viernes, 2 de mayo de 2014

Ucrania, la misma piedra




No termino de entender a qué juegan la Unión Europea y Estados Unidos en Ucrania. Será que no soy un experto en el ámbito de las relaciones internacionales, o que me falta sentido común. Doctores tiene la iglesia para estas cosas, y yo aquí doy mi opinión y poco más. Pero, haciendo memoria, creo recordar que en Ucrania hubo elecciones y las ganó un tal Víktor Yanúkovich, que sí, que es un pájaro de cuidado y no podía decirse que llevase una vida ejemplar en estos tiempos de austeridad, pero, al fin y al cabo, sacó más votos. Este señor está ahora en el exilio, en Rusia, porque en la plaza Maidán de Kiev, la capital del país que él gobernaba, se preparó la mundial en unas protestas que pedían, supongo que entre otras muchas cosas, un mayor acercamiento a la Unión Europea y dejar de lado a Vladimir Putin y su Rusia de los zares. Total, que al presidente democráticamente elegido le toca poner pies en polvorosa después de unos disturbios en los que murió mucha gente, y ahora el país lo gobiernan los que apartaron al que ganó las elecciones. Hasta aquí, cosas que pasan, sobre todo para la Unión Europea y Estados Unidos, que miraron para otro lado. Bien. El problema viene cuando desde otros territorios de Ucrania dicen, resumiendo, que un cuerno. Que aquí se ha votado, y ganó su candidato. Así que si es cuestión de salir a la calle y cambiar el orden de las cosas, pues vamos todos. Lo sorprendente es que en este caso a Occidente sí le parece muy preocupante, y acusan a Putin de estar removiendo la higuera a ver si cae algo. Lógico. Visto que antes los palos al árbol dieron sus frutos, el ruso aplica la misma medicina. Y no le va nada mal, porque nadie pareció querer saber que en las zonas ahora en conflicto el presidente en el exilio ganó las elecciones por abrumadora mayoría. Si alguien pensaba que se quedarían de brazos cruzados es que la ingenuidad ha llegado a cotas inimaginables en la diplomacia mundial.




Después de la terrible experiencia de Yugoslavia, parece que la Unión Europea no termina de comprender cómo funcionan muchos de los países que se encuentran en sus aledaños. Unas veces la inacción, y otras los pasos en falso, acaban siempre en la desestabilización de naciones que se mantienen en precarios equilibrios. Por si fuera poco, con qué legitimidad se puede exigir a los habitantes de Crimea y otros territorios que piden irse de Ucrania el respeto a la legalidad, si esta saltó por los aires cuando un presidente elegido en las urnas tuvo que exiliarse tras un levantamiento popular en la capital del país. Las reglas del juego son para todos, o no hay reglas. No puede sostenerse política y económicamente a un gobierno que nadie votó, mientras se pide a los que concedieron su sufragio al ejecutivo depuesto que cumplan la ley. ¿Qué ley? La del ansia de influencia y poder de las potencias mundiales, que han llevado a Ucrania al borde del abismo.



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