía. La defensa muy adelantada, un pase al hueco, carrera de Ribery… empate. A siete minutos del final, Zidane puso la puntilla. El resto es historia, y aquel día fue la repetición, una vez más, de la maldición que perseguía a una selección llamada a más altas metas por la calidad de su campeonato nacional y sus jugadores. Francia nos echó del Mundial, y nosotros recorrimos los 500 kilómetros que nos separaban de la casa que habíamos alquilado en el país de las salchichas para poder dormir, por decir algo, y coger el avión al día siguiente. Como siempre.

Y entonces Luis Aragonés se atrevió a ir contra la historia. A poner la proa contra el viento y no dejar que las alineaciones se confeccionasen por galones o peso mediático. Hacer lo que tenía que hacer, aunque le costase el puesto, sin la protección diaria de los que clamaban por mantener a los históricos y no por cambiar nuestra historia en las competiciones internacionales. Aragonés optó por lo segundo, y ganó. Venció allí dónde habían fracasado grandes entrenadores, que optaron por la seguridad de alineaciones incuestionables por la opinión pública. Él solamente puso a los mejores. Y si alguien que sabía tanto de fútbol tenía la oportunidad de elegir a los mejores entre los jugadores españoles de nuestro tiempo, era imposible no formar el mejor equipo del mundo. Primero lo fueron de Europa, y más tarde levantaron el trofeo como los mejores del planeta. Rotas las maldiciones y arrinconada la historia que nos aplastaba como una losa, Luis se ha ido sin hacer ruido. Nos hace falta mucha gente como el “sabio”. Hombres y mujeres que no creen en el destino si no es para rendirlo a sus sueños, y a los nuestros. Hasta siempre Luis. Nos diste mucho.




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