jueves, 28 de febrero de 2019

La cabeza del ratón

La vida es un camino corto. Para muchos, demasiado. Todos recordamos a los que nos dejaron antes de tiempo en esta travesía. Por eso es necesario no pararse demasiado a calcular los pros y contras de cualquier decisión. Los humanos tenemos un instinto vital que nos hace ir siempre hacia adelante. Más allá, plus ultra, como hicieron en su día aquellos que salieron a la mar hacia el oeste sin otra cosa en el horizonte que agua y penurias. Aplicado a lo cotidiano, desde la humildad siempre debemos mirar hacia arriba. Es importante que cada uno, en la labor que le ha tocado en esta sociedad, dé lo mejor de si mismo para progresar. La suma de esos esfuerzos es el progreso de un país, o de cualquier pueblo o ciudad. Precisamente, es en los pequeños núcleos de población dónde más necesario se hace este espíritu. Hoy, los jóvenes y mayores abandonan su tierra natal por falta de trabajo y no por una progresión natural en su carrera profesional. Y eso es una tragedia. El exilio forzoso, el que no se gana sino que viene impuesto por la falta de oportunidades, se está comiendo nuestro medio rural. No hay Españas vivas o Españas que madrugan, tan de moda ahora estas expresiones en los corros políticos y mediáticos. La más real de esas Españas es la España vacía, que Sergio del Molino retrató a la perfección en su libro. Los que todavía luchan en el país de calles en silencio y plazas huérfanas de niños merecen más medallas que las que todavía luce en su pecho algún desalmado. Es una heroicidad querer morder la cola del león, subirse a sus lomos y cabalgar sin miedo, cogiendo impulso desde una pequeña ciudad. Te ayudan poco, las manos que te tienden casi siempre tienen el cuello como destino, y la envidia, esa tenia tan española, espera en silencio la oportunidad para que su huésped entone el "te lo dije". Gozan algunos más con esas tres palabras que con un décimo de lotería premiado. Es su droga dura. La esencia de los rendidos a ser cabeza de ratón. Esta horda, para nada silenciosa, es como una roca atada el tobillo del progreso. Se sienten cómodos en el erial, porque así tienen la oportunidad de destacar que no les otorgó ni su capacidad de trabajo, ni el intelecto. Hay que escapar de personajes así. Se llevarán al fondo con ellos todo lo que toquen, con tal de seguir siendo la cabeza del ratón. La farsa que rodea su petulante pasear por las calles seduce a unos pocos, pero incluso para esos hay un tiempo de reacción. Al final, justicia no divina, solo les espera la soledad. Bien porque logren su triunfo, y se conviertan en los amos del cementerio, o, anhelo con todas mis fuerzas, porque la victoria caiga del lado de los verdaderos luchadores. A estos últimos, honores.


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Terapia de orden


Su terapeuta le pidió que cerrase los ojos. Hacía bastante tiempo que no le gustaba acudir a las sesiones, a pesar de pagarlas religiosamente. No entendía por qué seguía visitando a la mujer que cada quince días escrutaba su mente buscando fallos. Debía estar allí, pero a él no le ocurría nada. Sentado en la silla frente al escritorio de su psicóloga, sus párpados se bajaron como persianas y dejó de lado una decoración moderna y femenina. Sí. Femenina. No sabía muy bien la definición exacta de esa opinión, pero se le asemejaba a ciertos decorados de películas de Almodovar. No soportaba que se utilizase una estantería para ordenar libros como un cajón de sastre en el que se colaban todo tipo cosas sin sentido. En la vida, como en las estanterías, era necesario orden. Mientras se dedicaba a analizar el sacrilegio cometido por esa mujer, la profesional comenzó a hablar. Hicieron unos ejercicios para fijar la atención en la respiración. Según ella, sufría un poco de ansiedad, y de esa manera liberaba su mente de otros pensamientos que no ayudaban a la terapia. Si ella lo decía… lo único que conseguía hacer mientras trataba de sentir su respiración en la boca del estómago, a las órdenes de una voz cada vez más cálida, era seguir dándole vueltas a la decoración del despacho. Y la silla no era cómoda. Se lo había dicho en alguna de sus anteriores sesiones. El artefacto era como un potro de tortura, lo que, dado el nulo interés que tenía en la terapia y el sentimiento que le producía acudir allí, le parecía apropiado. Ella siempre recibía esos comentarios con una sonrisa, e inmediatamente cambiaba de tema para comenzar a sondear en sus pensamientos. A él esa actitud le revolvía las tripas. Llegó a la conclusión de que era imposible discutir con esa mujer. Ahora le invitaba a sentir su respiración en la zona de sus pulmones. El pecho se hinchaba con cada inspiración, el diafragma subía, las costillas se expandían, los pulmones sufrían los rigores de más de cuarenta años fumando, y llegaba el momento de exhalar con el mismo alivio que suponía se tiene al confesar un secreto. Con cierto asombro descubrió que, a pesar de no haber dejado su mente liberada, el juego de la respiración había tenido algún efecto sobre su estado anímico. Se encontraba relajado y animado. Casi le apetecía hablar. Incluso, aunque no sabía cómo reaccionaría al abrir de nuevo los ojos, la decoración del despacho le parecía tolerable. Le fascinaban los procedimientos de la rutina. La verdad es que siempre le ocurría lo mismo cada que vez realizaban el ejercicio de la respiración. A pesar de su silenciosa negativa a colaborar, siempre recorría un camino que lo dejaba más vulnerable frente a ella. Y esa sensación no le gustaba. Su cuerpo reaccionaba de forma positiva, pero en su cabeza había unas trincheras que no sería fácil superar. Como en el Verdún de la I Guerra Mundial, si se producía un ataque el frente se estabilizaría durante meses e incluso años. Estaba preparado para resistir cualquier embate, por duro que fuese. A él no le ocurría nada. Necios conjurados habían logrado un acuerdo judicial que le obligaba a pasar por este trance, pero era cuestión de tiempo. Resistiría con dignidad cada una de las sesiones sin ofrecer ni un metro de terreno. Les enseñaría a todos cómo se comporta un tipo que se viste por los pies y que no tiene nada que ocultar, ni cambiar. Y cuando todo terminase, en el momento en que se viese liberado del yugo, esperaría con paciencia el tiempo necesario para que nadie pudiese acusarle de tomar represalias. Despediría a aquella que se había atrevido a denunciar. Él no había acosado a nadie. Y lo repetía en su cabeza mientras respiraba, como el aliento vital de una bestia herida que aguarda su revancha…



* Estos relatos cortos de ficción están a tu disposición y eres libre de reproducirlos, siempre que cites y enlaces al autor.  

viernes, 26 de enero de 2018

El termostato del planeta

      

Desde que Al Gore descubrió para la mayoría que nuestro planeta se estaba calentando tan rápido como un socio del Real Madrid esta temporada, a partes iguales aparecieron alarmistas y negacionistas de lo que hemos llamado cambio climático. Yo me fío de Al Gore. Jamás he visto encajar un atraco electoral con tanta deportividad y sin provocar una fractura social en el país que fue testigo de aquel triste episodio para la democracia. Creo que este hombre se ganó el derecho a hablar de lo que le diese la gana, y ser escuchado. Quizá por ello su aviso en forma de documental sonó como un trueno en todo el mundo. La avalancha de datos y gráficos no dejaba lugar a la duda: hemos encendido la calefacción, y de momento nadie baja la temperatura del termostato. Por si nuestra propia incapacidad como especie no fuese suficiente, individuos superiores en la capacidad de involución han tomado el mando de muchos países que podrían ser el motor del cambio en este avance hacia la combustión. Uno se pregunta cómo pueden estos personajes, centro del teatro político mundial, ser capaces de ignorar el legado que van a dejar a las próximas generaciones. Peor todavía son aquellos que susurran al oído de los responsables de velar por el bien común. Lo siento, pero no voy a hablar de las élites, los poderosos o poderes en la sombra. Todavía no he visto tantas horas de House of Cards. Los asesores a los que me refiero no necesitan de influencias externas. Son lo suficientemente radicales en sus pensamientos que se bastan y sobran para convencerse de la planicie de la Tierra con solo leer el blog que cualquier onanista solitario de Nebraska escribe desde la soledad de su habitación mientras su madre le pide a gritos que, por lo más sagrado, se cambie de ropa al menos una vez a la semana. Para muestra, la cofradía de susurradores que acompañó al líder del mundo libre hasta la Casa Blanca. Comparado con ellos, Donald Trump podría aspirar al Nobel. Estamos poniendo nuestro destino en manos de incompetentes. Sé que ante las adversidades cotidianas casi nadie tiene tiempo ni cuerpo para preocuparse por las consecuencias en el siglo que viene de nuestro modelo de desarrollo. Y no se puede culpar a nadie por ello. Si en medio de una campaña electoral se presenta un candidato prometiendo reabrir la fábrica de coches que lleva cerrada una década, le darán tila al que luego pase por allí y nos hable de que hay que darle una vuelta al tema y probar con otro tipo de industria. Váyase al carajo. Queremos volver a trabajar. Y así, con un programa que podría escribir un niño de cuatro años, llega alguien al poder. El resto es historia. En algún momento, antes de que empecemos a sentirnos como en un cocedero de marisco, tendremos que sentarnos a hablar en serio del calentamiento global. Quizá no sea pronto, pero lo deseable es que lo hagamos cuando todavía estemos a tiempo de arreglarlo. Para eso habrá que arrinconar a los que gritan ¡Muera la inteligencia! Será una tarea complicada, porque parece que muchas de sus tesis se han convertido en tendencia. La gracia del tema es que tenemos que soportar por televisión como un fulano que cree que Elvis está vivo en una isla del Pacífico y que el gobierno de los USA tiene a un extraterrestre congelado en el Área 51, niega con vehemencia que el clima del planeta esté sufriendo peligrosos cambios. “Eso no es científico”, espeta a la cámara, mientras se da la vuelta y camina con brío para seguir haciendo fotos al cielo intentando captar la imagen de un OVNI sobre su casa... de Nebraska. 



jueves, 30 de noviembre de 2017

El delirio y la grandeza


Instalados en el disparate, los que fundaron la cofradía del delirio procesionan con paso firme por la calle del despropósito. Los tambores que marcan el ritmo de la comitiva cumplen una función necesaria: que no se escuche otra cosa que no sea el tronar de los instrumentos. Así, con una mano delante y la otra detrás, los oídos contaminados, avanzan sin dudar hacia el precipio de la voluntad despistada. Sería complicado decir en qué momento los cofrades dejaron de lado la razón, para encomendarse a las baratas letanías del santón. El delirio, ya instalado como una tenia traicionera en el interior de cada uno, no permite un paso atrás, ni para tomar impulso. Por el camino quedan ilusiones, sueños, promesas, amigos y hasta la propia dignidad. Pero poco importa, ante el estruendo de fondo que no deja lugar para la autocrítica. En el horizonte, a lo lejos, el santón atisba la recompensa a su autoproclamada grandeza. Quién mejor que yo, piensa el líder frenético, para ser honrado por los que no fueron recompensados con mi intelecto. Esto es lo que me merezco. Porque yo lo valgo. Los disidentes, como serán conocidos todos aquellos que osen pretender levantar la voz por encima del tambor, sufrirán el latigo de la indiferencia del santón. Sufrirán, es un decir. No hay lugar para otras opiniones. No queda espacio en la pequeña habitación en la que reside la grandeza. La humildad vive desde hace años escondida en el armario, aterrada ante lo que observa. De lejos escucha los tambores ¡Porrom! ¡Porrom! ¡Porrom pom pom! Nada puede parar ya la larga marcha. Cada vez son menos, cada vez están más solos. No importa. Son los elegidos, o eso les dicen.  ¡Porrom! ¡Porrom! ¡Porrom pom pom! Adelante sin descanso, obreros necesarios para la construcción de una leyenda pírrica. Hagamos historia. Que nuestros nombres coronen las calles y avenidas, como otrora lo hicieron generales y marinos. Bebamos del caliz de la efímera aparición en el periódico, mientras glosamos nuestros logros ingiriendo unas buenas viandas.



P.D: Estos pequeños relatos son pajas mentales mías. Si te das por aludido, tienes un serio problema ;)


lunes, 10 de julio de 2017

[DIRECTO] Acto "Libreta Campeones" de Barcelona '92

Sigue aquí, en directo, el acto del 25º aniversario de la "Libreta Campeones" de "la Caixa". Este programa se ha convertido en la iniciativa económica privada más importante en la historia del deporte español. Este martes 11 de julio, a las 11h. 






El evento estará presidido por Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria “laCaixa” y Jordi Gual, presidente de CaixaBank, y contará con una amplia representación de los medallistas olímpicos de Barcelona ’92, que rememorarán los Juegos Olímpicos más exitosos de la historia del olimpismo español, cuyo 25º aniversario se celebrará el próximo 25 de julio.



lunes, 5 de junio de 2017

Los pueblos vacíos


La hierba alta y el adobe derrotado. Ventanas que dejan pasar el viento sin oponer resistencia, y jambas que ya no sujetan puertas. Las calles desiertas con ecos lejanos de niños y animales, la plaza desolada que albergaba el mercado. Periódicos con fechas lejanas en el tiempo ejercen de alfombras en suelos de casas huérfanas. Hogares otrora dulces al calor del fuego, yacen inertes y desvalijados por el tiempo y los desalmados. La tierra llora la ausencia de manos que la trabajen. Las cuadras añoran a los pastores y sus particulares sonidos. Todo es lamento en medio del terrible silencio. En la patria del vacío.
De vez en cuando, al calor de estío, llegan visitantes a lomos de bicicletas. Jóvenes como los que antaño hacían del pueblo un bastión contra los vecinos de al lado. Riñas y honores ofendidos eran pan nuestro de cada día en la Tierra de Campos, en la vieja Castilla. Los recién llegados, veraneantes con la piel quemada que delata su origen urbano, siguen llevándose en los zurrones la memoria del lugar. Los pocos recuerdos que sujetan los endebles tabiques y las maletas que no verán más viajes. Los rezos que ya no serán en la destartalada iglesia. Cuando se marchen, y vuelva el invierno, las heladas seguirán tirando abajo paredes y más tejas caerán de sus atalayas. El olvido es más eficiente amparado en la niebla y el frío.

La última lucha es para no desaparecer de los mapas. Para que al menos los cazadores de recuerdos encuentren un filón cada vez menos boyante y satisfagan así sus inquietudes de urbanitas arqueólogos. Seguir en el mapa es un hilo de vida. Un testimonio de lo que fue. Es mantener el frente de batalla contra el abandono. La esperanza de que vuelvan las bicicletas.


La despoblación es el problema más grave al que se enfrenta nuestra tierra. Su terrible avance cobra especial relevancia en pueblos como el que describo, que visitaba de niño junto a mis amigos de Villalón de Campos. Las cifras son la constatación científica de esos sentimientos que te sobrecogen al pasear por lugares en los que no cuesta imaginarse como fue la vida antaño. Podemos hacer más, y debemos hacerlo para luchar contra este enemigo terrible que pretende condenar a las próximas generaciones al exilio. Puede que todavía estemos a tiempo.

viernes, 3 de marzo de 2017

Ateneos de su tiempo


La historia de los Ateneos españoles es un tesoro. En sus triunfos y en sus fracasos. En esencia, es la historia de España. Debió ser excitante formar parte de aquellos pioneros que defendían la capacidad crítica, la libertad de pensamiento... Épocas turbulentas para el país, que aquellos hombres, y algunas mujeres que no se conformaban con el papel que les otorgaba la sociedad, enfrentaban con las armas de la razón y el saber acumulado en sus mentes y bibliotecas. Eran los Ateneos que necesitaba el siglo XIX, al igual que el XX tuvo los suyos. En la historia de los Ateneos, como en la vida, si no se avanza se va para atrás. Los que llegamos a este movimiento hace bien poco, haciendo gala de ese espíritu crítico que nos impregna en estas instituciones, también tenemos nuestra forma de ver lo que debe ser un Ateneo para el siglo XXI. Y esto que les cuento es solamente una opinión personal. Les pondré un ejemplo: para mí, la biblioteca de un Ateneo tiene que convertirse en un gran repositorio al acceso de todas las personas, ubicado en la red de redes y que no pida un permiso de entrada a nadie. Textos llenos de saber, destinados al libre uso sin que la condición social del que reclama conocimiento sea una barrera. Tenemos tantas herramientas tecnológicas a nuestra disposición para lograrlo, y la inmensa mayoría gratuitas, que no hacerlo sería un pecado. YouTube, por ejemplo; el ebook, sin ir más lejos. Claro, que nos gusta el papel, su tacto, su olor, la imprenta... las bibliotecas públicas, como es el caso de la de Palencia, cumplen una misión tan importante que no merece la pena intentar superar o suplantar ese espacio. La verdadera sede de un Ateneo del siglo XXI está en su red neuronal de espacios conectados en la web global. Internet le ha dado el camino a los ciudadanos para empoderarse, y a entidades grandes y pequeñas una oportunidad para igualarse. Es Internet y todo lo mobile el hábitat natural de los jóvenes. A través de los aparatos se relacionan con bancos, instituciones, compran, venden... Aquellos que quieran llegar a esas generaciones, deberán hacerlo por la vía del smartphone. La arquitectura del nuevo ágora mundial permite construir sin restar recursos al corazón de un Ateneo: sus secciones. Es a través de ellas como se consiguen los fines últimos del Ateneo de Palencia en este caso. Porque el Ateneo como tal no es un fin en si mismo. Es un instrumento al servicio de la sociedad, apoyado por sus socios y gestionado por personas comprometidas para cambiar las cosas. Salir de ese camino, es entrar en un bosque oscuro. Confuso. Los Ateneos de este tiempo deberán renovarse o sufrir los rigores que ya han llegado a empresas y otros sectores. En plena Transformación Digital, hay que asumir con naturalidad las ventajas, sin dejarse atrapar por la nostalgia de épocas que no vivimos, pero sin traicionar las esencias de lo que fue. Grandes pensadores de este país se reunieron en el Café Gijón de la capital, sin que nadie echase de menos un rincón privado con la puerta cerrada. Pareciera que el contacto con el resto de parroquianos, ese mestizaje de pensamientos casuales al calor de un vino o un café, enriqueciese aún más el fruto final. Estoy seguro de que aquellos no verían hoy con malos ojos que su obra se expandiese y conservase más allá de cuatro paredes. El Ateneo está en la calle, en sus actos, en sus hechos, en sus gestiones para que esta tierra prospere. El Ateneo es su gente, sus socios, los que aportan para que podamos seguir... el Ateneo y el proyecto ateneista, es mucho más que un bien inmueble.  



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Donald Trump: ¿Populismo o cambio profundo en la Comunicación?

Están ocurriendo muchas cosas en el mundo, y la primera consecuencia es que muchos han quedado inhabilitados para interpretarlas. Los ciudadanos llevan enviando mensajes claros a través de las urnas desde hace años, pero casi nadie se ha querido parar a reflexionar sobre ellos, en la ilusión onírica de que son cosas que se curan con el tiempo. Como el viejo axioma de que la militancia en la izquierda se cura con la edad. Pues hoy el mundo amanece con Donald Trump como presidente electo de los Estados Unidos de América, como hace bien poco el Reino Unido amaneció fuera de la Unión Europea. Horas antes millones de personas, políticos, asesores políticos y demás cabezas pensantes se iban a la cama con tranquilidad. El sonido del despertador fue el atronador estruendo de la realidad. Trump tiene una ventaja: dice cosas que se entienden rápidamente. Incluso su inglés es perfecto para los que no lo hablamos con fluidez. Si necesitas más de un minuto para explicar una cosa, dale una vuelta. A Trump le sobran cincuenta segundos. Definimos esta forma de construir los mensajes, la comunicación, como "populista", pero debemos comenzar a pensar si los mensajes y las teorías de la comunicación que nos han llevado hasta aquí comienzan a estar obsoletas. Quizá los ciudadanos hayan comenzado a desconfiar de elaborados discursos que se parecen más al marketing y a una política de ventas. Vender al candidato y a las políticas. Trump se ha preocupado más de convencer, apuntando con un discurso básico a los problemas de millones de ciudadanos de su país. Clinton tenía de su lado a lo más granado de la comunicación política y digital. Ha sufrido una derrota sin paliativos. También tenía el viento a favor de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. De nada le ha servido. Nos enfrentamos a un nuevo paradigma que, cuanto más tiempo pasemos calificando de "populismo" sin preocuparnos por entender sus matices y mecánica de comunicación, nos seguirá provocando sorpresas que cada día lo serán menos. Los tiempos de cambio son desconcertantes. Mucho más si son tan profundos como los que provienen de la elección democrática de los ciudadanos. La soberbia no debe ser impedimento para que reconozcamos que la inmensa mayoría no hemos visto venir todo esto, y que debemos reconsiderar el andamiaje sobre el que construimos los mensajes que trasladamos a los ciudadanos. Solo desde la humildad y el análisis profundo podremos hacer que los valores de progreso: igualdad, solidaridad, tolerancia... no sucumban ante opciones que, simple y llanamente, han sabido dirigirse a la gente mucho mejor para hacer llegar su mensaje. En definitiva, que han comunicado mejor lo que querían para su país. Es una primera reflexión rápida con horas de sueño y decepción, pero creo que el camino de balsosas amarillas nunca ha estado más claro.


domingo, 30 de octubre de 2016

Envidia y duda

Siempre pensé que tenía un sexto sentido para diferenciar a los buenos de los malos, por resumirlo de forma burda. Que había algo que me guiaba para entender en qué momento estaba delante de buenas o malas acciones y actuar en consecuencia. Puedo parecer pedante, pero estas últimas semanas, por primera vez, he dudado. Por eso envidio a los que lo tienen tan claro. Yo siempre fui así. Quizá la dimensión de los hechos a los que hemos asistido sea demasiado para mí, pero debo decir que, conversando con personas bastante más inteligentes que yo, y que ayer se sentaban en casi todos los grupos políticos del Congreso de los Diputados, me he dado cuenta de que mi duda era razonable. Pero sigo envidiando a los que ante tan importante encrucijada, eran capaces de dar soluciones tan simples. No puedo evitarlo. Y he seguido hablando con esas personas y con otras, y hemos compartido nuestras dudas como si de una terapia se tratase. Y a la conclusión que llegamos en casi todas las ocasiones es que en efecto la duda es la sensación lógica cuando las opciones que se te presentan por delante son todas malas o muy malas. Cuando de tu decisión siempre se derivará un mal, mayor o menor. Pero sigo envidiando a aquellos que han sido capaces de tenerlo tan claro. Desde luego no anhelo la forma en que señalan a los que dudan, a los que han optado por una solución que consideran el menor mal, o simplemente han acatado la decisión de lo que asumieron como sus órganos políticos cuando iniciaron su militancia en un partido, y después formaron parte de sus cerradas y bloqueadas listas para convertirse en diputados. Pero sigo queriendo tener el poder de diferenciar tan claramente, y pasado el trance, no soy capaz. La duda es un estado complejo de sensaciones que te llevan a plantearte tantas cosas que echo mucho de menos estar en la otra orilla. En la de la verdad absoluta, o al menos eso es lo que intuyo cuando leo a tantos sentenciar tan categóricamente sobre lo que para mí está siendo una cuestión tan complicada. Duda. ¿Estaremos ante una verdad de la que no se pueda dudar? ¿No me habré dado cuenta? A veces acudo al diccionario, por vicio. Encuentro que la duda filosófica es una "suspensión voluntaria y transitoria del juicio para dar espacio y tiempo al espíritu a fin de que coordine todas sus ideas y todos sus conocimientos". Quizá es eso lo que necesite, tiempo. Lamentablemente buenos amigos míos no lo tenían ¿Podríamos haber tenido más tiempo? Quién lo sabe. Pero si de algo estoy seguro es de que lo necesitábamos. Quiero formar parte de un colectivo de personas que duden, aunque a mí, durante toda mi vida, me haya costado bastante. Quizá tenga que aprender. Necesitamos tiempo para el espíritu, sin pensar de forma egoista. La duda no es seguridad, y eso da miedo. La duda puede llevarte a tomar una decisión contra tu propio interés, porque de esa forma eres útil a un colectivo mayor. La duda es peligrosa. Por eso las dictaduras propician el pensamiento único. Buenos y malos. Traidores y leales. Vencedores y vencidos. Todo tan simple. Tan básico. Solo superando esas dinámicas tendremos futuro. Solo desde la duda llegaremos a alguna verdad que merezca la pena defender.

jueves, 6 de octubre de 2016

[DIRECTO] Joseph E. Stiglitz: Como la moneda comun amenaza el futuro de Europa

La Fundación "la Caixa" presenta un diálogo entre el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, Antoni Castells exconsejero de Economía y Finanzas de la Generalitat y catedrático de Hacienda Pública.  Joseph E. Stiglitz realizará un interesante análisis sobre si se puede salvar el euro, después de que la crisis del 2008 pusiera de manifiesto las deficiencias de la moneda. Stiglitz que ha recibido la Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001), es conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.  En 2000, Stiglitz fundó la Iniciativa para el diálogo político, un centro de estudios de desarrollo internacional con base en la Universidad de Columbia y desde 2005, dirige el Instituto Brooks para la Pobreza Mundial de la Universidad de Manchester. 

Comienza a las 19:00h del jueves 6 de octubre



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