miércoles, 9 de noviembre de 2016

Donald Trump: ¿Populismo o cambio profundo en la Comunicación?

Están ocurriendo muchas cosas en el mundo, y la primera consecuencia es que muchos han quedado inhabilitados para interpretarlas. Los ciudadanos llevan enviando mensajes claros a través de las urnas desde hace años, pero casi nadie se ha querido parar a reflexionar sobre ellos, en la ilusión onírica de que son cosas que se curan con el tiempo. Como el viejo axioma de que la militancia en la izquierda se cura con la edad. Pues hoy el mundo amanece con Donald Trump como presidente electo de los Estados Unidos de América, como hace bien poco el Reino Unido amaneció fuera de la Unión Europea. Horas antes millones de personas, políticos, asesores políticos y demás cabezas pensantes se iban a la cama con tranquilidad. El sonido del despertador fue el atronador estruendo de la realidad. Trump ttiene una ventaja: dice cosas que se entienden rápidamente. Incluso su inglés es perfecto para los que no lo hablamos con fluidez. Si necesitas más de un minuto para explicar una cosa, dale una vuelta. A Trump le sobran cincuenta segundos. Definimos esta forma de construir los mensajes, la comunicación, como "populista", pero debemos comenzar a pensar si los mensajes y las teorías de la comunicación que nos han llevado hasta aquí comienzan a estar obsoletas. Quizá los ciudadanos hayan comenzado a desconfiar de elaborados discursos que se parecen más al marketing y a una política de ventas. Vender al candidato y a las políticas. Trump se ha preocupado más de convencer, apuntando con un discurso básico a los problemas de millones de ciudadanos de su país. Clinton tenía de su lado a lo más granado de la comunicación política y digital. Ha sufrido una derrota sin paliativos. También tenía el viento a favor de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. De nada le ha servido. Nos enfrentamos a un nuevo paradigma que, cuanto más tiempo pasemos calificando de "populismo" sin preocuparnos por entender sus matices y mecánica de comunicación, nos seguirá provocando sorpresas que cada día lo serán menos. Los tiempos de cambio son desconcertantes. Mucho más si son tan profundos como los que provienen de la elección democrática de los ciudadanos. La soberbia no debe ser impedimento para que reconozcamos que la inmensa mayoría no hemos visto venir todo esto, y que debemos reconsiderar el andamiaje sobre el que construimos los mensajes que trasladamos a los ciudadanos. Solo desde la humildad y el análisis profundo podremos hacer que los valores de progreso: igualdad, solidaridad, tolerancia... no sucumban ante opciones que, simple y llanamente, han sabido dirigirse a la gente mucho mejor para hacer llegar su mensaje. En definitiva, que han comunicado mejor lo que querían para su país. Es una primera reflexión rápida con horas de sueño y decepción, pero creo que el camino de balsosas amarillas nunca ha estado más claro.


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