martes, 1 de diciembre de 2015

Una llamada en la noche



Las llamadas telefónicas en la noche son como una visita inesperada. Rompen la armonía que descansa envuelta en lo onírico y te devuelven a la realidad más cruda que abandonaste horas atrás. Existen diferentes clases de llamadas, pero de todas ellas la más cruel y despiadada es la que te avisa del repentino deterioro de salud de una persona amada. La noche se vuelve más oscura, y los pensamientos son armas de destrucción masiva que bombardean la parte de nuestro cerebro que precisamos para realizar las mínimas tareas básicas y ponernos en marcha. Una llamada en la noche es un puñal en el corazón. Todavía sujeto a los brazos de Morfeo, eres capaz de percibir ese deseo que te recorre como una punzada: ojalá se hayan equivocado. No es lo habitual. El teléfono y la noche son pésimos aliados. A través de las ondas y su frío digital viajan las malas noticias amparadas en la oscuridad. Te asaltan con el agravante de la nocturnidad, que por algo siempre la nombramos acompañada de su hermana alevosía. Y a partir de un determinado momento, solamente puedes pensar en la persona que lo está pasando mal. Tu cuerpo quiere sintonizar a través de la distancia con sus pensamientos, con el desconcierto que estará sintiendo. Uno de los deseos más sinceros que un ser humano puede tener es anhelar cambiarse en ese mismo instante por el que sufre. En el fondo de nuestro ser, somos una especie solidaria por naturaleza. Por mucho que siglos de odas a lo individual nos hayan confundido. Buena gente. Con buen corazón. Precisamente este órgano, del que mi suegro Miguel Aguado saca amor para todos, le falló anoche. Fue un apretón importante. De esos que solo superan los que tienen el vicio de no fumar y beben lo justo y necesario para pasar el amargo trago de un mal partido del Real Madrid. Eso decía el médico. Yo estoy de acuerdo, en parte. Creo que el corazón de Miguel tiene una potencia tan enorme que le ha permitido resistir esta puñalada trapera de la vida. Por eso late ahora con la misma cadencia con la que él toca la batería. Un tempo perfecto que seguirá marcando el paso durante años de una persona que tiene uno de los corazones más puros que conozco. Sé que otros no salieron adelante en un envite como este. Algunos de ellos buenos amigos. Todos merecían la segunda oportunidad, y Miguel la aprovechará en su nombre. Está luchando para tener mucho tiempo por delante y seguir haciendo cosas buenas, y tiene que emplearse a fondo. Alguien que ha dedicado su vida a la música seguirá componiendo nuevas canciones. Las notas fluirán como lo hace ese corazón remendado dentro su pecho. La vida sigue. Habrá muchos más momentos, y tiempos mejores. Años de matrimonio para disfrutar y amar. Para seguir en la brecha, querido suegro. No te rindas. Ni un paso atrás.


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