jueves, 5 de enero de 2017

Noches de Poder. Capítulo 19. Sábado, 19:00h


Desde que existían las ediciones digitales de los diarios, medios nativos en Internet y todo el ecosistema de las redes sociales, lo de esperar a la mañana siguiente para ver qué dice la prensa se había convertido en una frase hecha. Ahora las desgracias te sorprendían a cualquier hora del día. Un pequeño artículo de Gorka Ibarra, que firmó cuando todavía no le salía barba, corría por Twitter desde hacía media hora. Era demoledor, y solamente se publicó en una revista interna de las juventudes del partido, aunque eso ahora daba igual. De hecho, las probabilidades de que acabase con su carrera política, al menos para lo que se dirimía en ese momento, eran muy altas. Decía así:



Una Euskadi libre, por Gorka Ibarra Azkargorta



Los vascos somos un pueblo que no nos acostumbramos a vivir bajo el yugo de la opresión. Pese a que durante mucho tiempo han sido otros partidos políticos los que han capitalizado el sentimiento de libertad de los vascos, no podemos escondernos bajo nuestra federación a un partido español para ocultar que sentimos y deseamos lo mismo que aquellos que un día abandonaron la tranquilidad de sus casas para luchar por la independencia de Euskadi. Si bien los asesinatos, la extorsión y el miedo no tienen cabida en un estado democrático, no puede evitarse culpar al régimen del dictador del origen de tanto sufrimiento. ETA es la expresión violenta de un sentimiento legítimo, y esa cuestión debe ser un elemento a tener en cuenta para cualquier proceso negociador. Del mismo modo, la división de nuestro país, quedando dos de los territorios en España y otro en Francia, solo ha contribuido a aumentar las dimensiones del conflicto político. No se soluciona un problema tan antiguo con propuestas oxidadas, antidemocráticas y perversas, que solo buscan la división de los vascos y la dispersión de un pueblo cuyas raíces se pierden en una historia que va más allá de cualquier reino castellano. Una Euskadi libre solo llegará desde la lucha y el respeto a nuestra historia. Esto último ha sido algo que los estados español y francés nunca han hecho. Debemos buscar puntos de coincidencia con los demás partidos vascos de izquierda para buscar un frente común, y la lucha armada no es excusa para apartar de este proceso a formaciones políticas con importante apoyo popular. Los nacionalistas vascos de derechas siempre terminarán arrimando el ascua a su adinerada sardina, y esta solo engorda desde la vinculación a España. Por lo tanto, unicamente desde la unidad de la izquierda vasca podemos atisbar en el horizonte una Euskadi libre.





El artículo original estaba escrito en euskera, y alguien se había molestado en traducirlo bastante bien. Al menos eso era lo que opinaban los internautas que lo difundían una y otra vez. Todo el texto era un despropósito, y se notaba que estaba redactado con el ímpetu que da la juventud, pensó Tomás, aunque eso no le quitaba importancia. Había partes intolerables para el pensamiento de un demócrata. Aunque ya tenía a los navarros de su lado, esto le aseguraba que ya no cambiarían de opinión aunque se helase el infierno. Las referencias a la anexión de Navarra no iban a sentar demasiado bien en la delegación, y la prensa se iba a ensañar con Ibarra las próximas horas. De igual modo, pensar en la unidad de la izquierda vasca, al lado de los que se han pasado años amparando a los asesinos de tantos y tantos compañeros de partido, era mucho decir entonces, y en este momento histórico algo, como mínimo, sin sentido. En el fondo sentía pena por Ibarra, pese a la puñalada trapera que le había propinado. No había ninguna duda de su compromiso con la democracia y la libertad de los que sufrían persecución en el País Vasco, él incluido. Una parida, un error de hace treinta años, iba a terminar de un plumazo no solo con su carrera, sino con un prestigio ganado a pulso. Se sabía, por los papeles que la Policía, Ertzaintza y Guardia Civil incautaban a ETA de vez en cuando, que Gorka estaba entre los objetivos de la banda terrorista. Precisamente ejercer como vasco de pura cepa, idioma incluido, formando parte de un partido político de ámbito nacional, era algo que los pistoleros no soportaban. Para ellos, el opresor debía cumplir con el estereotipo tantas veces repetido: de derechas, ni idea de como pronunciar una palabra en euskera y vestido con un polo de marca. Ese era el enemigo que tenían en la cabeza los fanáticos, pero la realidad, como siempre, les superaba y contradecía con terquedad. La otra cuestión era quién estaba detrás de esto. Sabía que él no había sido, y dudaba que Almudena tuviese en su mano semejante información. No pensaba descartarla, pero le preocupaba el cariz que tomaban los acontecimientos. Todo el mundo tiene algún cadáver en el armario, y si empezaban a cobrar vida el congreso se convertiría en un barrizal, por no hablar de la imagen del partido. No volverían al gobierno en muchos años, y quizá se lo tuviesen merecido. 




Continuará... 
 





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