miércoles, 7 de mayo de 2014

Al fútbol se juega con el balón



Hace unos días me lo prometí. No escribiría esta columna en caliente. Dejaría pasar el tiempo para poder ver con perspectiva todo lo ocurrido y, sobre todo, las cosas que se decían. Porque no hay nada más cierto que el Real Madrid le pegó un baño al Bayern de Munich, y le dejó cuatro goles para el recuerdo en su casa bávara. Los pupilos de Pep Guardiola no tuvieron su noche, y los de Carlo Ancelotti hicieron un gran partido. Todos de acuerdo.

Pero, como siempre en nuestro país, si no se lincha a alguien la fiesta no es completa. El pueblo pide sangre. Guardiola pasó a ser el blanco de todas las críticas ácidas, que casualmente no venían de los cabreados aficionados alemanes, sino de felices hinchas merengues. La celebración de la victoria pasaba a un segundo plano. Nadie se detenía en la reivindicación de los vencedores, desde la portería para arriba. Un tipo educado, aparentemente culto, que habla varios idiomas, era objeto de todo tipo de burlas e incluso insultos. ¡Pero no solo eso! El sistema de juego, con el que el F.C Barcelona ha hecho lo que ha querido en España, Europa y el mundo durante los últimos años, era más denostado que el propio entrenador. “Sin la posesión os hemos metido cuatro”, decía alguien, sin darse cuenta de que con la posesión el estadio Santiago Bernabéu había sido testigo de los mayores ridículos del Real Madrid frente al Barcelona, llevándose hasta cinco y seis goles en la mochila camino del vestuario. De nada valía la enorme victoria en Alemania. Las cuentas pendientes son más importantes.




De aquella noche me quedó una frase de Guardiola: “Al fútbol se juega con el balón”. Algo tan simple encierra dentro toda una filosofía sobre cómo entender este deporte. Es otra de esas frases básicas que ilustrará cientos de ruedas de prensa tras los partidos. El balón. Por supuesto. Al fútbol no se juega colgado del larguero. De pequeños, en el patio del colegio, ninguno pensamos jamás en otra cosa que no fuese el balón. No recuerdo a nadie decir que el empate a cero era un buen resultado, o que llamase a montar una defensa numantina cuando se conseguía ventaja. Si metíamos uno, queríamos meter cinco. Y luego más.

Puedo entender la vendetta contra la bestia negra del madridismo en los últimos años. Lo llevamos en la sangre. Lo que me cuesta comprender es el intento de demolición de un sistema de juego que hizo a España campeona del mundo. Lo siento. El F.C Barcelona, en los tiempos de Guardiola, además de meterte cinco en Madrid daba un recital de juego por el que merecía la pena pagar… Aunque fueses seguidor del equipo contrario. Así fue, pese a las salidas de tono en la sala de prensa de un entrenador, José Mourinho, con mala educación y peor perder. Alguien que jamás habló de otra cosa que no fuesen los árbitros o los jugadores… para echarles la culpa de las debacles. Se hablaba más de fútbol cuando aparecía Aitor Karanka.

 
Resumiendo. Espero que este ataque de orgullo blanco por las carreras de velocidad no termine por llevarnos a pedirle a Vicente del Bosque que cambie el sistema de la selección española. Hay algo de lógica en la obsesión por mantener la posesión. Cuanto más tienes el balón, menos probabilidades de recibir un gol. Que no es perfecto, como todo, se encargó de demostrarlo el Madrid la otra noche, y otros muchos equipos. Pero si hay que elegir, vayamos a lo seguro. Pocos clubes pueden permitirse dos corredores, uno por cada banda, a cien millones de euros por cabeza. Nosotros somos esos más bajitos. Los otros. Esos que tocan y tocan el balón hasta que se abre el hueco. Los que acabaron con la maldición de Italia a base de jugar al fútbol. Los que ganaron a Alemania con elegancia y suficiencia. Esos que tumbaron a Holanda, sin soltar el balón.



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