sábado, 11 de febrero de 2017

Noches de Poder. Capítulo 23, domingo 01:00h


Mientras subía en el ascensor camino de la habitación en la que definitivamente diría adiós a su carrera política, Gorka Ibarra repasaba mentalmente los acontecimientos que le habían llevado hasta esa encrucijada. Como el Presidente de Andalucía, Armenta, se presentó en Euskadi y en la mesa de una sidrería prácticamente le empujó al abismo por el que ahora caía. Porque Martín y su traición le hicieron suponer que Tomás estaba acabado, y que se estaba sumando al caballo ganador. En política, si no eres el que manda todo se reduce a eso: saber elegir con sumo cuidado por quien apostar en cada momento. De acertar o no pueden depender muchos años de ostracismo en los aledaños del poder, sin olerlo. Al final, Armenta le había utilizado para distraer la atención de los medios de comunicación durante un día, y suponía que eso le habría venido muy bien al verdadero tapado de los andaluces. Para qué enfrentar desde el principio a tu verdadera opción ganadora contra todo lo que se le viene encima al que osa atacar el orden establecido. Armenta tenía manos libres ahora para poder proyectar a un candidato de los que se llaman “de consenso”, que no estaría manchado por el enfrentamiento que ya les había alcanzado a Tomás y a él. Almudena Palacios quería ser esa tercera vía, porque era una mujer inteligente y se había dado cuenta enseguida de que se abría un espacio que podía aprovechar. Pero seguro que Armenta tenía todo pensado. No sabía cómo terminaría el fregado que habían montado, pero algo tenía claro: el andaluz no ganaría este congreso. Por encima de su cadáver. Una vez que el lío era tan monumental, y todos los medios de comunicación del país ya se estaban haciendo eco de las cuchilladas que se estaban dando en el interior del hotel, de perdidos al río. Hablaría con Tomás, porque es lo que tenía que hacer, y después se marcharía a su caserío de Berango. Pero antes tenía pensado dedicarle un último baile a Armenta.





- ¿Quién es? – Preguntó Salán. Los golpes en la puerta sonaron tan fuerte que Granda dio un respingo.



- Ibarra. Vengo a ver a Tomás.



La puerta se abrió, e Ibarra entró con la suficiente dignidad para no parecer lo que realmente era: un político abrasado que apuraba sus últimas horas en activo. Tomás estaba sentado en la cama más alejada de la entrada, mientras Granda seguía con atención la escena desde la silla del escritorio. Salán se apoyó contra la puerta, y su gesto pareció el de una emboscada en la que se cierra la única vía de escape. Como en esas películas de la mafia. Ibarra se sentó frente a Tomás, cara a cara, cada uno en una de las camas. Sus rodillas casi chocaban entre ellas. Ibarra comenzó a hablar.



- Te agradezco de veras que hayas accedido a verme. Yo en tu lugar no sé que habría hecho. Eskerrik asko, amigo. - Otra vez, la palabra amigo se deslizó como sin querer al final de la frase. Demasiados amigos estaban cayendo. Las conversaciones se parecían demasiado unas a otras. El precio empezaba a ser demasiado alto. O quizá no.



- Probablemente me habrías llamado a tu habitación y una vez dentro me hubieses dado de hostias. – Contestó Tomás con una voz tan calmada y fría que sorprendió a todos los presentes. – Porque, amigo Gorka, lo que has hecho es algo tan mezquino y sucio que te costará volver a encontrar a alguien que confíe en ti, incluso en tu propia casa.



- Eso no va a ser un problema. Después de esta noche dejaré la política.



- Dejaste la política el día que comiste con Armenta en Bilbao y decidisteis que vosotros dos y mi buen amigo Martín os bastabais y sobrabais para dirigir este partido. Ese día es cuando dejaste de ser político para convertirte en un mercenario. Probablemente todos lo seamos, porque al final la culpa de que esto sea la mierda que es no se le puede echar solo a unos pocos. Unos más y otros menos, hemos jugado a esto sin pensar en qué diría la gente de nuestro comportamiento. ¿Has leído la prensa? ¿Los digitales? ¿Lo que dicen en las redes sociales? Somos la vergüenza de este país. Enhorabuena. Si tienes algo más que decir, dilo, y vete.



- Barkatu Tomás. Espero que algún día me perdones, porque siempre te consideré mi amigo. Y lo que he hecho es algo terrible, y mucho más cuando se le hace a una persona a la que quieres.



- No tengo nada que perdonar Gorka. Espero que algún día tú puedas perdonarte a ti mismo.



- Eso es algo que espero poder hacer con el tiempo, pero mientras tanto voy a dedicarme un rato a tratar de arreglar algunas cosas. Dentro de media hora he citado a toda la delegación de Euskadi para anunciarles que el lunes presentaré mi dimisión irrevocable como Primer Secretario de la federación, y que lo último que les pido es que apoyen tu candidatura y voten por ti en bloque mañana por la mañana.



Podía escucharse el cerebro de Granda haciendo las nuevas cuentas. Le quitaban veinte delegados a Armenta, que ellos sumaban. No era gran cosa. Ponía todo más de cara si cabe para Almudena, que veía como el rival que todavía no tenía rostro se ponía casi a la par. En todo caso, ahora mismo, aunque no ganaban ni de lejos, se habían convertido en los jueces de la contienda, y eso en política es un tesoro que, bien administrado, puede dar más beneficios de los esperados. Tomás siguió con la conversación.



- Eso te honra Gorka. Ya hablaremos en el futuro, cuando todo esto haya pasado. No pienso dejar que Armenta gane. Es una cuestión personal. Han pasado demasiadas cosas como para cerrar esto con un acuerdo. Iremos a la votación, pase lo que pase.



- En algo estamos de acuerdo Tomás, y es que yo esta noche solo tengo un propósito: joder al andaluz tan fuerte como no lo ha hecho nadie en su puta vida. Voy a decirte algo más. Si me das tu permiso, me gustaría hablar con los catalanes. Tengo buena relación con Josep Bartra desde hace muchos años. Te lo pido como un último favor. Deja que intente convencerlo de que esta vez deben tomar partido.



La maquinaría de Granda estaba a toda potencia, pero la de Tomás le seguía de cerca. Si lo que decía Gorka era cierto, y lograba que Cataluña se pusiese de su lado, el Congreso estaría en la antesala del gran caos. Las tres opciones sumarían prácticamente el mismo número de delegados. No había que subestimar a Ibarra. Estaba muerto políticamente, y una persona así es muy peligrosa. Todo le da igual porque sabe que el lunes tendrá que dedicarse a su trabajo, si es que lo tenía antes de la política, o buscarse uno. Si el caso era el segundo, Tomás estaría dispuesto a olvidar y echar una mano para que el vasco no pasase apuros. Pero evidentemente todo eso dependía de que las delegaciones de Euskadi y Cataluña se pusiesen de su parte. El mal paso de Ibarra no tenía remedio, pero podía mitigar sus efectos si le daba la oportunidad a Tomás y los suyos de volver a la pelea en condiciones de ganarla. Lo cierto es que, desde que todo saltó por los aires, nadie se atrevía a decirlo en voz alta pero su situación era crítica. Si no lograban avanzar en las próximas dos horas, a eso de las tres de la mañana estarían rindiendo pleitesía a Almudena Palacios y el poder extremeño, como mal menor para que al menos Armenta y Martín no ganasen el congreso, sea quien sea el candidato que pretendan presentar.



- Diles a los catalanes que tengo algo para ellos. Un giro político que les hará ganar las elecciones en Cataluña y mucho más. - Tomás, no amplió más información. Dejó en su cabeza ese cartucho, para curiosidad de todos lo presentes en la habitación.




Continuará... 
 




Publicar un comentario en la entrada

Search

Recibe los nuevos capítulos de "Noches de poder" en tu correo electrónico

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

Entrada destacada

Noches de Poder. Capítulo 1. Viernes, 11:00h

Llegó al hotel junto al resto de sus compañeros de la delegación. La mayoría eran viejos conocidos, con los que había mantenido batal...

Con la tecnología de Blogger.

Google+ Followers