domingo, 6 de septiembre de 2015

El peso de la corona



Son los más grandes aquellos que soportan un mayor peso sobre sus hombros. Es así en la mayoría de órdenes de la vida. También en el fútbol. Después de lograr triunfos históricos, equipos y deportistas han sufrido importantes baches de rendimiento, e incluso muchos no volvieron a competir, ante esa aparente obligación de volver a ganarlo todo. La presión de los aficionados, medios de comunicación y la propia exigencia a la que se someten los que compiten en la élite, se convierten en un lastre que atenaza al campeón para devolverlo al campo de batalla de los mortales. Solo si se aguanta esa travesía del desierto que supone volver a convivir con la derrota, es posible pensar en volver a ser merecedor de la pesada corona. Tan grandes son los que se han retirado invictos, como los que eligen soportar la incompresión de todos confiando en silencio en sus posibilidades. La selección española de fútbol vivió una época de ensueño hace bien poco. Una combinación de éxitos merecida, por juego e historia. Después de ese momento, llegaron los fracasos y las críticas. Cayó la corona al suelo con estrépito, y en ese preciso instante comenzó la liberación. Ya no era obligación ganar siempre. Retornaban los jugadores a su condición de hombres desde el olimpo al que los encumbramos. Anoche en Oviedo volvimos a ver a momentos que nos devolvían a los mejores instantes de nuestro fútbol patrio. Otros lucen el oro sobre su cabeza. A ellos les toca soportar su maldición. El siguiente paso es lograr el antídoto. Nadie exigirá a estos jugadores ganar la Eurcopa 2016, aunque todos lo hiciésemos en el Mundial de Brasil. Quizá cuando volvamos a ganar, la fuerza de la costumbre sea el mejor contrapeso para la presión de la corona.






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