jueves, 30 de noviembre de 2017

El delirio y la grandeza

Instalados en el disparate, los que fundaron la cofradía del delirio procesionan con paso firme por la calle del despropósito. Los tambores que marcan el ritmo de la comitiva cumplen una función necesaria: que no se escuche otra cosa que no sea el tronar de los instrumentos. Así, con una mano delante y la otra detrás, los oídos contaminados, avanzan sin dudar hacia el precipio de la voluntad despistada. Sería complicado decir en qué momento los cofrades dejaron de lado la razón, para encomendarse a las baratas letanías del santón. El delirio, ya instalado como una tenia traicionera en el interior de cada uno, no permite un paso atrás, ni para tomar impulso. Por el camino quedan ilusiones, sueños, promesas, amigos y hasta la propia dignidad. Pero poco importa, ante el estruendo de fondo que no deja lugar para la autocrítica. En el horizonte, a lo lejos, el santón atisba la recompensa a su autoproclamada grandeza. Quién mejor que yo, piensa el líder frenético, para ser honrado por los que no fueron recompensados con mi intelecto. Esto es lo que me merezco. Porque yo lo valgo. Los disidentes, como serán conocidos todos aquellos que osen pretender levantar la voz por encima del tambor, sufrirán el latigo de la indiferencia del santón. Sufrirán, es un decir. No hay lugar para otras opiniones. No queda espacio en la pequeña habitación en la que reside la grandeza. La humildad vive desde hace años escondida en el armario, aterrada ante lo que observa. De lejos escucha los tambores ¡Porrom! ¡Porrom! ¡Porrom pom pom! Nada puede parar ya la larga marcha. Cada vez son menos, cada vez están más solos. No importa. Son los elegidos, o eso les dicen.  ¡Porrom! ¡Porrom! ¡Porrom pom pom! Adelante sin descanso, obreros necesarios para la construcción de una leyenda pírrica. Hagamos historia. Que nuestros nombres coronen las calles y avenidas, como otrora lo hicieron generales y marinos. Bebamos del caliz de la efímera aparición en el periódico, mientras glosamos nuestros logros ingiriendo unas buenas viandas.



P.D: Estos pequeños relatos son pajas mentales mías. Si te das por aludido, tienes un serio problema ;)


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