domingo, 30 de octubre de 2016

Noches de poder. Capítulo 13. "Sueños"


Estaba frente a Martín, en una bodega de esas que parecen una mina, en las que la humedad que se filtra por las paredes crea un ambiente cargado y propenso a la conspiración política. Seguro que a otra gente, a la gente normal, esa misma bodega les evocaría risas, compadreo y buenos ratos en compañía de amigos de toda la vida. A Tomás no. En esos sitios, en pueblos perdidos de la provincia de Burgos, había adulado sin cesar a mediocres aspirantes a todo cuya única virtud era sacar la lengua en todo momento por si algún culo despistado se les había pasado sin lamerlo. Alcaldes de aldeas que tenían cuatro colegas a los que habían afiliado al partido, y con eso se habían formado su pequeña agrupación que les daba derecho a un par de delegados en el congreso provincial. En la mediocridad general que azotaba la política desde hacía años, cualquiera con un poco picardía y mucho morro podía acabar poniendo sus posaderas en la Diputación Provincial aunque tuviese serias dificultades para leer. Había tenido que aguantar a tantos así... soberbios y aduladores a la vez, impresentables la mayoría, durante tanto tiempo, que le costaba asimilar que todo pudiese acabar de esta manera. Martín seguía frente a él con la mirada perdida. En la bodega había todo tipo de útiles para el campo de otras épocas: azadas, un trilla, cribas colgadas de las paredes, arados que parecían pesar una tonelada... Sin duda alguien se había molestado en recopilar todos esos utensilios para darle al lugar un aspecto rústico, aunque nada acogedor. Dos enormes barricas, suponía que repletas de un vino inmundo, goteaban a través de sendos grifos y dejaban caer el zumo de uva en un par de calderos colocados estratégicamente para recoger el líquido. No quiso saber qué harían después con esas gotas perdidas los dueños del lugar. Martín no decía palabra. Estaban sentados cara a cara, en la parte más corta de una mesa corrida destinada a comidas y cenas mucho más animadas.



- ¿Por qué lo has hecho? Eras mi amigo. Mi hermano. Las hemos pasado putas juntos y siempre salimos adelante porque nos poníamos espalda con espalda y nos enfrentábamos a quien hiciese falta... ¿Por qué lo has hecho?



A Tomás su voz le sonaba rara, además del eco añadido por la configuración de las paredes de la bodega. No le importó, porque a esas alturas ya sabía que estaba soñando y que tarde o temprano despertaría y todo volvería a la realidad que había dejado en el hotel. Sin embargo, no tenía ninguna prisa en regresar. De alguna manera prefería tener esa conversación con Martín en medio de un delirio onírico, antes que enfrentarse a las respuestas que su amigo podría darle en el mundo real.



- ¿Por qué lo has hecho?



Martín seguía con la mirada perdida, pero sus labios comenzaron a moverse.



- En una bodega como esta cerramos el congreso en el que ganamos a aquellos peleles de las juventudes que no querían darnos un puesto en la dirección. Aquello nos enfadó tanto que decidimos que ya no queríamos solo un puesto. Iríamos a por todo, y les mandaríamos a casa. ¿Lo recuerdas? Buenos tiempos. Todavía nos tomábamos esto de la política como un pasatiempo que nos permitía viajar y conocer muchas tías. Luego tú cambiaste, Tomás...



- ¿Qué dices?



- Cambiaste. Fue en ese momento. No cuando llegaste a diputado y tocaste el verdadero poder con las manos. Ni en ninguno de los momentos en los que aquellos que partían el bacalao te llamaban para pedirte consejo. Ni siquiera cuando decidiste presentarte a Primer Secretario. Cambiaste aquel día en el que ganamos a esos pringados y saboreaste la victoria. Descubriste tu droga Tomás. A ti te importa un pijo ser presidente. Tú solo quieres ganar. A cualquier precio. Ver las caras de la derrota en tus adversarios te sienta mejor que una raya de cocaína. Te alimentas de esa carroña de carreras políticas frustradas que hemos ido dejando a nuestro paso. Y lo peor es que en el fondo lo sabes. Y si no, ¿Por qué coño te estoy contando yo esto en tu sueño? Eres tú, capullo, el que te estás soltando este sermón a ti mismo, y como siempre me utilizas a mí porque no tienes los cojones necesarios para hacerlo tú. No te manchas las manos, líder.





Tomás, todavía desorientado, se revolvía en la cama de su habitación cuando sonó el teléfono móvil. Estaba vestido, sudado y enfadado. ¿Cuánto tiempo había dormido? El móvil seguía sonando, y mirando al techo, trataba de fijar en su memoria la conversación que acababa de mantener con Martín. Dudaba entre calificar su descanso como sueño o pesadilla. Lo cierto es que, contra lo que suele suceder, recordaba cada momento y cada palabra. Miró el teléfono y vio la llamada perdida de Granda. También había varios mensajes, aunque esos ni los había escuchado. Decidió darse unos minutos para reflexionar... y tranquilizarse. Martín le había traicionado, y de ninguna manera iba a permitir que además de semejante acto también se permitiese atormentarlo en sueños. No se consideraba adicto a la victoria ni a las derrotas de los demás. En política se gana o se gana. La otra alternativa es buscarse un trabajo de verdad, y para los que llevan décadas en lo público eso no es una opción. A él no le importaba incorporarse a la vida civil, aunque la verdad es que no conocía otra forma de ganarse el pan que no fuese lo que hacia actualmente. Había estudiado Derecho para darle una alegría a su padre, sin más. El hombre pensaba que con una carrera y sacando la oposición correspondiente haría de su hijo un hombre de provecho. Tomás agradeció que ya no estuviese con él, ni con nadie, para que no asistiese al desastre que se le venía encima. Pensó en Martín otra vez. Desde luego había sido leal, pese a que sus cargos, y su sueldo, nunca se habían acercado a lo que él ganaba como diputado. Martín se había pasado la vida a su sombra, y desde luego tenía capacidad para más. Muchos con menos carisma y olfato político que su amigo habían llegado a ministros. Era un traidor, sí, pero quizá hacía tiempo que Martín debería haber ocupado un puesto político, en vez de cobrar como un mero asesor. Le había negado su parcela de poder, y se la había ganado. Saltó de la cama y enfiló hacia la ducha. Solo había dormido una hora y media. Suficiente. Eran las nueve de la mañana, y en media hora quería reunirse con su gente para planificar la lucha. Mientras el agua caliente le caía sobre el cuerpo, no podía dejar de pensar en las palabras de ese Martín que se le había aparecido en sueños, como el del medio de Los Chichos. Sonrió bajo la lluvia artificial mientras la verdadera volvía a hacer acto de presencia en el exterior del hotel. Martín había hecho muchas cosas mal, pero no era un individuo de la catadura de Armenta. No todavía…



Continuará...




 

Publicar un comentario en la entrada

Search

Recibe los nuevos capítulos de "Noches de poder" en tu correo electrónico

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

Entrada destacada

Noches de Poder. Capítulo 1. Viernes, 11:00h

Llegó al hotel junto al resto de sus compañeros de la delegación. La mayoría eran viejos conocidos, con los que había mantenido batal...

Con la tecnología de Blogger.

Google+ Followers